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Sociedad organizada y narco: la perspectiva de los espacios

En Sinaloa hay una narrativa derrotista por el alto impacto de los actos y mitos del crimen organizado. Sucesos como los jueves negros no deben determinar el espíritu con el que buscamos soluciones. La sociedad organizada es una alternativa para quienes quieren recuperar cada vez más espacios y no saben cómo
24 enero, 2023
Sociedad organizada y narco: la perspectiva de los espacios
Sociedad organizada y narco: la perspectiva de los espacios
Con Ensayo y Error buscamos difundir insumos para la reflexión y conversación sobre los problemas económicos, sociales y ambientales del presente y del futuro cercano. Su línea de pensamiento es el idealismo práctico que plantea el bienestar social resolviendo los problemas con ciencia, técnica y estrategia.

Cuando venden, cuando compran, cuando se mueven, las personas involucradas en la cadena de esta empresa criminal interactúan en algún grado, dentro de un espacio delimitado, con otras personas que no lo están: en la colonia, el pueblo, el fraccionamiento, la escuela, el templo, las fiestas, los negocios, las playas, la sierra, el valle, la gasolinera, el antro, las clínicas médicas, el gimnasio, las calles, la barbería, la estética, las canchas deportivas, en los campos pesqueros…

Si no los vemos o sabemos distinguir es otra cosa, pero están, se desenvuelven en el territorio, ese tercer elemento que, junto con gobierno y sociedad conforman el Estado en su concepción clásica. Pero no llenan todo el espacio. No son “dueños” del territorio como suele decir el derrotismo, que ve el fenómeno desde una perspectiva reducida por la comprensible frustración alimentada durante décadas.

Sí, tienen las armas, el dinero en algunos casos y la deshumanización para apretar el gatillo, así como el blindaje de su propaganda y narrativa, con lo que son capaces de desplazar a otras personas: del territorio hasta de la competencia comercial. Las famosas propuestas que no pueden rechazarse.

Con todos estos años de exposición a sus crímenes, impunidad y mecanismos propagandísticos, solemos darles el nivel de un monstruo gigante, fuerte e indestructible. Hasta le hemos descrito como la hidra de mil cabezas, tal como la mítica bestia despiadada que regenera sus partes cercenadas.

Esa representación que hacemos del crimen organizado corresponde a lo que se denomina estado de emergencia psicológica. Este se activa ante alguna situación que ponga en peligro nuestra integridad o la de nuestra familia y amigos, y dispara una serie de mecanismos que incrementan las posibilidades de supervivencia.

Y para sobrevivir, las más de las veces optamos por escondernos, por voltear hacia otro lado, por la parálisis o por el silencio. O todas juntas.

Por supuesto que hay una desproporción de fuerza ante un ciudadano común, pero aun así, el crimen organizado no es el único que coexiste en el espacio territorial. Es una parte del todo. Claro que asusta, pero porque estamos acostumbrados al abordaje de choque, a ver el problema como una batalla que se tiene que ganar, cuando de lo que se trata es de un problema que resolver.

Las batallas se ganan con soldados, armas y testosterona. Los problemas se resuelven con información, estrategia, presupuesto y resolución.

El derrotismo tiene ante sí la responsabilidad de informarse para conocer alternativas reales que pueden realizarse sin ponerse en peligro. No se trata de que los ciudiv>Con Ensayo y Error buscamos difundir insumos para la reflexión y conversación sobre los problemas económicos, sociales y ambientales del presente y del futuro cercano. Su línea de pensamiento es el idealismo práctico que plantea el bienestar social resolviendo los problemas con ciencia, técnica y estrategia.

Cuando venden, cuando compran, cuando se mueven, las personas involucradas en la cadena de esta empresa criminal interactúan en algún grado, dentro de un espacio delimitado, con otras personas que no lo están: en la colonia, el pueblo, el fraccionamiento, la escuela, el templo, las fiestas, los negocios, las playas, la sierra, el valle, la gasolinera, el antro, las clínicas médicas, el gimnasio, las calles, la barbería, la estética, las canchas deportivas, en los campos pesqueros…

Si no los vemos o sabemos distinguir es otra cosa, pero están, se desenvuelven en el territorio, ese tercer elemento que, junto con gobierno y sociedad conforman el Estado en su concepción clásica. Pero no llenan todo el espacio. No son “dueños” del territorio como suele decir el derrotismo, que ve el fenómeno desde una perspectiva reducida por la comprensible frustración alimentada durante décadas.

Sí, tienen las armas, el dinero en algunos casos y la deshumanización para apretar el gatillo, así como el blindaje de su propaganda y narrativa, con lo que son capaces de desplazar a otras personas: del territorio hasta de la competencia comercial. Las famosas propuestas que no pueden rechazarse.

Con todos estos años de exposición a sus crímenes, impunidad y mecanismos propagandísticos, solemos darles el nivel de un monstruo gigante, fuerte e indestructible. Hasta le hemos descrito como la hidra de mil cabezas, tal como la mítica bestia despiadada que regenera sus partes cercenadas.

Esa representación que hacemos del crimen organizado corresponde a lo que se denomina estado de emergencia psicológica. Este se activa ante alguna situación que ponga en peligro nuestra integridad o la de nuestra familia y amigos, y dispara una serie de mecanismos que incrementan las posibilidades de supervivencia.

Y para sobrevivir, las más de las veces optamos por escondernos, por voltear hacia otro lado, por la parálisis o por el silencio. O todas juntas.

Por supuesto que hay una desproporción de fuerza ante un ciudadano común, pero aun así, el crimen organizado no es el único que coexiste en el espacio territorial. Es una parte del todo. Claro que asusta, pero porque estamos acostumbrados al abordaje de choque, a ver el problema como una batalla que se tiene que ganar, cuando de lo que se trata es de un problema que resolver.

Las batallas se ganan con soldados, armas y testosterona. Los problemas se resuelven con información, estrategia, presupuesto y resolución.

El derrotismo tiene ante sí la responsabilidad de informarse para conocer alternativas reales que pueden realizarse sin ponerse en peligro. No se trata de que los ciudiv>Con Ensayo y Error buscamos difundir insumos para la reflexión y conversación sobre los problemas económicos, sociales y ambientales del presente y del futuro cercano. Su línea de pensamiento es el idealismo práctico que plantea el bienestar social resolviendo los problemas con ciencia, técnica y estrategia.

Cuando venden, cuando compran, cuando se mueven, las personas involucradas en la cadena de esta empresa criminal interactúan en algún grado, dentro de un espacio delimitado, con otras personas que no lo están: en la colonia, el pueblo, el fraccionamiento, la escuela, el templo, las fiestas, los negocios, las playas, la sierra, el valle, la gasolinera, el antro, las clínicas médicas, el gimnasio, las calles, la barbería, la estética, las canchas deportivas, en los campos pesqueros…

Si no los vemos o sabemos distinguir es otra cosa, pero están, se desenvuelven en el territorio, ese tercer elemento que, junto con gobierno y sociedad confo


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