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Dalia vende ropa de segunda mano vistiendo esperanza en Alturas del Sur

Siendo migrante de Chiapas, desde hace 7 años se estableció en Alturas para seguir su ascenso de bienestar ofreciendo ropa al mejor precio.
19 septiembre, 2023

Culiaán,Sinaloa.- En la zona tropical  de la Frontera Comalapa, Chiapas, el destino tejió una historia que llevaría a Dalia González Laparra más allá de los horizontes conocidos. Viajó de frontera sur a frontera norte, pero se quedó en Alturas del Sur vendiendo ropa de segunda mano, con la que viste de segunda mano a sus clientes.

La vida es una trama compleja de encuentros inesperados, y así fue como a Dalia un viaje de 3 mil 839 kilómetros, de frontera a frontera, para visitar a un sobrino en Tijuana la condujo hacia la senda del amor.

Allí, entre los vientos del noroeste, conoció a su esposo, Samuel Álvarez, y juntos trazaron un nuevo rumbo que les llevaría hasta los rincones soleados de Culiacán, donde unieron sus destinos en matrimonio.

De aquel amor, nacieron dos hijos que llenan de luz y esperanza el hogar de Dalia y Samuel. El primero es Samuel, de dieciséis años, posee el vigor de la juventud, camina con paso firme hacia su futuro, dedicando sus días a los estudios en la preparatoria. En tanto Jeferson, con sus trece años de curiosidad y aspiraciones indefinidas, labra su camino en la secundaria, tejiendo sueños entre libros y amistades. Para Dalia, ellos son la luz que ilumina cada paso de su lucha diaria.

La vida les regaló amor, pero también desafíos. Pues como sucede en casi todo matrimonio, la economía no siempre se mostró generosa. Con un esposo empleado, se propuso ayudar a la economía doméstica vendiendo ropa de segunda mano.

Así, con una propuesta que le diera beneficio a ella y a personas que también buscan soluciones temporales a su necesidad, empezó a ofrecer sus productos. Blusas, pantalones, zapatos, y tenis se alineaban en su modesto puesto, donde la humildad y la generosidad caminaban de la mano.

Hace doce años, Dalia y los suyos se asentaron en Alturas del Sur, y con el tiempo, el lugar se transformó en su hogar. Antaño, la naturaleza salvaje los rodeaba, y los días se perdían en excursiones a través del monte, respirando aire puro y entregándose a la plenitud de la vida en su esencia más simple. Pero el tiempo trae consigo cambios, y aquel paisaje virgen fue testigo de cómo el progreso imprimía su sello en cada rincón de la tierra.

Dalia recuerda que viendo más allá del populoso sector donde ahora vive, decidió volcar su esfuerzo en una empresa modesta, pero llena de valor. Y así, un domingo, valientemente llevó un puñado de ropa al tianguis de la Huizaches para venderla, pero el destino fue esquivo.

Pese a sus esfuerzos, apenas se vendieron unos cuantos pesos, y aunque el desánimo intentó ganar terreno, ella se negó a ceder. Sin rendirse, suplicó permiso en las calles, y con sus mecates desplegados, se convirtió en una vendedora ambulante.

Siete años de dedicación inquebrantable, ahora que el fraccionamiento ha crecido, han hecho de Dalia una figura conocida en Alturas del Sur. Con el semblante amable y la sonrisa como su mejor aliada, ha forjado un vínculo inquebrantable con la comunidad. Su honestidad y empatía resonaron entre aquellos que buscaban un respiro en los recovecos de la vida.

Dalia vende sin pretensiones, porque sabe que en cada pieza de ropa encuentra la oportunidad de apoyar a aquellos que, como ella, buscan una mano tendida en la encrucijada del destino.

Con sus modestas ganancias, Dalia ha obrado milagros cotidianos: las tortillasp>Culiaán,Sinaloa.- En la zona tropical  de la Frontera Comalapa, Chiapas, el destino tejió una historia que llevaría a Dalia González Laparra más allá de los horizontes conocidos. Viajó de frontera sur a frontera norte, pero se quedó en Alturas del Sur vendiendo ropa de segunda mano, con la que viste de segunda mano a sus clientes.

La vida es una trama compleja de encuentros inesperados, y así fue como a Dalia un viaje de 3 mil 839 kilómetros, de frontera a frontera, para visitar a un sobrino en Tijuana la condujo hacia la senda del amor.

Allí, entre los vientos del noroeste, conoció a su esposo, Samuel Álvarez, y juntos trazaron un nuevo rumbo que les llevaría hasta los rincones soleados de Culiacán, donde unieron sus destinos en matrimonio.

De aquel amor, nacieron dos hijos que llenan de luz y esperanza el hogar de Dalia y Samuel. El primero es Samuel, de dieciséis años, posee el vigor de la juventud, camina con paso firme hacia su futuro, dedicando sus días a los estudios en la preparatoria. En tanto Jeferson, con sus trece años de curiosidad y aspiraciones indefinidas, labra su camino en la secundaria, tejiendo sueños entre libros y amistades. Para Dalia, ellos son la luz que ilumina cada paso de su lucha diaria.

La vida les regaló amor, pero también desafíos. Pues como sucede en casi todo ma

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