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El tiempo es un recurso limitado y fundamental para el bienestar humano. Cuando una persona destina demasiadas horas al trabajo (tanto remunerado como no remunerado) y a los traslados diarios, limitando su disponibilidad para dormir, comer, socializar, practicar deporte o simplemente descansar, experimenta lo que se conoce como pobreza de tiempo.
En México, este es un problema generalizado que impacta fuertemente la calidad de vida y que está íntimamente ligado a las graves deficiencias de nuestros sistemas de transporte público.
Impacto de la pobreza de tiempo en la salud de los mexicanos
Los mexicanos enfrentan una grave privación de tiempo. Datos de la OCDE muestran que casi el 30% de los empleados en México tienen jornadas laborales muy largas, una de las cifras más altas frente al promedio del 13% de la OCDE. 
Como resultado, México tiene el promedio más bajo de horas dedicadas al ocio y autocuidado de todos los países evaluados, con apenas 12.75 horas a la semana.
En casos de pobreza de tiempo extrema (cuando se labora por encima del doble de la mediana del resto de la población), las personas cuentan con 6 horas o menos al día para realizar absolutamente todas sus actividades de recreación, alimentación y sueño.
Además, este fenómeno tiene un fuerte componente de género: las mujeres sufren de mayor pobreza de tiempo debido a la "doble jornada", ya que las normas sociales les asignan la mayor responsabilidad sobre el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos.
Desigualdades sociales y transporte público en México
El traslado a los centros de trabajo y de estudio es una actividad de primera necesidad que consume gran parte del tiempo. Lo anterior, es producido por un sistema de movilidad ineficiente que profundiza la pobreza de tiempo y acentúa las desigualdades.
Para mostrar la magnitud del problema, un estudio de ONU-Habitat revela que cruzar la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) en transporte público toma un promedio de entre 5 horas con 21 minutos y 5 horas con 49 minutos, dependiendo de si el trayecto es de este a oeste o de norte a sur.
Realizar los mismos recorridos en un vehículo particular toma poco más de la mitad del tiempo (entre 2.7 y 2.8 horas).
Por otro lado, la problemática se repite en otras ciudades del país. En Culiacán, donde se realizó una encuesta de satisfacción por parte de Mapasina usuarios que utilizan el transporte público de manera cotidiana.
En esta ciudad, solo el 20% de los encuestados considera que los camiones llegan a tiempo y con suficiente frecuencia, mientras que casi el 50% afirma que los horarios se cumplen solo "a veces".
Sumado al tiempo perdido en las paradas, las personas deben lidiar con incomodidad e inseguridad; problemas que afectan desproporcionadamente a mujeres, estudiantes y personas de la tercera edad. De hecho, el 76% de las mujeres en Culiacán califica su nivel de insatisfacción con el transporte de "regular" a "muy malo".
Causas de la pobreza de tiempo en el transporte público
La falta de tiempo no es solo un tema de cansancio, tiene implicaciones directas e indirectas en la salud física y mental de los mexicanos.
La privación prolongada de tiempo para el ocio, el deporte y el sueño (por ejemplo, dormir frecuentemente menos de 7 horas) está asociada con estrés, disfunciones cognitivas, trastornos del estado de ánimo, obesidad y enfermedades del corazón.
En lo que respecta al coste social, una movilidad ineficiente dificulta el derecho a la ciudad. La pérdida de horas en el tráfico o esperando un camión margina a las personas de participar en actividades sociales y castiga especialmente a las periferias urbanas, invisibilizando a los grupos más vulnerables bajo el desequilibrio del centro y la periferia.
Culiacán no es la única ciudad media mexicana que presenta problemas de movilidad y no solo en el transporte público. Una solución para mitigar la pobreza de tiempo que sufren los mexicanos, es indispensable y urgente crear políticas públicas enfocadas en mejorar las condiciones, frecuencias y tiempos de traslado en los medios de transporte.
Parte de la solución recae en la mejora tecnológica (como el uso de aplicaciones móviles con información en tiempo real de los horarios y rutas), así como en el mantenimiento de las unidades, la creación de infraestructura exclusiva (carriles, paradas seguras) y una correcta planificación urbana que reduzca la dependencia al vehículo privado.
Optimizar el transporte público no solo devolvería horas vitales de sueño y esparcimiento a la población, sino que aumentaría la productividad de nuestras ciudades.
Autora: Gloria Morales. Ejecutiva de educación y comunicación de Mapasin.












