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Entrena tu mente

25 octubre, 2023
Entrena tu mente
Entrena tu mente. Foto: Katerina May

Hay cosas que pueden ser evidentes para algunos desde un principio y, sin embargo, permanecer ocultas para otros por mucho tiempo, a pesar de haber estado siempre ahí, delante de sus ojos. 

Una revelación de este estilo es la que tuve durante una de las primeras lecciones del curso introductorio a la meditación en la app Waking Up de Sam Harris, de quien os hablé cuando reflexionamos sobre el libre albedrío, y ha sido el comprender que la mente es la base de todo lo que experimentamos en la vida y de cada contribución que hacemos a las vidas de los demás.

La parte de la realidad que está fuera de tu mente es algo con lo que nunca tendrás contacto directo. 
Poniéndonos metafísicos, ni siquiera podemos afirmar con toda certeza que exista. 
Tu vida no es más que lo que en cada momento percibes, sientes, recuerdas o piensas, y todo eso ocurre únicamente en tu mente. 
Tu mente es la fuente y sustancia de toda tu experiencia y darte cuenta de ello es tremendamente empoderador.

Todos conocemos a personas capaces de ser felices incluso en las situaciones más desdichadas mientras que otras son profundamente infelices a pesar de tener todo en la vida. 
Y es que la calidad de tu mente determina la calidad de tu vida, de tu felicidad o de tu sufrimiento. 
Por supuesto, tu mente depende de tu cuerpo y tu cuerpo del mundo, pero cualquier cosa buena o mala que te ocurra en la vida tiene que aparecer en tu consciencia para que te afecte. 
Esto nos ofrece una gran oportunidad para sacar lo mejor de las malas situaciones, porque cambiar cómo te afecta el mundo puede ser muchas veces tan efectivo como cambiar el propio mundo.

Por supuesto, puedes—seguramente debas—tratar de cambiar el mundo, pero jamás conseguirás que todo el mundo se comporte siempre como tú quieres, ni evitarás enfermar o lesionarte, ni que tu equipo gane siempre. 
Sin embargo, lo que nunca escasearán en el mundo serán las fuentes de estrés, decepción, vergüenza y duda en nosotros mismos. 
Por suerte, hay otro juego al que jugar. 
Y no todo el mundo lo conoce, de hecho, muy poca gente lo hace. 
Se trata de observar cuidadosamente lo que estás haciendo con tu propia mente, e intentar dejar de responder a la vida de maneras que generen sufrimiento innecesario para ti y para quienes te rodean. 
Ese es precisamente el propósito del mindfulness, la forma de meditación que enseña Harris y el resto de maestros que encontrarás en Waking Up.

Nos pasamos el día distraídos, sumidos en una especie de sueño en el que nos arrepentimos por lo que hicimos o no hicimos en el pasado y angustiados por lo que nos espera en el futuro. 
Por contra, la felicidad que esperábamos encontrar con cada deseo que satisfacemos o meta que cumplimos es algo efímero como un espejismo. 
¿Existe una forma de ser más feliz?

La mayor parte de las personas no somos conscientes de en qué medida nuestros pensamientos influyen en nuestra experiencia vital. 
Cuando estamos perdidos en ellos, cosa que hacemos la mayor parte del día, hay ciertas cosas sobre la naturaleza de nuestra mente que pasamos por alto. 
Por ejemplo, cada pensamiento o sentimiento que has tenido, bueno o malo, ha venido y se ha ido. 
La ira que sentiste ayer o hace un año ya no está. 
Si vuelve a surgir cuando vuelves a pensar en aquello que originalmente la provocó, volverá a desvanecerse una vez que dejes de pensar en ello. 
Este es un hecho muy relevante sobre el funcionamiento de la mente y puede ser absolutamente liberador el entenderlo con profundidad. 
Si crees que puedes estar enfadado todo un día o incluso toda una hora sin estar continuamente manufacturando esta emoción, pensando sin darte cuenta que estás pensando, estás equivocado. 
Si en lugar de pensar y revolcarte en los motivos por los cuales tienes todo el derecho a estar enfadado fueses capaz de darte cuenta de la aparición en tu consciencia de una emoción como la ira y de los pensamientos que la están generando, sería imposible que estuvieses enfadado por mucho tiempo. 
El mindfulness nos entrena para ser capaces de detectar estas situaciones.

El mindfulness no consiste en pensar con más claridad acerca de la experiencia, sino que es el acto de experimentar con mayor claridad, incluyendo el surgimiento de los propios pensamientos. 
El mindfulness es simplemente un estado en el que prestamos atención de forma clara, sin distracciones y sin críticas al contenido de nuestra consciencia, ya sea éste agradable o desagradable. 
Esta capacidad de la mente se ejercita durante la práctica de la meditación, pero lo interesante y deseable es cuando empezamos a poder aplicarlo en cualquier momento de la vida cotidiana. 
A diferencia de otras, uno de los puntos fuertes de esta técnica de meditación, es que no requiere que adoptemos afectaciones culturales o creencias. 
Simplemente requiere que estemos atentos al flujo de nuestra experiencia en cada momento.

Nadie nos puede prometer que la meditación evitará que nos enfademos o nos pongamos tristes nunca más, pero nos puede enseñar a no estar enfadados, asustados, avergonzados, etc. por mucho tiempo. 
A evitar hacer algo estúpido de lo cual nos podemos arrepentir y que puede tener consecuencias negativas en nosotros y en los demás. 
Y cuando hablamos sobre las consecuencias de las emociones negativas en el mundo o en la vida de cada uno, la diferencia entre momentos y horas, días o semanas es imposible de exagerar. 
Como decíamos, no es que las circunstancias externas no importen. 
Lo hacen. 
Pero es tu mente más que estas circunstancias lo que determina en mayor medida la calidad de tu vida.

La meditación es una práctica que nos ayuda a romper el hábito de vivir perdidos en nuestros pensamientos y de ser simplemente más conscientes de nuestra experiencia en el momento presente. 
Se ha demostrado que produce cambios persistentes en la atención, emoción, cognición y percepción del dolor. 
Y que estos cambios están a su vez correlacionados con cambios estructurales y funcionales en el cerebro.

A medida que se avanza en la práctica, el mindfulness nos puede sin duda ayudar a tener menos estrés, a dormir mejor o a ser un poco menos neuróticos. 
Pero eso sería quedarnos muy cortos sobre su potencial. 
Su verdadero propósito es ayudarnos a realizar profundos descubrimientos sobre la naturaleza de nuestra mente y de nosotros mismos, hasta el punto de transformar radicalmente la concepción que tenemos de nosotros y del mundo.

Si no intentamos ponernos en la mejor forma física de nuestras vidas, empezando ahora mismo, no será porque no sepamos que podemos. 
Pero la mayoría de las personas—entre los que hasta hace bien poco me incluía—realmente no sabe que también es posible cambiar nuestras mentes. 
El concepto de entrenamiento mental apenas se considera. 
Y, sin embargo, realmente hay cosas que podemos hacer que conducen a cambios cognitivos, emocionales e incluso éticos que pueden ser enormemente beneficiosos para nosotros y para los demás.
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