Cuando las matemáticas unen: estudiantes crean club para aprender y compartir en el Cetis 107
Alejandro, Ian y Gabriel impulsan el Club de Matemáticas del Cetis 107, un espacio creado por estudiantes para fortalecer el pensamiento lógico, recuperar el gusto por aprender y acompañar a nuevos talentos


En un contexto educativo marcado por la prisa y los programas saturados, tres estudiantes del Cetis 107 decidieron ir a contracorriente. Alejandro, Ian y Gabriel, unidos por su afinidad con los números, crearon un Club de Matemáticas.
Se trata de un espacio pensado no solo para quienes “son buenos” en la materia, sino para quienes quieren entenderla, disfrutarla y perderle el miedo.

La idea no nació de la noche a la mañana. Surgió desde el primer semestre, entre conversaciones informales, explicaciones espontáneas a compañeros y una inquietud compartida: ¿cómo es posible que en una escuela reconocida por su nivel académico no existiera un club dedicado a las matemáticas?
Una vocación que viene de casa… y del aula
Para Alejandro, las matemáticas siempre fueron una forma de expresión. Desde niño resolvía rompecabezas y encontraba placer en observar patrones, inspirado por su abuelo, maestro de matemáticas.
Ian comparte un origen similar: creció rodeado de docentes y aprendió desde pequeño que multiplicar y dividir también podía ser un juego. Gabriel, por su parte, descubrió pronto su habilidad para explicar, ayudando a compañeros desde la primaria.
Esa combinación —gusto, habilidad y vocación por compartir— fue clave.
Con el acompañamiento de maestras como Diana y Ana Alejandra, los tres identificaron una necesidad real: muchos estudiantes se estaban quedando atrás o perdiendo el interés debido a la forma en que los contenidos se presentan. El club sería una respuesta, no una queja.

Un club hecho por estudiantes, para estudiantes
Aunque la idea nació cuando los estudiantes estaban en primer año, el Club de Matemáticas se consolidó hasta el segundo grado.
El inicio fue retador: organizar sesiones, explicar temas complejos y ganar la confianza de otros alumnos no era sencillo. Hubo tropiezos, pero también aprendizaje. Hoy, en tercer grado, el proyecto está más firme que nunca.
Cómo funciona el Club de Matemáticas:
- Actualmente, el club reúne entre 20 y 30 estudiantes de distintos grados.
- Se reúnen los sábados, de 12 a 2, dentro del programa de clubes sabatinos del Cetis.
- Las sesiones son dinámicas: se explica un tema, se resuelven problemas y los propios alumnos comparten sus razonamientos.
- Aquí no hay respuestas únicas, sino diálogo y contraste de ideas.
El club de matemáticas y su modelo tipo Montessori
El método que utilizan los alumnos del Cetis en el Club de Matemáticas se basa en el aprendizaje activo y lúdico, inspirado en enfoques pedagógicos que priorizan la experiencia sobre la memorización.
A través de juegos, dinámicas y retos mentales, los participantes resuelven problemas mientras interactúan, observan y explican sus propios razonamientos.
Esta metodología, cercana a planteamientos de autores como Jean Piaget y Lev Vygotsky, así como a modelos educativos tipo Montessori, busca fortalecer el pensamiento lógico y crítico al convertir el aprendizaje en una actividad concreta y participativa.
En lugar de recibir respuestas, los estudiantes construyen soluciones, aprenden jugando y comprenden que las matemáticas también se descubren en acción.
El objetivo va más allá del aula
Los fundadores del club buscan detectar talentos, fortalecer el pensamiento lógico y crítico, y ofrecer un espacio donde los estudiantes puedan “florecer”, incluso convertirse en futuros instructores del club.
También apuestan por lo digital: a través de redes sociales planean compartir contenidos y extender el aprendizaje más allá del salón. Los encuentras en Instagram con la cuenta: @clubmatematicas.oficial
Para Alejandro, Ian y Gabriel, el club les ha dejado algo claro: enseñar también es aprender. Y en ese intercambio, silencioso, pero poderoso, las matemáticas dejan de ser un obstáculo para convertirse en un punto de encuentro.
Porque cuando el conocimiento se comparte, se multiplica. Y aquí, al menos, las cuentas sí salen.













