"Juanito de las Aguas" lleva 50 años de trabajo y sabor en Culiacán
Desde los 13 años, don José Juan Fragosa Corrales ha refrescado a generaciones enteras en el centro de Culiacán.

Cada mañana, cuando el sol apenas empieza a calentar Culiacán, don José Juan Fragosa Corrales ya está en pie.
A sus 63 años, llega puntual a su puesto frente a Catedral, ese lugar donde ha pasado casi toda su vida sirviendo aguas de sabor y fruta natural con la misma sonrisa con la que empezó cuando apenas era un niño.
“Soy comerciante desde 1978, pero vendo desde antes. Empecé a los 13 años ayudándole a mi papá”, recuerda con orgullo.
Su padre, don Juan Fragosa, fue quien le enseñó el oficio y el valor de la palabra. “De él aprendí que el trabajo honrado es el que más rinde. Por eso aquí sigo, firme, sin faltarle al puesto”, dice para Tus Buenas Noticias.
Un comerciante emblemático en el Centro

Conocido cariñosamente como “Juanito de las Aguas”, este hombre sencillo se ha convertido en parte del paisaje del centro histórico. La gente lo busca por su trato amable, por la limpieza con la que trabaja y por los sabores que evocan la infancia: limón, piña, jamaica y cebada.
“Ahorita tengo de jamaica y cebada, pero ya voy a preparar piña y limón, que es la favorita. La gente me busca por la antigüedad, porque saben que todo es del día y bien hecho”, reconoce.
Su jornada empieza a las 6 de la mañana en el Mercado de Abastos, donde compra la fruta más fresca.
Luego prepara una parte en su casa, en la colonia Independencia, y el resto lo termina ahí, bajo la sombra de su sombrilla y con su inseparable franelita en la mano.
“Aquí siempre está limpio. Mi esposa Carolina me ayuda, llega más tarde, y entre los dos sacamos el día”, dice.
El legado de honestidad y trabajo

Aunque la vida del comerciante no tiene descanso ni aguinaldos, don Juanito no se queja.
“Soy feliz, hija. Me ha ido bien. Con este trabajo saqué adelante a mis tres hijos y ahora disfruto de mis nietos. Uno quiere ser doctor, la otra quiere ser química. No quise que se metieran al comercio, quiero que tengan su descanso, su sueldo fijo. Aquí uno trabaja todos los días, pero lo hace con gusto”, dice con una sonrisa de satisfacción.
Su historia es también un ejemplo de honestidad y principios. Nunca vende lo que no esté en buen estado. “Si sobra agua, la tiramos. No sirve para mañana. No hay que dañar al prójimo. Por eso me ha ido bien, porque siempre he sido derecho en la vida”.
De su voz se desprende la serenidad de quien ha aprendido a vivir con gratitud. “Yo nací afortunado. Por donde quiera que anduve, encontré fortuna. El secreto está en la buena conducta. Ese es el verdadero triunfo de la vida”, dice.
Impacto de Juanito de las Aguas en la comunidad de Culiacán

Al caer la tarde, cuando el bullicio del centro empieza a calmarse, don Juanito guarda su puesto con la misma calma con la que lo montó por la mañana. Sabe que mañana volverá a empezar, porque la vida del comerciante no se detiene, pero tampoco pierde sabor.
Y mientras la gente pasa a su lado, algunos lo saludan con cariño: “¡Buenos días, don Juanito!”. Él responde con una sonrisa amplia y sincera, de esas que solo tienen los que trabajan con el corazón.
Porque si algo ha demostrado don José Juan Fragosa Corrales en más de cinco décadas de oficio, es que la constancia y la rectitud también refrescan el alma.



























