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La regla de oro para una buena herencia

Esta propuesta del enriquecimiento espiritual de tus futuros herederos es para mí, con mucho, el mejor de los consejos que contiene este programa.

26 octubre, 2021
La regla de oro para una buena herencia

Forjar buenos herederos no es menos importante que acumular una buena herencia; pero nos pasamos la vida esforzándonos por la cantidad del patrimonio, y relegamos la atención a la calidad de los herederos.

Ya comentamos antes las modalidades de la capacitación: adiestramiento (desarrollo de habilidades), capacitación en sentido estricto (adquirir conocimientos) y formación (enriquecimiento espiritual); y mi percepción en cuanto a las prioridades del empresario, son: primero, muchos conocimientos (producción, maestrías, mercado, conferencias, ventas, impuestos, etc.); luego el adiestramiento, en talleres académicos; y finalmente, y de vez en cuando, la formación: civismo, ética, historia del pensamiento, filosofía, teología, etc. Yo te propongo modificar esa jerarquización y darle a la formación de los herederos categoría de alta prioridad; pero de verdad, sinceramente: ¡alta prioridad!

¿Y por qué? Te doy mi opinión en pocas líneas:

Buenas personas hacen buenas empresas; no buenas empresas hacen buenas personas. Y sí de tu herencia se trata, el testamento más meticuloso y un plan de sucesión, así te los hayan elaborado en Harvard y vengan certificados por el Papa, no funciona si entre los sucesores hay envidias, ambiciones, rencores, egoísmos, corrupción. ¿Y qué es lo que te vacuna contra esos antivalores? ¿La capacitación o el adiestramiento? ¡No! La solución es la formación, el enriquecimiento espiritual. Y no es poesía ni romanticismo; es condición humana.

Lee: El testamento del empresario

En este tema yo me acuerdo mucho del servicio de meseros en los restaurantes. Un mesero sangrón, grosero, sucio y lento te puede echar a perder la degustación de un magnífico platillo; al igual que un mesero simpático, prudente, limpio y eficiente te puede mejorar la experiencia de un platillo mal elaborado. Así, malos herederos pueden dar al traste a tu esfuerzo empresarial en vida; buenos sucesores te mejorarán la empresa.

¿Cuál es la pregunta correcta?
¿Qué empresa le voy a dejar a mis hijos; o que hijos le voy a dejar a mi empresa?

Esta propuesta del enriquecimiento espiritual de tus futuros herederos es para mí, con mucho, el mejor de los consejos que contiene este programa.

Si te gustan las opiniones de este autor, te invitamos a seguir leyendo sus artículos AQUÍ.

Contacto: Díaz Salazar y Asociados, S.C.

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