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Profe Santi: el entrenador de futbol que convirtió una cancha de tierra en fábrica de sueños en la Lombardo

La historia del profesor Santos Rodríguez, fundador del Centro de Barrio y del Club de Futbol Lombardo, revela cómo el deporte puede transformar infancias, fortalecer liderazgos comunitarios y abrir rutas reales hacia un futuro digno

5 enero, 2026
El Centro de Barrio Lombardo es un referente donde el balón habla de aspiraciones. Donde los niños aprenden que perder no es fracasar, que la disciplina duele, pero construye, y que el origen humilde no limita el destino. | Imágenes de Lino Ceballos
El Centro de Barrio Lombardo es un referente donde el balón habla de aspiraciones. Donde los niños aprenden que perder no es fracasar, que la disciplina duele, pero construye, y que el origen humilde no limita el destino. | Imágenes de Lino Ceballos

En la colonia Lombardo Toledano, al norte de Culiacán, existe un lugar donde las derrotas enseñan, las victorias abrazan y el esfuerzo diario sabe a promesa cumplida. 

Ese lugar se llama Centro de Barrio, y allí nació el Club de Futbol Lombardo, obra de un hombre que decidió no mirar desde lejos las carencias de su entorno: el profesor Santos de Jesús Rodríguez, conocido por todos como el profe Santi.

Desde una cancha de tierra hasta un modelo de formación reconocido, la historia del profe Santi demuestra que cuando se decide creer en su colonia, la colonia aprende a creer en sí misma.
Desde una cancha de tierra hasta un modelo de formación reconocido, la historia del profe Santi demuestra que cuando se decide creer en su colonia, la colonia aprende a creer en sí misma.
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Con 49 años y casi cuatro décadas conectado al balón, Santi se ha vuelto referente de formación deportiva y social. Su club no solo compite: acompaña, educa y crea comunidad.


En sus palabras, lo más valioso no es levantar copas, sino ver a un niño regresar años después convertido en ciudadano íntegro, dispuesto a estrechar la mano que lo guio.

Lo extraordinario es que esta historia no arrancó en un gran estadio, sino en una cancha de tierra. Y con un adolescente de 14 años dispuesto a juntar jugadores sin imaginar que estaba fundando una tradición.

De la tierra al césped: la primera victoria fue creer

Santi creció entre limitaciones económicas y sueños futboleros. Desde muy joven destacó como jugador, pero enfrentó la realidad de una infancia donde entrenar era un lujo. Quizá por eso entendió desde temprano la importancia de abrir puertas a otros.

Un vecino le pidió reunir niños para formar un equipo infantil. Santi aceptó. Juntó futbolistas, tocó puertas, animó a los plebes. El día de la selección ocurrió algo impensado: el equipo armado por él terminó ganando el juego preparatorio. Sin embargo, solo dos niños fueron aceptados en aquel proyecto.

Los demás, tristes, se acercaron a Santi y lo retaron a soñar: “¿Por qué tú no haces el equipo?”


Tenía 14 años. Sin experiencia técnica, sin uniforme, sin cancha propia… pero con liderazgo. Con ayuda de un papá consiguieron patrocinio de una cremería del barrio, y en 1992 nació algo que nunca volvió a detenerse: un proyecto comunitario que pronto sería identidad.

Lo que siguió fue crecimiento y aprendizaje. Santi dejó las canchas como jugador para entrenar a los niños. Aprendió a dirigir copiando a los entrenadores que admiraba. Y más tarde, entendió la clave que lo cambiaría todo: capacitarse.

En 2004 llegó la fiebre del Club Dorados de Sinaloa. Con ella, cursos de formación para entrenadores. Santi se inscribió y salió renovado. Hoy analiza el recorrido y divide su vida en dos etapas: antes de profesionalizarse, y después. Su enfoque dejó de ser solo pasión y pasó a ser método.

Un Centro de Barrio que transformó a la colonia

Cuando la administración municipal convirtió la cancha de Lombardo Toledano en Centro de Barrio, todo tomó un impulso definitivo. De tierra pasó a pasto, luego a pasto sintético. 

Ese cambio físico se volvió símbolo emocional: la colonia ganó dignidad, espacio seguro y rumbo. El club, también. Ya no era solo un equipo: era semillero. Llegaron entrenadores preparados, categorías completas, formación integral, y pronto resultados nacionales.

La receta que propone es clara: capacitación, visión formativa, trabajo con valores y un sistema de acompañamiento psicológico para niños y niñas. Aquí se observa al profesor Santi con el cuerpo de entrenadores del Club.
La receta que propone es clara: capacitación, visión formativa, trabajo con valores y un sistema de acompañamiento psicológico para niños y niñas. Aquí se observa al profesor Santi con el cuerpo de entrenadores del Club.

Algunos equipos del club Lombardo alcanzaron torneos como Copa Chivas, representaron al estado en campeonatos y enviaron jugadores juveniles a estructuras profesionales. La meta ahora se mueve más lejos: esperan algún día mandar un futbolista desde esta colonia hasta Europa.

Profe Santi lo dice sin rodeos: “El esfuerzo no es negociable… y como entrenas juegas”.


Es una filosofía que corre como sangre por las venas deportivas de Lombardo.

La verdadera medalla está en la calle

Aunque el club vive de logros deportivos, su mayor orgullo está en el tejido humano. Muchos jugadores becados han terminado sus estudios y hoy trabajan, son padres responsables, profesionistas, vecinos ejemplares.

Algunos niños que llegaron entre riesgos sociales fueron rescatados del consumo de sustancias y transformaron su vida con disciplina y balón.

Santi recuerda con dolor a jóvenes que el club no logró retener y que la violencia arrebató. Pero también sonríe al hablar de quienes regresan, ya adultos, a darle un abrazo en la calle. Para él, ese gesto vale más que cualquier copa.

Su filosofía es simple, pero poderosa: formar personas antes que futbolistas; hacer equipo con las familias y educar con valores (respeto, cooperación, identidad y humildad).


El club no opera pensando solo en cuotas. Mantiene becas deportivas y realiza alianzas para que nadie se quede fuera por falta de recursos.

Identidad, disciplina y orgullo de barrio

El Lombardo no presume contratos exclusivos, ni bloquea oportunidades como hacen algunas academias. Si otro club solicita jugadores, los deja ir. Santi quiere que brillen, no que acumulen medallas solo para su vitrina.

Por eso nunca han querido afiliarse a una sola institución profesional: prefieren mantener un modelo comunitario flexible que abra puertas.

Hay historias que iluminan esa visión. El caso de Jordan Carrillo, hoy futbolista profesional, es inspiración permanente para los niños: ejemplo vivo de que Lombardo es punto de partida, no frontera.

También destaca el legado familiar. Su hijo Diego Armando es entrenador profesional y presidente del club. Su otro hijo, Santiago, es jugador. Y su esposa, Janeth, ha sido ese equilibrio silencioso que sostiene el proyecto.

El profe Santi resume su vida en una palabra: “vida”. Y así ha sido: fútbol como respiro, comunidad como motor, barrio como casa.

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