Justino Márquez: cuatro décadas reparando zapatos e historias en Culiacán
Justino Márquez lleva más de 40 años reparando calzado en la colonia Lombardo Toledano, en Culiacán. Su taller es memoria, oficio y comunidad: una historia de trabajo que sigue caminando junto al barrio


En la colonia Lombardo Toledano, por la avenida Álvaro Obregón, frente a la Primaria Lázaro Cárdenas, trabaja un hombre que ha visto pasar el tiempo entre suelas, hilos y hormas.
Su nombre es Justino Márquez, zapatero de oficio desde hace poco más de 40 años, un vecino cuya historia está entretejida con el crecimiento del barrio y la vida de miles de personas que han confiado en sus manos el calzado con el que recorren su propio camino.

Originario de Guadalajara, Justino llegó primero a Los Mochis, donde aprendió desde niño a fabricar huaraches junto a su padre.
Tenía apenas 12 años cuando comenzó a observar y practicar el oficio familiar, fabricando calzado de vaqueta para mujeres, hombres y niños.
Aquellos aprendizajes tempranos marcaron su destino sin que él lo supiera.
Entre huaraches y desafíos: un oficio que se transforma
Al inicio, Justino se dedicó por completo a la fabricación artesanal de huaraches. Sin embargo, con la llegada de productos industriales, especialmente calzado de plástico importado, la demanda se desplomó. Fue entonces cuando decidió aprender y enfocarse en la reparación.
Ese giro fue clave para sostener su trabajo. Hoy, a los 65 años, Justino se especializa en arreglar zapatos escolares, zapatillas, botas y tenis, además de sumarse al auge reciente del servicio de limpieza de calzado deportivo.
Mantenerse vigente no ha sido sencillo. La violencia en Culiacán ha afectado la movilidad de vecinos y disminuido la clientela. Aun así, Justino considera que siempre ha tenido trabajo suficiente y que el barrio lo sigue apoyando.
En palabras del zapatero, su mayor satisfacción es clara: “De aquí salió para hacer esta casa y sacar adelante a mi familia”, comparte para Tus Buenas Noticias.
Un taller que también es hogar y memoria
Justino vive desde hace 45 años en la Lombardo Toledano. Primero trabajó 12 años rentando un local en la colonia Nuevo Culiacán, hasta que regresó a instalarse definitivamente en su casa, donde hoy abre su taller de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 7 de la tarde.
Sus clientes llegan de distintas colonias: Loma de Rodriguera, Santa Fe y otras zonas aledañas. Muchos regresan desde hace años, fieles a su trabajo minucioso y a la confianza que sienten por él.
Aunque su papá ya falleció y ninguno de sus tres hijos continuó el oficio, Justino no lo lamenta. Para él, el taller le dio todo lo que necesitaba: estabilidad, independencia y tranquilidad.
“Me levanto y estoy a gusto. Toda mi vida ha sido esto”, resume con orgullo.
Identidad, trabajo y futuro
La historia de Justino Márquez es la de muchos oficios que se resisten a desaparecer frente al comercio masivo. Su taller representa esfuerzo, arraigo y servicio comunitario.
Cada zapato reparado devuelve comodidad. Cada cliente que vuelve reafirma confianza. Y cada día que abre el local es testimonio de un oficio que camina, paso a paso, junto con la comunidad que ayudó a construir.
En la Lombardo Toledano, mientras la ciudad cambia y el tiempo avanza, la silueta de Justino sigue firme frente a su mesa de trabajo, recordando que hay profesiones que no envejecen: simplemente continúan andando.




















