Más de 50 años de historia tiene este emprendimiento familiar que se entrelaza con la vida de los mazatlecos cada temporada invernal, cuando las gorditas y el atole forman parte de las delicias que ofrece el puerto
Por: Eunice Arredondo
En noviembre de 1974 nació una tradición en la Avenida Gutiérrez Nájera de Mazatlán, cuando María Luisa Burgueño Luna inició con su negocio de venta de gorditas dulces de maíz y atole de pinole.
Doña Luisa aprendió la receta y preparación de estos alimentos de Doña Yeya, quien le transmitió el conocimiento para que continuara con la tradición pues ella tuvo que dejar de trabajar por motivos de salud.
Así, Luisa inició con la venta de gorditas y atole en ese punto de la ciudad, que hasta hoy, es de los más reconocidos y visitados en temporada de frío, cuando se antoja un atolito acompañado de gorditas dulces.
Desde sus inicios como emprendedora Luisa involucró en el negocio a sus hijos, dos hombres y tres mujeres, que desde chicos aprendieron a atender el puesto mientras ella se encargaba de la preparación del atole y la masa para las gorditas desde casa.
Al ser un negocio de temporada, Luisa y su familia trabajaban en la venta de atole y gorditas durante 8 meses y el resto del año se dedicaban a vender fruta picada en las playas de Mazatlán.
Esta forma de trabajo continúa, Kareli Rocha y Paola Ruiz, nietas de Doña Luisa, explican que actualmente trabajan de mediados de septiembre a mediados de mayo.
“Empezamos generalmente el 15 de septiembre y terminamos a mediados de mayo y el resto del año lo descansamos o lo trabajamos en cosas diferentes, pero en septiembre aquí estamos otra vez”, señalan mientras prepara gorditas para los clientes.
Cinco sucursales activas que llevan el sabor de Mazatlán a más lugares
El trabajo arduo de Doña Luisa y la visión de las siguientes generaciones de la familia ha permitido que el negocio de atole y gorditas crezca, con el apoyo de hijos y nietos actualmente tienen 5 sucursales activas.
“Nosotras desde pequeñas también aprendimos, yo estoy aquí desde los 14 años laborando, pero desde más chica empecé a venir a ver trabajar a mi mamá. Hoy ya tengo 26 años y ya somos expertas en hacer gorditas”, dice Kareli con una sonrisa.
La tercera generación de la familia, a la que pertenecen Kareli y Paola, ahora se encarga de que la venta de atole y gorditas se mantenga de lunes a domingo desde muy temprano, pues empiezan a trabajar desde las 5:30 am.
“Aquí estamos trabajando de 5:30 am a 10:00 am y en la tarde de 4:00 pm a 10:00 pm de lunes a domingo de septiembre a mayo”, asegura.
A todas las sucursales se lleva la masa y el atole preparados directo de la bodega donde se encuentra la otra parte del negocio que se encarga de la producción.
Además de la matriz en Gutiérrez Nájera #300, “Atole y Gorditas Doña Luisa” se venden en Pradera Dorada, Infonavit Playas, el Estadio Teodoro Mariscal los días de partido de béisbol y el parque Ciudades Hermanas los domingos de bazar.
Alrededor del negocio de atole y gorditas generalmente se pueden ver varios clientes esperando sus pedidos, por las tardes se forman filas de personas para comprar y llevar, otras tantas decenas de clientes degustan sus alimentos en el lugar.
“La clientela es de muchos años hay muchos testimonios de clientes que vienen y nos platican, por ejemplo, hace días vino una señora que nos contó que venía con su esposo desde que eran novios y hoy ya es viuda, venían a comprar y se iban al malecón a tomarse su atolito, estuvieron casados 50 años”, platica Kareli.
El secreto detrás del éxito de “Atole y Gorditas Doña Luisa”.
Mientras Paola toma los pedidos y sirve el atole en vasos de diferentes tamaños o litros para llevar, Kareli prepara las gorditas, las amasa, las aplana con una prensa y las pone en abundante aceite hirviendo para que se inflen.
Las primas revelan la receta de su famoso atole y sabrosas gorditas, pero aseguran que el toque especial es el amor con el que se preparan.
Las gorditas se hacen con harina de maíz, un poco de harina de trigo, sal, azúcar y royal para que se esponjen. El atole es a base de agua, pinole que es maíz tostado molido, sal y azúcar.
“Claro que sí tiene su magia, en la receta lo que esponja es el royal, la harina ayuda un poco, el aceite que esté bien caliente y que sea abundante, nosotros somos fieles creyentes que el amor es un ingrediente así que pónganse las pilas porque si no hay amor no infla”, dice Kareli convencida.
Mientras la tercera generación trabaja en el negocio la cuarta generación empieza a aprender todo lo relacionado con la venta de atole y gorditas para continuar con la tradición de Doña Luisa Burgueño en Mazatlán.
Ahora, con el uso de redes sociales, los nietos y bisnietos de la familia promocionan el emprendimiento, hacen dinámicas y atraen nuevos clientes, además de llegar a las familias que durante décadas han disfrutado de sus gorditas y atole de pinole que son toda una tradición.
En cada taza de atole y en cada una de las gorditas de Doña Luisa Burgueño, se encuentra el sabor del legado y el esfuerzo familiar que ha perdurado por más de 50 años en el corazón de Mazatlán.
Este emprendimiento une generaciones, desde Doña Luisa hasta sus nietas Kareli y Paola, quienes continúan con la pasión y dedicación que caracterizan a este negocio.
La historia de “Atole y Gorditas Doña Luisa” es un testimonio vivo de cómo el amor y la tradición pueden crear lazos duraderos en la comunidad, convirtiendo cada visita en una experiencia llena de recuerdos y sabores que trascienden el tiempo.