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Justino Márquez: cuatro décadas reparando zapatos e historias en Culiacán

Justino Márquez lleva más de 40 años reparando calzado en la colonia Lombardo Toledano, en Culiacán. Su taller es memoria, oficio y comunidad: una historia de trabajo que sigue caminando junto al barrio

4 enero, 2026
Desde su taller frente a la Primaria Lázaro Cárdenas, Justino Márquez mantiene vivo el oficio de reparación de calzado desde hace más de 40 años, sosteniendo con su trabajo a su familia y a la comunidad de Lombardo Toledano. | Imágenes de Francisco Castro
Desde su taller frente a la Primaria Lázaro Cárdenas, Justino Márquez mantiene vivo el oficio de reparación de calzado desde hace más de 40 años, sosteniendo con su trabajo a su familia y a la comunidad de Lombardo Toledano. | Imágenes de Francisco Castro

En la colonia Lombardo Toledano, por la avenida Álvaro Obregón, frente a la Primaria Lázaro Cárdenas, trabaja un hombre que ha visto pasar el tiempo entre suelas, hilos y hormas.

Su nombre es Justino Márquez, zapatero de oficio desde hace poco más de 40 años, un vecino cuya historia está entretejida con el crecimiento del barrio y la vida de miles de personas que han confiado en sus manos el calzado con el que recorren su propio camino.

Desde la Lombardo Toledano, Justino Márquez ha dedicado cuatro décadas al oficio de zapatero. Entre suelas e historias, su taller resiste al tiempo, al cambio y a la ciudad, sosteniendo pasos y confianza comunitaria.
Desde la Lombardo Toledano, Justino Márquez ha dedicado cuatro décadas al oficio de zapatero. Entre suelas e historias, su taller resiste al tiempo, al cambio y a la ciudad, sosteniendo pasos y confianza comunitaria.
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Originario de Guadalajara, Justino llegó primero a Los Mochis, donde aprendió desde niño a fabricar huaraches junto a su padre.

Tenía apenas 12 años cuando comenzó a observar y practicar el oficio familiar, fabricando calzado de vaqueta para mujeres, hombres y niños.


Aquellos aprendizajes tempranos marcaron su destino sin que él lo supiera.

Entre huaraches y desafíos: un oficio que se transforma

Al inicio, Justino se dedicó por completo a la fabricación artesanal de huaraches. Sin embargo, con la llegada de productos industriales, especialmente calzado de plástico importado, la demanda se desplomó. Fue entonces cuando decidió aprender y enfocarse en la reparación.

Ese giro fue clave para sostener su trabajo. Hoy, a los 65 años, Justino se especializa en arreglar zapatos escolares, zapatillas, botas y tenis, además de sumarse al auge reciente del servicio de limpieza de calzado deportivo.

Mantenerse vigente no ha sido sencillo. La violencia en Culiacán ha afectado la movilidad de vecinos y disminuido la clientela. Aun así, Justino considera que siempre ha tenido trabajo suficiente y que el barrio lo sigue apoyando.

En palabras del zapatero, su mayor satisfacción es clara: “De aquí salió para hacer esta casa y sacar adelante a mi familia”, comparte para Tus Buenas Noticias.


Un taller que también es hogar y memoria

Justino vive desde hace 45 años en la Lombardo Toledano. Primero trabajó 12 años rentando un local en la colonia Nuevo Culiacán, hasta que regresó a instalarse definitivamente en su casa, donde hoy abre su taller de lunes a sábado, de 8 de la mañana a 7 de la tarde.

Sus clientes llegan de distintas colonias: Loma de Rodriguera, Santa Fe y otras zonas aledañas. Muchos regresan desde hace años, fieles a su trabajo minucioso y a la confianza que sienten por él.

Aunque su papá ya falleció y ninguno de sus tres hijos continuó el oficio, Justino no lo lamenta. Para él, el taller le dio todo lo que necesitaba: estabilidad, independencia y tranquilidad.

“Me levanto y estoy a gusto. Toda mi vida ha sido esto”, resume con orgullo.


Identidad, trabajo y futuro

La historia de Justino Márquez es la de muchos oficios que se resisten a desaparecer frente al comercio masivo. Su taller representa esfuerzo, arraigo y servicio comunitario.

Cada zapato reparado devuelve comodidad. Cada cliente que vuelve reafirma confianza. Y cada día que abre el local es testimonio de un oficio que camina, paso a paso, junto con la comunidad que ayudó a construir.

En la Lombardo Toledano, mientras la ciudad cambia y el tiempo avanza, la silueta de Justino sigue firme frente a su mesa de trabajo, recordando que hay profesiones que no envejecen: simplemente continúan andando.




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