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El “Güero Joyero” de La Palma forjó una vida dorada

Desde hace más de 60 años aprendió el oficio que le dio el sustento para su familia.

El “Güero Joyero” de La Palma forjó una vida dorada

Demetrio Félix Burgos era casi un niño cuando dejó su hogar en Badiraguato. Como toda la gente de la sierra, su padre se dedicaba a la agricultura.

Viendo que para él no había mucho futuro en los altos, decidió dejar el seno familiar, y junto con su hermano Modesto “bajaron” a buscar la vida.

Durante un breve tiempo, se establecieron en El Crucero. Justo en la intersección entre la carretera Internacional y la carretera a Badiraguato.

Ahí, cerquita de su hogar, Demetrio y Modesto, aprendieron el oficio de joyero. Los aventureros hermanos, venían con muchas ilusiones y ganas de salir adelante.

Mi carnal era ayudante de un herrero. Ahí nació también lo de la joyería porque él mismo forjó su equipito de joyería y forjó otro para mí”, recuerda con una lúcides indiscutible.

El brillo de los ojos de Demetrio, señalan lo vivido. Su expresión denota orgullo por lo logrado y a su vez, nostalgia por lo aprendido.

Recuerda que el primero que aprendió el oficio de joyero con uno de sus familiares fue su hermano, quien mediante la observación adquirió todos los trucos para labrar hermosos trabajos.

“Mi hermano era muy trucha. Se fijaba como hacían los trabajos y aprendió. Luego me enseñó a mí”, dice.

Para Demetrio, ser joyero no era una opción.

“No me atraía mucho ese trabajo, yo no estaba muy convencido porque no le hallaba”. Así que siguieron en la busca de un mejor futuro.

Llegaron a La Palma cuando a penas tenía 15 años. El trabajo era el corte del tomate y la pizca de frijol.

“Cuando caímos acá y empezamos en el corte del tomate y la pizca del frijol, yo me rajé. Dije, el trabajo en el campo está muy duro. Hazle lucha a la joyería, porque no la vas a hacer”, dice entre risas al recordar aquellos momentos decisivos en su vida.

Así, Demetrio empezó poco a poco a encontrarle el gusto a su oficio de joyero. Inició haciendo algunos anillitos que vendía en las vecindades y posteriormente buscó la forma de superarse en su trabajo.

Empecé a ranchear. Me iba y me venía con mi bachichita de dinero. En un día me traía $60 o $100 pesos. En cambio, en el campo ganábamos $10 pesos y era muy poquito”.

Así fue su incentivo para ponerle más empeño en lo que ya sabía hacer con majestuosidad.

La vida ha sido generosa con Demetrio. Le proveyó de una esposa con quién vivió feliz durante más de 50 años. Juana Rocha Gastélum, fue la elegida para formar una familia y quien le dejó seis hijos.

Aún no da crédito cómo es que trabajando de joyero pudo sacar adelante a su familia.

“Ya ni yo me la creo. No sé cómo le hice para sacar adelante a seis hijos en la etapa de la profesión. Pero primero, lo que ganaba, era para la escuela y que no faltara el “pipirín”. Era lo más importante”, asegura.

Sin embargo, “El güero joyero” también se daba tiempo para convivir con los amigos. No todo era trabajo.

“Tenía una bola de amigos que me invitaban para acá y para allá. Al “pisto”, y yo les decía lo que traigo en esta bolsa es sagrado. Lo que traigo en esta otra es pal pisto. Y así le hacía. Cuando se acababa lo de esa bolsa ya se acababa la fiesta”, recuerda entre risas.

Ahora, a los 79 años, Demetrio continúa con ese cariño por su oficio. Aunque ya no ejerce, debido al desgaste de la vista, aún atesora entre sus pertenencias las primeras herramientas que su hermano Modesto forjó para él.

"Mis primeras herramientas son estas: un martillo, un tribulete, unas pinzas, un suaje, un tas, que era lo más indispensable. También tenía un soplete que en realidad era una cachimba. Con la boca le soplábamos para fundir”,

recuerda con la gracia de una persona que atesora esos fierros viejos más que el mismo oro.

Para obtener el oro que debía fundir debía comprarlo. Recuerda que fueron muchas monedas de oro las que llegó a fundir. Hoy asegura que es una lástima y que si tuviera una de esas la atesoraría como algo muy preciado.

Aunque “El güero joyero” no es amante de usar joyas, solo porta en su mano izquierda una argolla de matrimonio que uno de sus hijos forjó para sus padres en la celebración del cincuenta aniversario de bodas.

“Este lo traigo porque me lo hizo mi hijo. Es uno de los recuerdos que me queda de mi señora. Me dejó seis hijos, una cuadrilla de nietos y todos los recuerdos”, dice con honra y con una voz de melancolía al recordar a su esposa fallecida.

En Navolato y La Palma todos lo llaman “El güero joyero”, tras 64 años continuos de trabajo se ganó el respeto de todos en el pueblo. Ahora se dedica a recoger todos los tesoros que la vida le entrega.

Porque no todo lo que brilla es oro, para Demetrio, su familia, y el amor de la gente de su pueblo, es lo que lo hace brillar su corazón de dicha, día tras día.

Dejando la sierra de Badiraguato, en La Palma, Navolato, Demetrio forjó una vida dorada. Tiene los ojos cansados de algunos recuerdos, pero le quedó un corazón de oro.

En La Palma, “El Güero Joyero” es un referente de trabajo y perseverancia.

 

 

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