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En Barrancos, Luis Avitia es el herrero con carácter de acero en el taller de la vida

Hace casi 40 años que aprendió el oficio de herrero. Sabe cómo doblar metales, pero él no se dobla ante la adversidad viviendo agradecido.

26 octubre, 2023
En Barrancos, Luis Avitia es el herrero con carácter de acero en el taller de la vida

Culiacán, Sinaloa.- El retumbar constante del martillo contra el metal, el siseo del calor de sus herramientas y el olor a hierro candente crean la atmósfera en la que Luis Gilberto Avitia López ha forjado un carácter de acero en el taller de la vida. A los 51 años, es un hombre de temple y corazón, cuya historia es un testimonio de tenacidad y amor inquebrantable.

Dentro de las paredes de su pequeño taller de herrería, Luis se ha convertido en un maestro del oficio. Cada chispa que salta de su máquina para soldar parece ser un reflejo de su determinación. Comenzó su viaje en este mundo a los 14 años, cuando, como un jovencito de secundaria, ayudaba a uno de sus vecinos en la colonia Los Pinos, en esta ciudad de Culiacán. Pronto, pasó de hacer “mandados” a tomar las riendas del taller, asumiendo una responsabilidad que le brindó lecciones invaluables en la vida.

A pesar de haber tenido la oportunidad de continuar sus estudios, Luis eligió dedicarse de lleno a su trabajo. Asegura para Tus Buenas Noticias que su pasión por la herrería le cautivó, y con el tiempo, se convirtió en un experto en su oficio. Su rutina diaria no conoce descanso. Trabaja con aluminio, vidrio, tabla roca, y hasta construye carretas y bodegas. No hay desafío que no esté dispuesto a enfrentar.

El taller, con sus herramientas ardientes y pulidas por el uso constante, es más que un lugar de trabajo. Es el santuario donde Luis ha labrado su destino. Cada soldadura, cada moldeado, es un testamento a su habilidad y dedicación.

Pero el trabajo no es su único motor. Su familia es la luz que lo guía. Dos hijos, Abril y Luis Ángel, son la razón por la que Luis se levanta cada mañana. Son su apoyo, su fortaleza, su inspiración. Abril, con 18 años, se prepara para una carrera profesional, mientras que Luis Ángel, a sus 14 años, avanza en la secundaria. Luis se enorgullece de ser su padre, su protector, y su guía en este viaje llamado vida.

A través de su arduo trabajo, Luis ha asegurado que sus hijos tengan un futuro lleno de oportunidades. Su jornada diaria es una danza constante entre el trabajo, el hogar y el cuidado de su familia. Cocina, lava, plancha, y se encarga de que nada les falte a sus dos hijos.

Pero Luis no solo les brinda un techo y sustento. Les transmite valores fundamentales: la honradez, el esfuerzo, y la importancia de ahorrar para forjar un mejor mañana. Su amor y dedicación son el legado que quiere dejar a sus hijos.

Luis es un hombre de trabajo, amor y sacrificio. A lo largo de su vida, ha enfrentado desafíos, pero ha salido adelante gracias al apoyo inquebrantable de su familia. Su madre y sus hermanas han sido su pilar en los momentos más difíciles. Su familia es su mayor fortaleza.

Con una afable sonrisa, Luis enfrenta las adversidades, sabe que no puede dejarse caer, pues un par de hijos siguen sus pasos firmes. Ellos son esa estructura de hierro que se requiere cuando las fuerzas del alma quieren acabarse.

Luis agradece a la vida y a su madre por la oportunidad de escribir su propia historia y ser el maestro de su destino en el taller de la vida. Ser herrero le da carácter, cada destello de soldadura pega el afecto y amor por sus hijos, con el rehilete elimina las limaduras de malos momentos, y pule el metal del servicio que le da satisfacciones.

Ahí, todos los días se le puede ver en el taller ubicado en la última casa del Artículo 27 en Barrancos. Recibe trabajos y hace de su vida, un don de servicio.

 

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