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Supervivencia y Esperanza: la historia de Juan Alarcón Bañuelos en Mazatlán

Resiliencia y Trabajo Duro: desde la venta de periódicos hasta la limpieza de parabrisas, en el sector Flores Magón. La historia de Juan es un llamado a la acción para fortalecer la red de apoyo en nuestra comunidad

12 diciembre, 2025
Juan es parte del panorama urbano de Mazatlán, durante años a limpiado parabrisas de los automóviles que circulan por el Libramaiento Colosio, es acompañado siempre por su hija Evelia, esta es su historia.
Juan es parte del panorama urbano de Mazatlán, durante años a limpiado parabrisas de los automóviles que circulan por el Libramaiento Colosio, es acompañado siempre por su hija Evelia, esta es su historia.

Para Juan Galdino Alarcón Bañuelos la vida no ha sido fácil. Desde su niñez en la colonia Flores Magón de Mazatlán tuvo carencias económicas, aunque esto le definió su manera de ver la vida, pues lejos de darse por vencido ha procurado siempre salir adelante por difícil que parezca.

Juan es el menor de cuatro hermanos, su mamá fue madre soltera y trabajó mucho para sacar adelante las necesidades básicas de los pequeños, aunque no siempre alcanzaba para todo.

Juan recuerda que ver las dificultades que su madre pasaba para darles a todos sus hermanos para gastar en la escuela o para cubrir las necesidades que generaban los estudios, lo llevó a proponerse empezar a generar dinero desde muy pequeño.

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“Yo estudiaba y trabajaba, cuando tenía 11-12 años iba a la secundaria y vendía periódicos, me tocó trabajar muchos años en el crucero de la Pepsi. Un tiempo vendí periódicos en un triciclo en la ruta de Olímpica, Villa Galaxia y 20 de noviembre, lo que yo quería era aportar a los gastos de la casa”, recuerda.


Fue ahí donde Juan aprendió que en la calle si no sale el dinero de una cosa sale de otra, ahí aprendió también a limpiar vidrios.

“Yo sabía que, si me aventaba a limpiar vidrios para las tortillas y para frijoles iba a salir, yo sabía que iba a tener comida si trabajaba”, asegura.


Con esfuerzo y buscando la manera de salir adelante, Juan pasó por otros empleos en Mazatlán hasta que decidió migrar para buscar oportunidades en Manzanillo, Colima, donde un primo le aseguró que había mucho trabajo.

Allá Juan conoció a una persona con la que decidió empezar una familia y a sus 23 años fue papá de su primer hijo, Ángel, que actualmente tiene 14 años de edad.

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Tiempo después, de otra relación nació Evelia, quien hoy tiene 9 años y es su inseparable compañera desde que la pareja decidió que Juan se haría cargo de ella.

A Evelia la trajeron de bebé a Mazatlán mientras Juan trabajaba como supervisor en una empresa de reparto y antes de la pandemia su vida estaba en un buen momento, con una estabilidad económica que les permitía vivir tranquilos.

“En la pandemia empezaron a cerrar negocios y yo fui el primero que salió despedido, pero gracias a Dios me había ido bien en el trabajo tenía mi carro y mi moto, los tuve que vender para viajar de nuevo a Manzanillo a buscar trabajo”, señala.


De nuevo en Manzanillo, llegaron a vivir a la casa de los papás de su pareja, Juan iba con trabajo y parecía que todo se iba acomodando, sin embargo, a los pocos días de llegar él y su esposa se separaron y empezó un nuevo reto para él y su niña, que en ese entonces tenía 3 años.

Evelia quedó a su cargo en una situación complicada, pues no tenían en Manzanillo un lugar donde habitar ni quien cuidara a la niña mientras él trabajaba.

“Nos aventamos como tres días durmiendo en la calle, rentamos un cuartito, pero empezaron las lluvias y se nos metió el agua, tuvimos que conseguir otro lugar, estaba trabajando como chofer de moto taxi, ya despuesito como yo soy de aquí de Mazatlán decidí regresar mejor, dije si le voy a batallar que sea en mi tierra”, explica.


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La importancia del apoyo familiar y comunitario en tiempos difíciles. 

De regreso en la colonia Flores Magón Juan y Evelia empezaron una nueva vida, acompañándose el uno al otro y una pariente de ellos cuidaba a la niña mientras él buscaba el sustento del hogar.

Pero la vida de nuevo los puso en un predicamento cuando la mamá de Juan decidió vender la casa en la que habitaban y se fue de Mazatlán llevándose a la prima que cuidaba de Evelia, entonces Juan y su hija empezaron a rentar una casa para vivir.

Desde entonces, Juan empezó a limpiar parabrisas de los automóviles y camiones que pasan por el Libramiento Luis Donaldo Colosio, frente a la Ley del Conchi, debajo del puente vehicular.

Aunque Evelia siempre ha asistido a la escuela y actualmente lleva calificaciones de 9 y 10 cursando el tercer grado de primaria, nunca ha dejado de acompañar a su papá en los horarios que él limpia vidrios, pues en un principio no había quien la cuidara.

“Mi hija tiene buenas calificaciones, mi hijo tiene puros dieces y él vive en Manzanillo con mi mamá desde el año pasado. Mucha gente me puede criticar porque opinan que tener aquí a la niña es muy riesgoso, pero es una necesidad”, asegura.


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Desde hace 4 años Juan tiene pareja y juntos viven en Los Gavilanes, ella trabaja en una gasolinera por el rumbo del aeropuerto, tiene dos hijas que estudian la secundaria y junto con Juan, Evelia y Ángel han formado una familia.

Juan se hace cargo de llevar y recoger a las tres niñas en la escuela, las dos más grandes estudian de mañana, mientras que Juan y Evelia hacen un primer turno debajo del puente.

Evelia acompaña a su papá sentada debajo del puente, se le puede ver coloreando o jugando con sus juguetes mientras Juan procura limpiar los vidrios de los automóviles de manera respetuosa.

“Mucha gente pasa y me conoce, hay mucha gente que nos ha apoyado, nos regalan despensas, hay un doctor de la Clínica del Conchi que siempre nos ayuda y me dice que lo que se nos ofrezca ahí está él, hay un chofer de los camiones de Concordia, el número 198, a veces no me cobra el pasaje a Los Gavilanes, los choferes de los trailers y pipas también nos alivianan”, señala.


Antes del mediodía Evelia y Juan se preparan para ir por las niñas a la secundaria y para que Evelia se quede en la primaria en El Castillo en el turno vespertino mientras Juan acompaña a las hijas mayores a la casa y a comer.

Al salir de la primaria Juan recoge a Evelia y hacen un segundo turno debajo del puente, donde Evelia empieza sus tareas escolares para entregar al siguiente día.

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La determinación de Juan por recuperar su estabilidad económica y brindar un mejor futuro a sus hijos

Cuando tiene oportunidad, Juan también hace trabajos de limpieza de predios o escombro para ganar un poco más de dinero.

La mayor parte de las ganancias de Juan se van actualmente en transporte y comida, con apoyo de su pareja sacan adelante los gastos de todos y el trabajo en equipo ha sido fundamental para cuidar de sus hijas.

Juan asegura que esta racha no será por siempre, quiere trabajar como chofer de aplicación para tener el tiempo suficiente para continuar cuidando a las niñas y obtener más ingresos.

“No va a ser de siempre, yo sé que me voy a recuperar como estaba antes económicamente y regresar a la vida que tenía” dice Juan mientras Evelia lo mira asintiendo.


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A pesar de las adversidades que ha enfrentado Juan ha demostrado que la perseverancia puede abrir puertas incluso en los momentos más difíciles.

La comunidad también ha jugado un papel crucial en su camino, brindando apoyo y solidaridad. Juan no solo mira hacia el futuro con esperanza, sino que está decidido a recuperar su estabilidad económica y ofrecer a sus hijos un mejor mañana.

La historia de Juan es un llamado a la acción para fortalecer la red de apoyo en nuestra comunidad y a valorar el esfuerzo de aquellos que, como él, luchan por un futuro mejor.


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