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¿Retirarme yo?, ¡Jamás!

Retirarse antes de tiempo, retirarse demasiado tarde, o no retirarse nunca, tienen sus propios efectos en la empresa y en la familia.

18 noviembre, 2021
¿Retirarme yo?, ¡Jamás!

¿De verdad habrá alguien tan torpe, egoísta, inmaduro y soberbio, cómo para pensar que nunca, jamás, dejará de mandar en su empresa?

Tú no eres así; lo sé. Pero hay otros que si lo piensan, y actúan así. Los comprendo y los respeto; total, es su empresa y, también, es su familia.

Y es que desprenderte de la empresa que fundaste y tanto impulsaste, no es nada fácil; es casi un tema de tanatología.

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Y luego empiezan a explorar las razones (muchas veces, los pretextos) para no dejar el mando absoluto en su empresa:

- Es que nadie conoce la empresa tan bien como yo…

- Mis hijos no están preparados para dirigir la empresa…

- Mi tesorería personal no me va a alcanzar para sobrevivir…

- Yo soy quien tengo los contactos con los clientes y los proveedores…

- Es que…

Ningún argumento es totalmente valido y todos tienen solución.

Retirarse antes de tiempo, retirarse demasiado tarde, o no retirarse nunca, tienen sus propios efectos en la empresa y en la familia.

Acuérdate de aquel momento de inspiración en que con gran emoción (era la cena de Nochebuena o en la inauguración de aquella sucursal) te dirigías a la familia, y les decías: “Hijos, todo esto que sus padres estamos forjando, es para ustedes…” y nada; que ese momento en que “es para ustedes” no llega. Sus hijos ya son adultos, con su propia carga familiar cada uno, y no ven claros los tiempos ni los modos de la sucesión de la empresa, y siguen pensando “¿Y la Cheyenne ‘apá?”. Eso no ayuda.

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Tampoco ayuda precipitar imprudentemente las cosas.

Las etapas y sus tiempos para el relevo de los mandos, las veremos en las próximas entregas.

Contacto: Díaz Salazar y Asociados, S.C.

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