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El matrimonio de Daniel y Sofía, una historia de lucha y éxito, pero ya sin drogas

En la colonia Lázaro Cárdenas, de Culiacán, Sinaloa Daniel y Sofía han fundado un exitoso negocio de elotes, pero mejor aún, han creado un espacio para ayudar los más necesitados

27 abril, 2022
Daniel y Sofía, una historia de lucha y éxito, pero ya sin drogas
Daniel y Sofía, una historia de lucha y éxito, pero ya sin drogas

Culiacán, Sinaloa.- La vida de Jesús Daniel Ochoa Ávila no ha sido sencilla. A muy temprana edad supo lo que era cargar las pesadas cadenas de las adicciones.

Inocentemente, pensó que, al incursionar en ese tenebroso mundo de las drogas, todo será más sencillo. Conseguir “dinero fácil” era su pensar. Ayudar económicamente a su familia era su objetivo, sin darse cuenta que a la larga se convertiría en el mayor problema familiar.

Empecé desde los 15 años. Primero marihuana, luego cocaína y al último el cristal. Los problemas económicos en familia eran muchos. Yo quise hacer dinero, pero no me resultó como yo quería. Empecé por lo malo”, dice mientras agacha la mirada y entrelaza las manos como señal de remordimiento.

Daniel, pensó que vendiendo drogas terminarían los problemas de dinero en su hogar y sin darse cuenta poco a poco iba siendo devorado hasta, que salir de ese fango le fue imposible.

Durante los siguientes 20 años era fácil encontrarlo tirado en cualquier esquina o entre los animales en los lotes baldíos. Su vida era un desperdicio. Los esfuerzos de su familia no fueron suficientes para salvarlo.

Mi familia decepcionada de mí me dio la calle. Mi mamá lloraba y sufría. Al grado de que, por culpa de mis problemas, le pegó una embolia y un infarto cerebral de tanto mortifico. Y ni así entendí”, dice con remordimiento y una voz entrecortada al recordar el sufrir de su pobre madre.

Como bien dice, la adicción es muy fuerte y vivía engañado pensando que era él quien controlaba su consumo y no las drogas quienes controlaban su vida.

“No es decir yo lo dejo cuando quiera. Esa es la falacia. Todo el mundo piensa que lo deja cuando quiera y no es verdad. Cuando menos pensamos estamos muy hundidos y solos no podemos salir adelante. Es lo más difícil de la adicción”, señala con certeza y cierto dolor en sus palabras.

Pero para todos hay una segunda oportunidad de vida. Uno de esos días de psicosis causados por la droga. Tirado en medio de un solar baldío entre el excremento y basura pidió a Dios un milagro.

Todo el tiempo pensaba que necesitaba a una super mujer, muy bonita para calmarme y dejar la droga. Solo veía lo superficial. Pensaba que era lo que necesitaba. Pero ninguna bonita volteaba a verme. Estaba tan golpeado de la vida que un día me hinqué llorando. Solo en un baldío y le dije a Dios, mándame una mujer buena, nada más que me quiera y me mandó a Sofía”, recuerda con amor.

Asegura que a Sofía Monárrez Gutiérrez, la conoció por casualidad.

“Me la mandó Dios. Empezamos a noviar y le platiqué mis problemas de salud y me dijo que ella me iba a ayudar y juntos íbamos a salir adelante”, manifiesta con una voz de gratitud y lágrimas en los ojos al sentir el amor hacia la mujer que representaría un vuelco en su vida.

Y así fue. Sofía, ha sido el mayor impulso que Daniel ha tenido para salir adelante. Con todo el sacrificio que representa, ha trabajado día y noche sin descanso para ser su sostén.

Sofía, trabajaba en una de las bodegas del Mercado de Abastos vendiendo elotes. Las puertas se le abrieron y la oportunidad de poner su propio negocio le fueron dadas.

“Me acuerdo que empezamos comprando 500 elotes, pero no los vendíamosp>Culiacán, Sinaloa.- La vida de Jesús Daniel Ochoa Ávila no ha sido sencilla. A muy temprana edad supo lo que era cargar las pesadas cadenas de las adicciones.

Inocentemente, pensó que, al incursionar en ese tenebroso mundo de las drogas, todo será más sencillo. Conseguir “dinero fácil” era su pensar. Ayudar económicamente a su familia era su objetivo, sin darse cuenta que a la larga se convertiría en el mayor problema familiar.

Empecé desde los 15 años. Primero marihuana, luego cocaína y al último el cristal. Los problemas económicos en familia eran muchos. Yo quise hacer dinero, pero no me resultó como yo quería. Empecé por lo malo”, dice mientras agacha la mirada y entrelaza las manos como señal de remordimiento.

Daniel, pensó que vendiendo drogas terminarían los problemas de dinero en su hogar y sin darse cuenta poco a poco iba siendo devorado hasta, que salir de ese fango le fue imposible.

Durante los siguientes 20 años era fácil encontrarlo tirado en cualquier esquina o entre los animales en los lotes baldíos. Su vida era un desperdicio. Los esfuerzos de su familia no fueron suficientes para salvarlo.

Mi familia decepcionada de mí me dio la calle. Mi mamá lloraba y sufría. Al grado de que, por culpa de mis problemas, le pegó una embolia y un infarto cerebral de tanto mortifico. Y ni así entendí”, dice con remordimiento y una voz entrecortada al recordar el sufrir de su pobre madre.

Como bien dice, la adicción es muy fuerte y vivía engañado pensando que era él quien controlaba su consumo y no las drogas quienes controlaban su vida.

“No es decir yo lo dejo cuando quiera. Esa es la falacia. Todo el mundo piensa que lo deja cuando quiera y no es verdad. Cuando menos pensamos estamos muy hundidos y solos no podemos salir adelante. Es lo más difícil de la adicción”, señala con certeza y cierto dolor en sus palabras.

Pero para todos hay una segunda oportunidad de vida. Uno de esos días de psicosis causados por la droga. Tirado en medio de un solar baldío entre el excremento y basura pidió a Dios un milagro.

Todo el tiempo pensaba que necesitaba a una super mujer, muy bonita para calmarme y dejar la droga. Solo veía lo superficial. Pensaba que era lo que necesitaba. Pero ninguna bonita volteaba a verme. Estaba tan golpeado de la vida que un día me hinqué llorando. Solo


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