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Sabores y tradición mazatleca: diablitos, tejuinos y ceviche con herencia familiar en Santa Teresa

“La Gaviota” es un emprendimiento familiar que combina la receta y sabor refrescante tradicional del tejuino con ceviches y diablitos. El trabajo en equipo y la perseverancia de Gabriela y su familia son la clave del éxito de su negocio con 5 años en el sector Urías de Mazatlán.

10 enero, 2026
Con su emprendimiento de diablitos, tejuinos y ceviches La Gaviota Gabriela y su familia llevan cinco años refrescando a los mazatlecos en el parque de Santa Teresa
Con su emprendimiento de diablitos, tejuinos y ceviches La Gaviota Gabriela y su familia llevan cinco años refrescando a los mazatlecos en el parque de Santa Teresa

El clima cálido de Mazatlán, incluso durante el invierno, fue el principal motivante para Gabriela Caperón Perales, cuando decidió empezar a vender “diablitos” en el Tianguis de Santa Teresa, en el sector Urías de la cuidad.

A cinco años de haber iniciado su emprendimiento junto con su marido, Saúl Sosa, Gabriela cuenta que el proceso ha sido de mucho trabajo en equipo, en el que sus hijos mayores también participan.

Antes de decidir vender diablitos Gabriela se dedicaba a vender verdura, principalmente aguacates en un triciclo por las calles de la colonia Flores Magón, donde vive con su familia.

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Era un buen negocio, pero muy pesado para hacerlo sola, pues su esposo trabajaba como trailero en esa época, la mayor parte del tiempo estaba fuera de casa y tenía que solventar gastos extraordinarios en sus constantes viajes.

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“Mi esposo era trailero, pero sus papás ya estaban grandes y su mamá se enfermó, yo le dije que ya no se fuera. Yo vendía aguacate y verdura andaba por las calles en un triciclo en la Flores Magón. El dinero no alcanzaba porque de lo que él ganaba también tenía que pagar gastos donde estaba”, explica.


En casa Gabriela y Saúl tenían un cuarto adaptado con aire acondicionado exclusivamente para almacenar los aguacates, la mercancía podía alcanzar hasta tonelada y media.

A ella le tocaba revisar caja por caja para escoger los aguacates, embolsarlos y salir a vender en su triciclo, por la mañana en las calles y algunos puntos fijos de la Flores Magón y por las tardes en Santa Teresa.

“Era muy pesado estar revisando caja por caja, pesar, embolsar e ir a vender. Yo sola hacía todo, vendía 250 bolsas en la mañana y otras 250 por la tarde, era mucho estrés por todas las cajas que tenía que revisar”, recuerda.


Aunque la venta de aguacates le permitía aportar al sustento familiar, Gabriela decidió un buen día cambiar de giro y empezar a vender “diablitos” un tipo de raspado con diferentes chilitos dulces y chamoy.

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Transformación y adaptación: un viaje emprendedor

La idea nació porque al estar vendiendo verdura el calor era agobiante para ella y notó que mucha gente busca en las calles algo refrescante, así que con una mesita y una hielera Gabriela inició el nuevo negocio.

Primero probó suerte cerca de casa, durante los días de Tianguis en la Flores Magón y posteriormente en Santa Teresa, en la esquina del parque ubicado en Avenida Munich y Avenida de los Reyes.

“Como hacía mucho calor le dije a mi esposo que iba a vender diablitos, yo ya tengo 7 años que me dedico a vender esto, empecé a vender en la Flores Magón, puse una carpa y una mesita y sí pegó el negocio, nada más tenía una hielerita, ponía javas volteadas para que se sentaran porque no tenía más que poner”, dice orgullosa.


Con el tiempo Gabriela decidió quedarse permanentemente en la esquina del parque de Santa Teresa, donde la clientela fue aumentando y pidiendo más variedad de productos.

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Orgullosa herencia familiar con la venta de tejuinos

Así empezó a vender también tejuinos, preparados con la receta de su papá que los ha vendido durante más de tres décadas en un triciclo por diferentes colonias del puerto.

“Mi papá tiene 36 años vendiendo tejuino, es vendedor ambulante, vende en un triciclo por la 20 de noviembre, Villa Galaxia, Zapata, de ahí nos mantuvo él desde chiquitos”


Tras poner en práctica la herencia de su papá, y ampliar su oferta con los diablitos y tejuinos, la gente pidió ceviche de sierra, luego Gabriela empezó a vender ceviche de cochito, de camarón, después elotes y cacahuatadas.

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Así nació su negocio “Diablitos, tejuinos y ceviches La Gaviota”

Saúl finalmente dejó el empleo como trailero y se quedó en Mazatlán, entre el emprendimiento y el cuidado de sus padres, la familia empezó una nueva dinámica.

Al principio con una sola mesita, luego con carpas que volaban con el viento y se deterioraban muy rápido con el sol, luego fueron mejorando la infraestructura para su negocio.

“Mi esposo me hizo una estructura de fierro porque sabe soldar y le pusimos una lona de tráiler más resistente, pero era armarla y desarmarla todos los días y cuando llovía me llegaba el agua hasta los tobillos, me mojaba todos los tenis. Entonces dije: voy a hacer una carreta, como un remolque y así fue”, asegura.


Publicidad de boca en boca

En cinco años el emprendimiento ha ganado clientela, al estar en uno de los accesos de Mazatlán desde el sur, mucha gente de la zona rural y otros municipios llega a comprar los deliciosos ceviches y refrescarse con un tradicional tejuino o un diablito.

“De todos lados vienen y nos buscan, viene gente de Concordia y Villa Unión, como estoy a la pasada llega gente y esa gente trae a otra, vienen personas que viven en el Cid y traen a estadounidenses a probar el tejuino, de boca en boca se hace la publicidad”, señala contenta.


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Al ser un emprendimiento meramente familiar, Gabriela, Saúl y sus hijos inician muy temprano la jornada para preparar todo lo necesario para el negocio, todos ayudan y luego cada quien sale a sus actividades diarias.

De las 11:00 am a las 8:00 pm Gabriela atiende la carreta, los muchachos van a la escuela, Saúl los lleva, los recoge y apoya a Gabriela en el negocio.

“Somos nada más mi esposo y yo los que trabajamos en el negocio, en la casa nos ayudan nuestros hijos de 15 y 13 años. Nos levantamos a las 4:00 am mi esposo va y compra verdura cuando llega los niños nos ayudan a picar la verdura y los cueritos, entre los cuatro preparamos todo y nosotros nos venimos para acá y los niños a la escuela”, explica.


Entre semana la venta es buena, pero los fines de semana es mejor, así la familia logra mantenerse con los ingresos que les genera este negocio que han construido con mucho esfuerzo y trabajo en equipo.

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La historia de “Diablitos, tejuinos y ceviches La Gaviota” no solo resalta la importancia de la innovación y la resiliencia, sino que también refleja el impacto positivo que un pequeño emprendimiento puede tener en la comunidad.

En un entorno donde el trabajo en equipo y la dedicación son esenciales, la familia Caperón Sosa es un ejemplo de cómo los sueños pueden materializarse a través del esfuerzo y la solidaridad.


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