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LOS PUENTES DE CULIACÁN

El puente Miguel Hidalgo de Culiacán

Antes Puente Cañedo o Colorado.

14 abril, 2022
 El puente Miguel Hidalgo de Culiacán

Por Jaime Félix Pico

Los vecinos de la vieja ciudad aún guardan en su memoria la imagen original del puente, con su arquería de fierro, posada en los machones con los que iniciaba  la primera sección, todavía se conserva, construida con mampostería de piedra labrada -cantera rosa de Mojolo- y tabique; diseño que evoca a la arquitectura medieval europea.

En la perspectiva del paisaje hacia el poniente, siguiendo el curso de las aguas del río Tamazula, los arcos se hermanaban con los del Puente Negro y como telón de fondo los encendidos atardeceres de hermoso celaje, motivo de la identidad citadina y orgullo de los culiacanenses.

El Puente Cañedo (hoy puente Miguel Hidalgo) fue la primera gran obra de infraestructura de comunicación que se construyó en Culiacán; al cruzar sobre el río Tamazula, integró la vieja ciudad con la parte norte, que permanecía incomunicada, acentuándose su aislamiento durante la temporada de lluvias a causa de las torrenciales avenidas del río que, impedía por meses el paso  por el vado que se utilizaba en tiempos de estío.

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La construcción de esta importante obra inició en 1890 bajo el gobierno del Ing. Mariano Martínez de Castro; éste encomendó al Ingeniero Luis F. Molina, quién recién había llegado a Culiacán, contratado por el propio gobernador para construir el Teatro Apolo.

En su autobiografía Molina narra con un lenguaje coloquial, sencillo, lo que para él significó esta obra y los problemas que tuvo que resolver para iniciarla; cito a continuación algunos párrafos tomados del libro “El Mundo de Molina” publicado por La Crónica de Culiacán e impreso en los talleres del Colegio de Bachilleres de Sinaloa (2003) cuyo contenido es el texto original manuscrito rescatado de los archivos familiares por don Adrián García Cortés, entonces el Cronista de Culiacán.

Una de las obras más importantes que hice, no solamente por las dificultades que se presentaron en la ejecución de la obra sino por el beneficio que recibía la población fue la construcción del Puente Cañedo que está en la prolongación de la calle que se llamaba Martínez de Castro. Este puente se construyó sobre el río Tamazula y tiene una longitud de mil pies y una anchura de veintiocho pies ingleses”.

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La narrativa del autor, excepcional por su objetividad y detalle, nos permite conocer las etapas del proyecto, primero  los sondeos que hubo de realizar para verificar la firmeza del subsuelo, cimientos de los machones de apoyo a los arcos; trabajar solo en tiempo de “secas” y evitar  las aguas que brotaban del subsuelo del río empleando dos bombas centrífugas para desalojar el agua; luego buscar la piedra cantera que le sirviera para hacer los sillares la cual encontró en la comunidad de Mojolo como a diez kilómetros de Culiacán; muchos obstáculos  hubo de superar para traerla hasta el lugar de la obra.

Concluye Molina con esta expresión: “Así fue como se construyó el puente en todo lo relativo a mampostería de piedra labrada y tabique, que en Culiacán se llamaba “adobón”. En total construí el arco que da principio al puente; más tres arcos de diez metros de largo, cada uno apoyado en machones de piedra; y dos machones más en que se apoyó parte de la estructura de fierro…”

Sobran méritos al Ingeniero Molina para ser reconocido como “Arquitecto de la Ciudad” sumándose esta obra que inició la conectividad de la ciudad hacia el aislado norte; solamente alcanzó a terminar la primera sección, al dejar la supervisión de la obra para dedicarse a impulsar el desarrollo urbano de la ciudad.

Luego de frecuentes recesos y suspensiones que alargaron mucho tiempo su terminación, ante la inconformidad de la población, el gobernador Francisco Cañedo,  entregó la obra al Ing. Manuel Bonilla para que la supervisara, éste contrató al Ing. George A. Stranahan, en ese momento responsable de la construcción del tendido de vías del ferrocarril Sud Pacífico,  sugiriéndole éste al gobernador un diseño de  estructura de fierro similar a la del puente que estaba construyendo sobre el río Culiacán, hoy emblema urbano de la ciudad, el Puente Negro.

La gran obra se inauguró el 16 de septiembre de 1909, casi 20 años después de haberse iniciado; se le impuso el nombre:  Puente General Francisco Cañedo, en honor del gobernador que ordenó su construcción y la vida no le alcanzó para entregar la obra a la población, pues falleció el día 9 de junio del año en que se inauguró.

El puente funcionó con su estructura de arcos de fierro los cuales durante mucho tiempo fueron cubiertos con pintura color rojo lo que despertó la inventiva de la población y le llamó hasta su demolición el Puente Colorado.

El piso original era de madera, de duela de madera,  que sirvió por más de cuarenta años hasta que el acelerado  crecimiento de la ciudad y  la circulación de vehículos de motor lo volvió inseguro e inadecuado para soportar el paso de vehículos pesados como los primeros camiones de pasaje urbano en ruta a Tierra Blanca.

Impulsado por las exigencias del proceso modernizador de la segunda mitad del siglo pasado, el gobierno municipal encabezado por el entonces presidente municipal,  Amado Estrada Rodríguez (1959-1962), decidió desmantelar las estructuras y el piso de madera obligando a reconstruirlo; proceso que terminó en el diseño  de un nuevo puente de concreto muy alejado de las características arquitectónicas originales que le imprimió el Arquitecto de la Ciudad.

La ausencia de políticas conservacionistas del patrimonio edificado, característica de las burocracias administrativas de entonces, impusieron un nuevo estilo a las obras públicas, de estética contrastante con la imagen señorial que un día tuvo esta instalación urbana, borrando del imaginario popular la hermosa vista que ofrecían los arcos de intenso color rojo que daban continuidad a los arcos de mampostería que hoy todavía permanecen; poco visibles y  fuera de la posibilidad de apreciarlos en toda su magnitud.

El nuevo puente entró en servicio a la población con un acto de inauguración el día 16 de septiembre del año 1960, evento enmarcado en el programa conmemorativo de los 150 años de la Independencia Nacional; el Cabildo del Ayuntamiento por Decreto le impuso el nombre de Puente Miguel Hidalgo en memoria del Padre de la Patria, el cual ostenta oficialmente hasta la actualidad.

 

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