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Centro Histórico de Culiacán

En esta etapa se sientan las bases para el despegue del desarrollo del estado; comienza un período de estabilidad que permite impulsar el desarrollo urbano, en particular de la ciudad capital que, por su importancia política y económica creciente, exigía construir obras que vinieran a darle imagen de ciudad moderna.

10 enero, 2022
Centro Histórico de Culiacán

Durante las dos últimas décadas del porfiriato, entre 1890 y 1910, se estructuró urbanística y arquitectónicamente lo que hoy se conoce como Centro Histórico de Culiacán.

En esta etapa se sientan las bases para el despegue del desarrollo del estado; comienza un período de estabilidad que permite impulsar el desarrollo urbano, en particular de la ciudad capital que, por su importancia política y económica creciente, exigía construir obras que vinieran a darle imagen de ciudad moderna.

El Ingeniero Mariano Martínez de Castro (1841-1901) fue gobernador sustituto en distintas etapas del largo período en que gobernó el General Francisco Cañedo Belmonte (32 años), su gestión se caracterizó por el impulso de obras urbanas de perfil estético, recreativo y cultural entre las que destacan la construcción del primer teatro de la ciudad, el Teatro Apolo; la reestructuración y remozamiento de espacios públicos como plazuelas y jardines; la instalación del quiosco de estilo mudéjar en la plazuela central; y habilitó edificios para oficinas públicas. Se restaura lo que sería la sede del palacio de gobierno en el antiguo edificio conocido como de “La Tercena” (hoy Archivo General Histórico de Sinaloa) y el “Mesón de San Carlos” (hoy Centro Sinaloa de las Artes Centenario del ISIC); se rehabilita para ser sede del Colegio Nacional Rosales, (hoy Universidad Autónoma de Sinaloa). Se inician los trabajos para introducción de servicios públicos como luz, agua y drenaje.

Otro factor de impulso al desarrollo urbano fue la llegada a Culiacán del Ingeniero Luis Felipe Molina Rodríguez en 1890, contratado por el gobernador Martínez de Castro para venir a Culiacán a construir un teatro, convirtiéndose, a la postre, en personaje central de la transformación urbanística y arquitectónica de la ciudad.

El ingeniero Molina se le otorgó merecido reconocimiento como “Arquitecto de la Ciudad”, intervino en la construcción de los principales edificios patrimoniales que hoy confieren identidad arquitectónica a la ciudad pese a su permanente deterioro y demolición de edificios importantes que configuraron la imagen señorial de la ciudad a fines del siglo XIX.

Y como servidor público fue impulsor de las primeras acciones públicas de planeación urbana, entre las que destacan reglas de nomenclatura en calles y habitaciones; el crecimiento planeado de la ciudad hacia el sur al diseñar y construir el bulevar 2 de abril (hoy bulevar Francisco I. Madero); y también hacia el poniente con la construcción de la Plazuela Rosales uniéndola por dos amplias rúas, calles Ángel Flores y Antonio Rosales, que dio dinamismo a la movilidad urbana; reguló el tamaño de las avenidas de dirección sur a norte y viceversa, ampliando los estrechos callejones existentes, por mencionar solo uno, el llamado callejón del Oro (hoy avenida Dr. Rubí).

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Han pasado casi seis lustros desde que el Ayuntamiento de Culiacán inició proyectos e instrumentó las primeras acciones para el rescate del Centro Histórico de la ciudad, intentando por esta vía preservar su carácter de bien patrimonial protegido por leyes federales y mejorar en todos los aspectos, respetando la tradición, la imagen urbana de este espacio emblemático de la ciudad capital, así como del estado de Sinaloa, pues se ubica justamente en su centro geográfico.

A partir del año 1995 entró en vigencia el Plan Parcial del Centro Histórico o Plan de manejo, promovido bajo la administración del presidente municipal Doctor Humberto Gómez Campaña, contando con la colaboración de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa y la asesoría del reconocido arquitecto mexicano Carlos Flores Marini.

Diez años más tarde este que fue el primer Plan de Manejo del Centro Histórico fue revisado mediante un proceso de consulta ciudadana convocado por el presidente municipal Aarón Irízar López a través del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) entonces dirigido por la Arquitecta Jimena Iracheta.

Este Plan concluyó con la propuesta de un nuevo instrumento para el manejo del centro histórico: El Plan Parcial Culiacán Zona Centro, que entró en vigor en el año 2009, decretado por el Ayuntamiento siendo presidente municipal Jesús Vizcarra Calderón; ambos instrumentos urbanísticos se diseñaron con un objetivo final: la salvaguarda y preservación del patrimonio histórico arquitectónico edificado, que por fortuna aún permanece en pie y está en condiciones de uso.

Pese al deterioro permanente y demolición de fincas de valor patrimonial, atribuida a la falta de compromiso de la sociedad y a la ineficacia de las acciones de autoridades de los tres ámbitos de gobierno por restituirle su potencial identitario, aún permanece en el imaginario de la ciudad el interés por su preservación futura reconociendo el simbolismo que encierra este bien cultural que nos confiere identidad cultural a los culiacanenses y hoy es motivo de orgullo y fortaleza del sentido de pertenencia a la ciudad.

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Culiacán se fundó en la primera etapa de la conquista española, nombrándola villa de san Miguel de Culiacán (Colhuácan), el día 29 de septiembre de 1531, por el conquistador español Nuño Beltrán de Guzmán; dentro de pocos años, en el 2031, celebraremos Cinco Centenarios de la Fundación.

Su antigüedad es casi igual a la de las primeras villas del mundo novohispano fundadas por los españoles en América, muchas de ellas, ciudades de arquitectura monumental hoy declaradas por la UNESCO como patrimonio mundial.

Durante la época virreinal la villa de san Miguel de Culiacán no fue muy favorecida por el gobierno de la Nueva España, esto por lo que respecta a su desarrollo urbano; su lejanía del centro político de la colonia, la falta de comunicaciones, la redujo a la marginación.

La villa empieza a tener una fisonomía de ciudad con rasgos de modernidad hasta bien entrado el siglo XIX –más de 300 años después de la fundación como resultado del crecimiento económico que caracterizó al régimen porfirista, representativo en Sinaloa por el gobernador Francisco Cañedo Belmonte; también gracias al perfil intelectual de uno de sus gobernadores sustitutos, el Ingeniero Mariano Martínez de Castro.

No obstante, sus casi cinco centenarios, la ciudad y su centro histórico, conformado por espacios, monumentos y fincas de valor histórico patrimonial, todavía conserva buena parte de su arquitectura de estilo neoclásico del siglo XIX, lineal y austero, el cual incorpora algunos elementos decorativos del reconocido estilo colonial mexicano.

Los edificios están distribuidos a lo largo y ancho del polígono urbano compuesto de 202 manzanas, con superficie de 247 hectáreas, colindantes con 43 hectáreas de área natural protegida de la margen derecha del río Tamazula, que se conoce como Parque las Riberas. Estos son algunos de los componentes de lo que hoy se conoce como Centro Histórico de Culiacán.

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Las fincas hoy catalogadas como monumentos históricos muchas de ellas construidas por el Arquitecto de la Ciudad Luis F. Molina, y algunos desafortunadamente demolidos durante el siglo pasado, pretextando dar paso a los procesos de modernización económica y urbanística como el Teatro Apolo, Puente Cañedo o Colorado, Cárcel Municipal, la Casa de Moneda, el Edificio La Lonja, la forma original Plaza de la Constitución y la demolición de sus señoriales portales - y tantos otros monumentos que hoy no existen, ya no forman el paisaje urbano de antaño- y por ese hecho desfiguraron nuestra identidad arquitectónica y disminuido el legado de nuestros antepasados para contar con una ciudad de imagen señorial, en pocos años cinco veces centenaria, como hay pocas en América.

Los edificios y monumentos patrimoniales que hoy componen parte del centro histórico y que aún permanecen son: la Catedral de Nuestra Señora del Rosario, ubicada en la parte más alta de la topografía del terreno del centro, fue por mucho tiempo el edificio más alto de Culiacán; el Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, iglesia construida para que la antigua ciudad creciera hacia el poniente siguiendo el curso de las aguas del río Tamazula; a partir de estos monumentos religiosos unidos por dos calles paralelas, calle Ángel Flores y Calle Antonio Rosales, se organizó urbanística y socialmente la antigua ciudad, simbolizando el poder de la institución religiosa, interactuando con el de las instituciones públicas y privadas que ocupaban los edificios de su entorno.

Por mencionar los más importantes: el Palacio de Gobierno Municipal, la Plazuela Obregón y la plazuela Rosales, los edificios que hoy albergan al Museo de Arte de Sinaloa y el Archivo General Histórico de Sinaloa, el Centro Cultural Centenario y el conjunto cultural Genaro Estrada sede del Instituto Sinaloense de Cultura, el Mercado Garmendia, la Escuela Libre de Derecho, el edificio central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, la que fue casa del gobernador Francisco Cañedo hoy Instituto Sinaloense del Deporte, la Casa de la familia Almada, hoy Casa de la Cultura Miguel Tamayo Espinoza de los Monteros, la Galería Frida Kahlo, el Estadio Universitario, y una serie de fincas y edificios que hoy funcionan como bancos, comercios, escuelas y vivienda; todos en conjunto conforman el Centro Histórico de Culiacán mostrándonos una unidad simbólica y fáctica entre los poderes públicos, los religiosos, económicos, académicos, que concurren en ese espacio urbano icónico de la ciudad.

En colaboración con Mapasin A.C.

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