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Carlos Loaiza: El Arte Urbano como expresión de vida y esperanza en Mazatlán

Desde sus primeros trazos en la infancia hasta el reconocimiento en galerías y el paisaje urbano de México y el extranjero, un viaje artístico inspirador. Lesor es un representante del arte mazatleco que lleva un mensaje positivo a la comunidad.

5 enero, 2026
Carlos Loaiza Lesor es un destacado representante del arte urbano mazatleco que lleva un mensaje positivo en cada obra que realiza en México y el extranjero
Carlos Loaiza Lesor es un destacado representante del arte urbano mazatleco que lleva un mensaje positivo en cada obra que realiza en México y el extranjero

El arte en el ADN de Carlos Loaiza se mostró desde muy pequeño. Sus primeros recuerdos de los dibujos que hacía se remontan al Jardín de Niños, cuando no se quería ir del salón hasta terminar lo que estaba dibujando.

Su mamá se sentaba a acompañarlo para que él pudiera finalizar sus dibujos con calma, sin salirse de la raya y cubriendo bien de color cada figura.

En la primaria Carlos descubrió que tenía habilidad para el arte, participaba en los concursos de dibujo de la escuela y le gustaba hojear los trabajos de dibujo técnico de su papá, donde admiraba la geometría y la perspectiva.

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“Siento que esa parte me despertó el gusto por el arte y me fue envolviendo, yo creo que ya está en tu ADN esa parte artística, creativa y puedes estar haciéndolo con gusto, sin que nadie te obligue”, asegura Carlos en entrevista con Tus Buenas Noticias.


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El impacto del grafiti en la identidad de un joven artista en Mazatlán.

La secundaria fue para Carlos un despertar a sus inquietudes artísticas, su entorno y lo que veía al salir de su casa en la Ampliación Lico Velarde en Mazatlán, lo llevó a iniciar una vida en el arte urbano.

“En la secundaria, en el 98-99, empezó el movimiento del grafiti muy fuerte en Mazatlán, todos tenían su grupo que representaba un barrio, una colonia, tenían su firma con la que se deban a conocer y se proyectaban”, explica.


De entre las tribus urbanas como los skateboards, los cholos, los punks, rockeros o los banderos; el movimiento del hip-hop, el rap y el grafiti, fue lo que estuvo cerca de Carlos.

“Cuando salía de mi casa veía en la pared el grafiti, en el barrio yo quería pasar y ver al que estaba pintando, me imaginaba ¿y si mi nombre estuviera ahí?”, dice con nostalgia.


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Su interés por el grafiti y sus habilidades artísticas lo llevaron a pertenecer a varios grupos, de diferentes zonas de Mazatlán, en donde Carlos era el creador de alfabetos completos con estilos diferentes y únicos que le daban el sello distintivo a su “crew”.

“En aquel tiempo se usó mucho el crear letras, así te dabas a conocer, por crear letras nuevas con trazos diferentes y yo dentro el ‘crew’ que estaba hacía todo un abecedario, se los daba a todos, cada uno formaba su nombre y ya había un estilo dentro del grupo”, señala.


Carlos estuvo en varios grupos como los SNA ‘Street New Art’, los HEM ‘Hechos en México’, los OGA ‘Only Ganga Art’, hasta que en su barrio empezó su propio movimiento.

“Entonces sacamos el nombre DUEK que quería decir Decoramos un Estado Criminal, ahí empecé a buscar espacios para nombre del barrio, con colores y nuestro estilo que empezó a destacar”.


En un principio Carlos hacía los grafitis en espacios no permitidos y aunque esto le generaba una adrenalina especial, le dio reconocimiento en las calles y entre los grupos, pronto se presentó la oportunidad de llevar su arte por otro camino.

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De las calles a las galerías: cómo Carlos transforma su entorno a través del arte

El grafiti se volvió un movimiento tan representativo que la sociedad, autoridades e instituciones empezaron a abrir espacios para que los jóvenes se expresaran libremente.

Al entrar a la preparatoria Rosales de la UAS, Carlos tuvo la oportunidad de participar en concursos de grafiti y empezó a gestionar espacios para pintar con el permiso de los dueños de los muros que le llamaban la atención.

“Hubo un muro por el Fovissste, cerca de donde yo había estudiado, que era muy grande fue el primer grafiti que impactó y que detonó que me reconocieran, decía ‘DUEK estamos presentes’ y un personaje con gorra y un aerosol”.


Así se empezó a combatir en Mazatlán el grafiti de letras con arte urbano de un grafiti más artístico en los muros de la ciudad.

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En la preparatoria Carlos ganó el segundo lugar en un concurso de dibujo con una imagen hecha a lápiz de un joven sentado en el piso con la vestimenta que todos usaban en la época titulada “Imagen universitaria”.

“Descubrí otro mundo, ya no vi un grafiti en un muro, sino mi dibujo en un cuadro en una galería, me dieron un premio y empecé a conocer otro tipo de expresiones y a otros artistas”.


Motivado por estas nuevas experiencias estudió la licenciatura en Diseño Gráfico donde el arte y el grafiti lo acompañaron, pero adquirió muchos otros conocimientos que despertaron en él la idea de exponer su trabajo como artista.

“Nos llevaron a una exposición en el Museo de Arte y captó de una manera poderosa mi atención. Dije, yo quiero exponer aquí mis cuadros, pero qué voy a pintar y ahí empecé a profundizar en qué quería decir con mi arte”.


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Carlos fue a pedir un espacio al Museo de Arte de Mazatlán y al no tener una obra para exponer, le dieron fecha para un año después, así, el joven empezó a pintar con el objetivo claro y la creatividad al tope.

En unos días hizo siete cuadros de arte abstracto, Carlos buscaba pintar lo que vivía en el momento, pero en su entorno no había cosas muy positivas, sin embargo, en ese lapso tuvo un acercamiento con Dios y todo cambió.

“Toda esa serie de obras hablaba de lo que estaba viviendo y había cosas que no me gustaban, pero tenía que decirlo porque era lo real”, dice Carlos.


Al paso de un año Carlos realizó su primera exposición llamada “Eco” en el Museo de Arte de Mazatlán. El mensaje era un reflejo del cambio que se estaba presentando en su vida personal y espiritual.

“Yo lo interpreté como cuando hay un grito y el eco se va perdiendo, entonces cosas que no me agradaban de mi vida era como si yo diera ese grito y se perdieron, se fueron como el eco”, explica el artista.


A partir de ahí Carlos decidió que su arte sería diferente, que tendría vida a través de un mensaje positivo y con valores no solo para él sino para quienes lo pudieran ver.

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"Lesor": un seudónimo que simboliza libertad y fe en el proceso creativo

De su primera exposición a la fecha Carlos ha expuesto sus obras en galerías muchas veces, sin embargo, su inquietud por ver su arte en las calles siguió presente y a lo largo de estos años ha encontrado en su camino oportunidades y personas que le han permitido hacerlo.

Aunque la vida también lo ha llevado a trabajar en empresas importantes, agencias de publicidad y hasta en universidades, que lo llevaron a estar lejos de los muros durante 5 años, el gusto por el arte no ha cesado.

Después de esa ausencia, Carlos regresó decidido a llevar su mensaje a todos los jóvenes con un seudónimo que expresa lo que siente al crear su arte “Lesor” significa Libre Edificado Sobre la Roca.

“El arte es libertad total y la roca para mí es Cristo, porque es Dios quien he estado en todo mi proceso y me ha ayudado a lograr lo que he logrado”, asegura.


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Su regreso a través de una exposición en la sala Antonio López Sáenz del Museo de Arte significó también su regreso a pintar muros de la ciudad con mensaje positivo, en busca de vivir del arte y no dejarlo nunca más.

Así llegaron nuevas oportunidades, la primera con Venados de Mazatlán para pintar sus tiendas con arte urbano y lo que mostraba en sus redes sociales llamó la atención de personas de otras ciudades.

Ha pintado murales en Ciudad Juárez, Cancún, Monterrey, Guadalajara, CDMX y Tijuana, participó en la pintura de monigotes y carros alegóricos del Carnaval de Mazatlán y luego se fue hasta Estados Unidos, hizo una exhibición en vivo en Austin Texas y luego pintó en California.

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Su trabajo fue seleccionado para trabajar con Adidas pintando canchas de basquetbol en Mazatlán y Guadalajara, además pintó los murales de los Senderos de Paz en el puerto.

“El sueño se ha hecho realidad, a mis 18 años yo decía ‘qué padre que me pagaran por dibujar’, ahora gracias a Dios lo estoy viviendo y creo que ha llegado a darse el reconocimiento y a impactar a las personas con el arte y el mensaje”, dice Lesor con orgullo.


El viaje artístico de Carlos Loaiza, desde su infancia hasta convertirse en un referente del arte urbano, es un testimonio inspirador de cómo la pasión y la perseverancia pueden transformar vidas.

Su evolución, marcada por la búsqueda de un mensaje positivo y el deseo de conectar con su comunidad, resalta la importancia del arte como un medio de expresión y cambio.

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Al volver a las calles con su seudónimo "Lesor", Carlos reafirma su compromiso de crear obras que no solo embellecen el entorno, sino que también inspiran y motivan a quienes las contemplan.

Su historia es un llamado a valorar y apoyar a los artistas locales, quienes, con su talento, enriquecen la cultura y el espíritu de nuestra sociedad.

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