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Con fe, amor y resiliencia, Miguel Ángel enfrenta la vida tras perder la vista y nos inspira a mirar la vida con el corazón

La vida de Miguel Ángel Valdivia Vizcarra cambió tras perder la vista en un accidente, pero lejos de rendirse, descubrió en su interior la luz de su alma y afronta cada día con valentía, demostrando que la ceguera no limita una existencia plena

31 diciembre, 2025
La ceguera no apagó los sueños de Miguel Ángel: despertó en él la resiliencia, la gratitud y la certeza de que la vida se disfruta con cada aroma, sonido y abrazo. Foto: Juan Madrigal
La ceguera no apagó los sueños de Miguel Ángel: despertó en él la resiliencia, la gratitud y la certeza de que la vida se disfruta con cada aroma, sonido y abrazo. Foto: Juan Madrigal

Culiacán, Sinaloa.- Para Miguel Ángel Valdivia Vizcarra, la verdadera visión no está en los ojos, sino en el alma. Cada día deja sus miedos en casa y sale a enfrentar el mundo con valentía, demostrando que la ceguera no define los límites de una vida plena.

“Perder la vista no implicó quedarme a oscuras; al contrario, descubrí la luz que llevo dentro y aprendí a mirar con el corazón”, lo habló con toda el alma.


Para el vecino de la colonia Lázaro Cárdenas, la oscuridad no fue un final, sino el inicio de un camino donde el corazón guía cada paso. Foto: Juan Madrigal
Para el vecino de la colonia Lázaro Cárdenas, la oscuridad no fue un final, sino el inicio de un camino donde el corazón guía cada paso. Foto: Juan Madrigal

Lo esencial no se ve con los ojos, sino con el corazón: la inspiradora historia de Miguel Ángel

El 8 de diciembre de 2022, su existencia dio un giro inesperado. Mientras iba a recoger un chivito que un tío le había regalado para la cena de Navidad, el cansancio lo venció y sufrió un accidente que le arrebató la vista… pero jamás apagó sus ganas de luchar ni su espíritu de vida.

“Iba sobre la carretera al Salado, cansado ya que había terminado una doble jornada laboral, y en un abrir y cerrar de ojos el carro se volcó. No llevaba bien puesto el cinturón y el carro me cayó en la cabeza y me rompió las retinas”, manifestó Miguel Ángel, reviviendo aquel impactante percance.


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Tras varios meses de hospitalización y cuatro operaciones, perdió la visión por completo. “La última operación fue el pasado mes de mayo. Me pusieron un lente para que no se secara uno de los ojos, pero los doctores me dijeron que era imposible que volviera a ver”, añadió con voz entrecortada.

Aceptar su nueva realidad no fue fácil. Hubo momentos de desesperación y tristeza, incluso pensó en rendirse. “Es muy difícil cerrar los ojos y al abrirlos ya no ver. Hasta llegué a pensar en lo peor, porque mi autoestima estaba por el suelo”, se sinceró.

Miguel Ángel descubrió en su familia un pilar invaluable de fuerza y amor, especialmente en su esposa, Tarcila Guerrero, a quien describe como un ser extraordinario.

“Mi esposa es un ángel; jamás me ha dejado solo y siempre me apoya en todo. Además, cuida de su papá, que necesita atención especial, y aun así sale a trabajar y hace helados que vendemos en la casa”, contó con profunda gratitud y admiración.


De la oscuridad a la luz interior: Miguel Ángel demuestra que la ceguera no apaga la vida ni los sueños. Foto: Juan Madrigal
De la oscuridad a la luz interior: Miguel Ángel demuestra que la ceguera no apaga la vida ni los sueños. Foto: Juan Madrigal

Durante la entrevista para Tus Buenas Noticias, Miguel Ángel rememoró a su hija Mayra, con quien la vida no siempre permitió estar cerca. Sin embargo, durante su primera operación, ella estuvo a su lado.

“Su apoyo y ánimo me dieron fuerzas justo cuando más lo necesitaba, y me ayudaron a salir adelante”, confesó con voz pausada y llena de fe.


El apoyo externo también ha sido una luz de esperanza. “En el DIF me regalaron el bastón y me enseñaron a usarlo. Incluso intenté aprender braille para usar el celular, pero me desesperé”, señaló entre risas, mostrando cómo la ayuda práctica no solo fomentó su independencia, sino que fortaleció su espíritu resiliente y sus ganas de seguir adelante.

Además, en su camino lleno de retos, Miguel Ángel ha encontrado grandes seres humanos como su vecino Brígido.

“Me dio ánimo para salir a la calle y enfrentar la vida”, recordó conmovido de agradecimiento al traer a su memoria cómo lo acompañó a caminar alrededor de su domicilio, dándole siempre confianza y fuerzas.


En su día a día, Miguel Ángel recorre más de 14 cuadras vendiendo golosinas. En un horario de 10:00 a.m. a 12:30 p.m. sobre la avenida Patria al sur de Culiacán que se ha convertido en la mejor terapia para Miguel Ángel, quien transforma cada gesto de empatía en fortaleza

“Salgo a vender primero por necesidad, pero también porque me hace sentir útil y es mi mejor terapia. Cada persona que me compra un dulce me ayuda, me acompaña a cruzar la calle o me saluda, todo eso es mi mejor medicina y me da fuerzas para no rendirme. Gracias por cada gesto de apoyo que recibo en el camino”, compartió el hombre de 59 años.


Miguel Ángel inspira a reflexionar sobre la importancia de la comprensión y el respeto hacia los demás en nuestra vida cotidiana. Foto: Juan Madrigal
Miguel Ángel inspira a reflexionar sobre la importancia de la comprensión y el respeto hacia los demás en nuestra vida cotidiana. Foto: Juan Madrigal

La ceguera despertó en Valdivia Vizcarra sus otros sentidos: el olfato, el oído y el tacto le permiten disfrutar la vida de manera intensa, apreciando cada sonido, aroma y abrazo.

“Cuando mis ojos dejaron de ver, mis otros sentidos comenzaron a hablarme más fuerte; entendí que la vida se disfruta con cada sonido, aroma y abrazo”, relató.


A pesar de los retos diarios, como la falta de empatía de algunas personas o accidentes en la calle, mantiene una actitud positiva.

“Al principio, cuando me gritaban cosas feas, me desmotivaba, pero ahora les deseo que Dios los bendiga y no tengan que estar en mis zapatos”, comentó.


Ha enfrentado situaciones de peligro, desde percances en la calle hasta mordidas de perros.

“Una vez, una muchacha que salía de reversa no me vio y me atropelló. Fue muy amable conmigo: me llevó al doctor y me compró todos los dulces. Gracias a Dios, solo quedó un golpe leve y un gran susto”, reveló, reflexionando sobre cómo cada experiencia, incluso las más difíciles, le ha enseñado a valorar la vida.


Miguel Ángel invita a la sociedad a ser más empática y solidaria. “Vivimos en una sociedad donde se necesita más comprensión y menos indiferencia.

Nadie está exento de sufrir una discapacidad o de vivir situaciones difíciles junto a seres queridos; por eso es importante tender la mano y mirar con el corazón”, declaró con convicción, recordándonos la importancia de la solidaridad y el respeto hacia los demás.

Cada persona que le compra a Miguel Ángel un dulce o le brinda apoyo es su mejor medicina. Foto: Juan Madrigal
Cada persona que le compra a Miguel Ángel un dulce o le brinda apoyo es su mejor medicina. Foto: Juan Madrigal

La ceguera despertó en Miguel Ángel nuevos sentidos y un amor más profundo por la vida

Esperanza que acompaña, fuerza en cada gesto. Miguel Ángel valora infinitamente a quienes lo acompañan en este camino. Su apoyo no solo le da fuerzas para seguir adelante, sino que también le recuerda que la bondad y la esperanza viven en cada corazón generoso que lo rodea.

Pequeños actos, gran empatía. La verdadera inclusión empieza en lo cotidiano: una banqueta libre, una alcantarilla segura, un camino sin obstáculos. Pequeñas acciones que hacen grande la empatía y nos recuerdan que la ciudad es de todos.

Para el vecino de la colonia Lázaro Cárdenas, la pérdida de la vista no fue el final, sino el inicio de un nuevo camino.

“La oscuridad me enseñó a no rendirme, a ser resiliente y a demostrar que la discapacidad no define lo que somos capaces de lograr. Perder la vista me enseñó a confiar en mi fuerza y a abrazar cada día como una oportunidad de crecer y vivir”, expresó.


Miguel Ángel inspira a reflexionar sobre la importancia de la comprensión y el respeto hacia los demás en nuestra vida cotidiana. Foto: Juan Madrigal
Miguel Ángel inspira a reflexionar sobre la importancia de la comprensión y el respeto hacia los demás en nuestra vida cotidiana. Foto: Juan Madrigal

Miguel Ángel Valdivia Vizcarra nos demuestra que lo esencial no se ve con los ojos, sino con el corazón. La ceguera no detuvo su vida; despertó su fuerza, su esperanza y su capacidad de valorar cada instante.

Su historia nos inspira a ser más empáticos y solidarios, a apreciar cada momento y a descubrir razones para vivir con plenitud y gratitud cada día.


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