Doña Irma: el corazón y el alma de 'Tacos los Parados' en Urías
La historia de una familia emprendedora que ha sabido adaptarse y superar los retos fortaleciendo a su comunidad. Con sus pollos y carne asada “Los a parados” son ya una tradición en el sector Urías de Mazatlán.


Irma Celia Sánchez Velarde y su esposo Ismael Tejeda Rivera son la raíz de una familia fundadora de Urías. Cuando ellos llegaron a vivir al sector unas cuantas familias habitaban en una sola calle de terracería, todos de conocían y juntos fueron fortaleciendo y haciendo crecer su comunidad.
Doña Irma cuenta que ella y su “viejo” como le llama a Ismael, se casaron en 1977 y casi de inmediato empezaron a trabajar juntos en un negocio de comida a la plaza que les traspasaron sobre la calle Tráfico.
“Cuando nos casamos me pasaron un puestecito de comida y como no estudiamos empezamos a trabajar el negocio y nos fue bien, era de comida a la plaza”, explica.
Al poco tiempo el matrimonio empezó a tener familia y también a buscar otras opciones para emprender, pues la comida a la plaza dejó de ser un buen negocio para ellos.
Así que decidieron montar, en el mismo local, una taquería. Juntos vendían tacos de carne asada por las noches, su negocio se llamaba “Tacos los parados”. 
Un tiempo continuaron en ese lugar, hasta que les pidieron el local. Luego decidieron comprar un terreno muy cerca, sobre la misma calle Tráfico donde construyeron primero un tejaban y siguieron con su negocio.
“Me pidieron el localito y el dueño de aquí me pasó este solar, hicimos un tejabán y empezamos a vender tacos. Nosotros vivíamos aquí mismo en Urías, pero para el lado de las vías, vendí la casa y lo que me dieron lo invertí para construir aquí y ya nos venimos para acá con el negocio y la familia”, recuerda.
Irma e Ismael tuvieron cuatro hijos, tres niñas y un niño, que desde pequeños aprendieron a ayudar a sus padres en lo que podían en el negocio. Así durante 30 años los “Tacos Parados” ganaron fama en Urías y fueron el sustento de la familia.
“Tenía mucha fama mi viejo de taquero decían que estaban muy buenos sus tacos, desde que nos traspasaron el primer negocio estaba registrado como ‘Taquería los parados’ y así se quedó todos decían vamos a ‘los parados’, mi primera niña tenía dos o tres años cuando empezamos”, dice Irma con nostalgia.
Después de 3 décadas atendiendo y administrando la taquería, el matrimonio decidió dar un giro a su negocio, pues las ventas dejaron de ser buenas y sentían la necesidad de dejar el trabajo de noche.
“Nos hicimos grandes mi viejo y yo, vendimos tacos alrededor de 30 años, cuando ya no se vendía mucho nos cambiamos a vender pollos de día y pegó el negocio de eso ya hace 18 años”, asegura.

Creciendo juntos: la enseñanza de Irma a sus hijas
Con este nuevo giro la dinámica familiar también cambió. Dos de las hijas de Irma e Ismael se quedaron apoyando a su mamá en la venta de pollos y carne asada en su misma casa, en la calle Tráfico.
Irma y Berenice son quienes atienden desde entonces el emprendimiento, los otros dos hijos del matrimonio ejercen sus carreras fuera del negocio familiar.
Ismael dejó de trabajar por complicaciones de salud, así que Irma y sus hijas se hacen cargo de todo lo necesario para sacar adelante el sustento de las tres familias.
“Mi viejo está amputado de un pie y de aquí nos mantenemos tres familias, nosotros y mis dos hijas. Irma y Berenice se turnan, una trabaja entre semana y la otra los fines de semana. Yo no batallo con ellas estamos bien acopladas como desde chiquitas estuvieron aquí conmigo ellas saben del negocio”, dice Irma orgullosa.
Doña Irma se mantiene activa, desde muy temprano se levanta para limpiar el espacio donde sus hijas preparan y venden los pollos y carne asada. 
“Cuando ellas llegan ya les tengo preparado el tomate cocido y lo que yo pueda, les tengo lavadas las parrillas, barridito y trapeadito. Ellas llegan y le siguen con lo demás, yo me meto a la cocina y les preparo sopa fría, frijoles puercos y les envaso aguas de tamarindo, jamaica, nanchi, limón, todo eso vendemos”, explica.
Entre semana la venta es regular y los fines de semana mejora, entre sábado y domingo se llegan a vender hasta cien pollos, gracias a que la clientela de Urías y los pueblos cercanos es fiel a “Los parados”.
“Vienen muchas personas de otros lados, no llega mucho turismo por lo que está pasando, pero me compra mucha gente de los pueblos, El Recodo, Veranos, Isla de la Piedra, Villa Unión, A pesar de la violencia no nos ha ido mal, pero queremos que cambien las cosas que se aplaque todo lo que está pasando”, asegura.
Doña Irma platica con orgullo que muchos de sus clientes de Urías son de varias generaciones, pues llegan a comprar quienes iban de niños con sus papás y ahora ya están casados y tienen hijos.
“No me quejo, siempre me va bien porque tengo mucha clientela me conoce todo Urías”, dice con una sonrisa.

Un viaje familiar: de tacos a pollos, el emprendimiento de una vida
El emprendimiento familiar no solo ha permitido que Irma, Ismael y sus hijos tengan un sustento durante casi 50 años, el trabajo en equipo y la solidaridad que han construido los une aún más en situaciones complicadas.
“Nos ayudamos entre todos. A mi viejo lo operaron y entre los cuatro muchachos sacaron un préstamo y lo pagaron, lo habían operado de sus ojos, luego del pie y de la próstata, tiene diabetes y mis hijos pagan el médico particular, ahorita está muy bien gracias a Dios”, dice Irma esperanzada.
Los hijos del matrimonio hacen todo lo necesario para apoyar a sus padres y atender las situaciones de salud, mientras Irma continúa siendo el pilar del negocio y la unión familiar.
“Mis hijos lo quieren mucho porque es buen padre, siempre trabajó para ellos y lo que ganaba fue para ellos, siempre estuvo en la casa presente, por eso ellos aportan para su salud”.

“Los parados” en la calle Tráfico #41 de la colonia Urías son una tradición, desde la comida de plaza, los tacos, pollos o carne asada, este emprendimiento es entrañable en el sector y un ejemplo de unión y esfuerzo de una familia mazatleca.
Hoy, mientras Irma y sus hijas continúan con su legado, su negocio se erige como un símbolo de esperanza. La lealtad de sus clientes, que trasciende generaciones, refleja el impacto que una familia unida puede tener en su comunidad.
El ejemplo de "Los Parados" nos recuerda que, con esfuerzo y amor, se pueden construir no solo negocios, sino también familias y comunidades resilientes. En Mazatlán están bien parados, son un símbolo de identidad culinaria.









