En Navolato, Sinaloa, una mujer de 73 años demuestra que trabajar con amor nunca pasa de moda
En Navolato, hay historias que se cocinan con paciencia y amor. Una de ellas es la de doña Bertila, una mujer que a sus 73 años sigue preparando comida todos los días, fiel al legado que heredó de su familia y al valor del trabajo honrado.

En Navolato, Sinaloa, hay historias que se cuentan solas, que se dicen entre el vapor de las cazuelas y el ruido constante de los trastes.
Una de ellas es la de doña Bertila, una mujer de mirada tranquila y manos incansables, que a sus 73 años sigue al frente de su cocina económica, como lo ha hecho desde hace más de cuatro décadas.
“Yo me llamo Luz Bertila Hernández Salazar”, dice con sencillez cuando se le pregunta. La edad no la presume, pero tampoco la esconde. “Tengo 73 años”, responde, y enseguida alguien le dice que no los aparenta. Ella sonríe, como quien sabe que el trabajo diario también conserva.
Una vida de trabajo desde la juventud

Su vida ha estado ligada a la cocina desde muy joven. “Comencé jovencita”, recuerda y comparte para Tus Buenas Noticias.
El origen de todo fue su padre, don Ramón Hernández López, conocido por muchos como “El Víbora”, un hombre comerciante que levantó aquel primer puesto donde empezó la historia familiar.
“Mi papá hizo el puesto y me dijo que le ayudara a mi mamá. Después ella murió y yo quedé encargada del negocio”, cuenta sin dramatizar, como si el deber asumido con amor fuera parte natural del camino.
Durante muchos años, la cocina estuvo “debajo de un árbol” en el Parque Primavera. Ahí trabajaron, ahí resistieron el sol, el polvo y el paso del tiempo.
“Fueron muchos años ahí”, dice. Hasta que llegó el momento de cambiar. Hoy el negocio está en un local en un pequeño paraje comercial frente al Seguro Social que su padre dejó a uno de sus hermanos, y ahí doña Bertila sigue firme, sosteniendo la tradición.
La tradición culinaria de doña Bertila en Navolato

En su cocina se vende de todo un poco, como en las cocinas de antes: tacos dorados, tostadas, gorditas, enchiladas, chile relleno, pozole, cazuela y desayunos. “Abrimos desde las ocho de la mañana hasta las cuatro”, explica.
Vive en Barriometo y todos los días se traslada hasta Navolato para trabajar. El esfuerzo no la abruma. Al contrario. Cuando se le pregunta cómo se siente siendo emprendedora, responde sin dudar: “Muy bien”. La cocina, dice, “es un negocio muy noble”.
Un legado familiar en la cocina económica

Doña Bertila es madre de cuatro hijos. Es viuda desde hace tiempo. “Mi corazón está tranquilo”, asegura. Y esa tranquilidad se nota.
Su historia no está hecha de grandes discursos, sino de constancia. De levantarse temprano, de cocinar todos los días, de mantenerse firme aun cuando la vida cambia. Doña Bertila no solo vende comida: ofrece ejemplo. El de una mujer que heredó un oficio, lo sostuvo con dignidad y lo convirtió en sustento y refugio.
Para Bertila, el trabajo honrado no solo llena la mesa, también calma el corazón.



























