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Poemas del Día de Muertos

Este 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos por lo cual te compartimos algunos poemas alusivos a esta celebración

1 noviembre, 2022
Poemas del Día de Muertos .
Poemas del Día de Muertos. Nicolas Messifet
Poemas del Día de Muertos. Nicolas Messifet

Este 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos. Si no puedes ir al caposanto para visitar a tus seres queridos que fallecieron te compartimos poemas para que se los puedas leer y que ellos sepan que siempre estan presentes en tu pensamientos.

Poemas del Día de Muertos

Yo lo pregunto – Nezahualcóyotl

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

aunque sea de oro se rompe,

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

sólo un poco aquí.

 

Un recuerdo dejo – Nezahualcóyotl

Un recuerdo que dejo

¿Con qué he de irme?

¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?

¿Cómo ha de actuar mi corazón?

¿Acaso en vano venimos a vivir,

a brotar sobre la tierra?

Dejemos al menos flores

Dejemos al menos cantos

 

Silencio – Octavio Paz

Así como del fondo de la música

brota una nota

que mientras vibra crece y se adelgaza

hasta que en otra música enmudece,

brota del fondo del silencio

otro silencio, aguda torre, espada,

y sube y crece y nos suspende

y mientras sube caen

recuerdos, esperanzas,

las pequeñas mentiras y las grandes,

y queremos gritar y en la garganta

se desvanece el grito:

desembocamos al silencio

en donde los silencios enmudecen.

 

El pájaro – Octavio Paz

Un silencio de aire, luz y cielo.

En el silencio transparente

el día reposaba:

la transparencia del espacio

era la transparencia del silencio.

La inmóvil luz del cielo sosegaba

el crecimiento de las yerbas.

Los bichos de la tierra, entre las piedras,

bajo la luz idéntica, eran piedras.

El tiempo en el minuto se saciaba.

En la quietud absorta

se consumaba el mediodía.

 

Y un pájaro cantó, delgada flecha.

Pecho de plata herido vibró el cielo,

se movieron las hojas,

las yerbas despertaron…

Y sentí que la muerte era una flecha

que no se sabe quién dispara

y en un abrir los ojos nos morimos.

 

Pensándolo bien – Jaime Sabines

Me dicen que debo hacer ejercicio

para adelgazar,

que alrededor de los 50′s

son muy peligrosos

la grasa y el cigarro,

que hay que conservar la figura

y dar la batalla al tiempo,

a la vejez.

 

Expertos bien intencionados

y médicos amigos

me recomiendan

dietas y sistemas

para prolongar la vida

unos años más.

 

Lo agradezco de todo corazón,

pero me río

de tan vanas recetas

y tan escaso afán.

(La muerte también ríe

de todas esas cosas.)

 

La única recomendación

que considero seriamente

es la de llevar

una mujer joven a la cama

Porque a estas alturas,

la juventud

Solo puede llegarme

por contagio.

 

La santidad de la muerte – Amado Nervo

La santidad de la muerte

llenó de paz tu semblante,

y yo no puedo ya verte

de mi memoria delante,

sino en el sosiego inerte

y glacial de aquel instante.

 

En el ataúd exiguo,

de ceras a la luz fatua,

tenía tu rostro ambiguo

quietud augusta de estatua

en un sarcófago antiguo.

 

Quietud con yo no sé qué

de dulce y meditativo;

majestad de lo que fue;

reposo definitivo

de quién ya sabe el porqué.

 

Placidez, honda, sumisa

a la ley; y en la gentil

boca breve, una sonrisa

enigmática, sutil,

iluminando indecisa

la tez color de marfil.

 

A pesar de tanta pena

como desde entonces siento,

aquella visión me llena

de blando recogimiento

y unción…, como cuando suena

la esquila de algún convento

en una tarde serena…

 

A una rosa – Sor Juana Inés de la Cruz

Rosa divina, que en gentil cultura

eres con tu fragante sutileza

magisterio purpúreo en la belleza,

enseñanza nevada a la hermosura.

 

Amago de la humana arquitectura,

ejemplo de la vana gentileza,

en cuyo ser unió naturaleza

la cuna alegre y triste sepultura.

 

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida

soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

y luego desmayada y encogida.

 

De tu caduco ser das mustias señas!

con que con docta muerte y necia vida,

viviendo engañas y muriendo enseñas.

 

Talpa (cuento, fragmento) – Juan Rulfo

Algún día llegará la noche.

En eso pensábamos.

Llegará la noche

y nos pondremos a descansar.

Ahora se trata de cruzar el día,

de atravesarlo como sea

para correr del calor

y del sol.

Después nos detendremos.

Después.

Lo que tenemos que hacer

por lo pronto

es esfuerzo tras esfuerzo

para ir de prisa

detrás de tantos como nosotros

y delante de otros muchos.

De eso se trata.

Ya descansaremos

bien a bien

cuando estemos muertos.

Lee también: Calaveritas literarias para niños y maestros

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