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Aquí se escribió la historia y hoy se enseña la ley. La casona que da identidad a la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa

Sobre la emblemática calle Rosales, un edificio del siglo XIX ha sido hogar de gobernadores, decisiones clave para Sinaloa y, desde hace más de cinco décadas, semillero de abogados. Su arquitectura colonial y su memoria viva lo convierten en uno de los mayores orgullos del Centro Histórico de Culiacán.

5 enero, 2026
Actualmente, este edificio alberga la sede la Escuela Libre de Derecho. Anteriormente fue sede oficial del Estado. Fotos: Lino Ceballos.
Actualmente, este edificio alberga la sede la Escuela Libre de Derecho. Anteriormente fue sede oficial del Estado. Fotos: Lino Ceballos.

Caminar por la calle Antonio Rosales, entre José María Morelos y Domingo Rubí, es recorrer uno de los corredores mejor conservados del Centro Histórico de Culiacán. Ahí, a unas cuadras de la Catedral, se levanta una casona que no pasa desapercibida.

Su fachada sobria, elegante y llena de carácter parece observar el ir y venir de la ciudad con la serenidad de quien ha visto pasar generaciones enteras.

Hoy alberga a la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa, pero su historia comenzó mucho antes de que las leyes se enseñaran entre sus muros.

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La historia de la antigua casona

Construida en la primera mitad del siglo XIX, este inmueble funcionó como residencia de gobierno y otras sedes oficiales. Fotos: Lino Ceballos.
Construida en la primera mitad del siglo XIX, este inmueble funcionó como residencia de gobierno y otras sedes oficiales. Fotos: Lino Ceballos.

Construido en la primera mitad del siglo XIX, este inmueble fue pensado originalmente como una residencia habitacional. Sin embargo, su ubicación estratégica, justo frente a lo que durante años fue el Palacio de Gobierno de Sinaloa, le dio un papel protagónico en la vida política del estado.

La casona se convirtió en Residencia Oficial y fue hogar de varios gobernadores que marcaron época.

Entre sus muros vivieron figuras clave del porfiriato como Joaquín Redo y Francisco Cañedo, así como los generales Ramón F. Iturbe y Pablo Macías Valenzuela, este último recordado como el último gobernador que habitó la casona.

Desde sus habitaciones y corredores se tomaron decisiones que influyeron en el rumbo político y social de Sinaloa, cuando el poder se ejercía a unos cuantos pasos de la vida cotidiana del Centro.

La transformación de la sede

El gran edificio se mantiene en pie, hoy, alberga las instalaciones de la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa. Foto: Lino Ceballos.
El gran edificio se mantiene en pie, hoy, alberga las instalaciones de la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa. Foto: Lino Ceballos.

Con el paso del tiempo, el edificio siguió transformándose junto con la ciudad. Fue sede de la Procuraduría General de Justicia del Estado, albergó a la Policía Judicial y más adelante funcionó como Centro de Idiomas de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Incluso, en algún momento, sus espacios dieron lugar a un comercio de papelería y útiles escolares, reflejo de una etapa más cotidiana, pero igual de viva.

El año 1972 marcó un nuevo capítulo en su historia. Gracias al impulso de un grupo de apasionados de la enseñanza jurídica, la antigua residencia oficial dejó atrás su pasado administrativo para convertirse en un espacio dedicado al conocimiento y la formación profesional.

Desde entonces, la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa encontró en esta casona su hogar definitivo.

Lejos de perder su esencia, el edificio se adaptó a su nueva vocación. Sus dos amplios patios interiores, los corredores generosos y la estructura típica de la arquitectura colonial sinaloense se mantienen como testigos silenciosos del paso del tiempo.

En los patios, dos grandes mangos siguen regalando sombra y fruto, creando un ambiente muy sinaloense, familiar y acogedor, donde estudiantes y maestros conviven todos los días.

A lo largo de los años, rectores y directivos de la Escuela Libre de Derecho de Sinaloa han asumido el compromiso de cuidar y restaurar el inmueble. Cada trabajo de mantenimiento ha buscado devolverle vida a la casona sin borrar su historia, respetando su carácter y su valor patrimonial.

Un espacio renovado

En el acceso principal se encuentra un fresco que da la bienvenida a los estudiantes y visitantes. Foto: Lino Ceballos.
En el acceso principal se encuentra un fresco que da la bienvenida a los estudiantes y visitantes. Foto: Lino Ceballos.

Hoy, la fachada luce renovada y los interiores combinan funcionalidad con memoria. No es solo un edificio donde se imparten clases: es un espacio que conecta el pasado con el presente, donde la historia del poder se transformó en historia de aprendizaje.

Para quienes estudian, enseñan o simplemente caminan frente a ella, esta casona es mucho más que un inmueble antiguo.

Es un símbolo del Centro de Culiacán, un recordatorio de que los espacios también educan y de que la identidad de una ciudad se construye cuidando su historia. Porque aquí, donde antes se gobernó Sinaloa, hoy se forman quienes defienden la ley y la justicia.

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