Reyna madruga desde las 3 de la mañana para vender tamales y sacar adelante a sus cinco hijos en Navolato

La escasez de trabajo levó a Reyna Viridiana Rodelo Astorga a emprender. Hoy prepara tamales desde las tres de la mañana y vende aguas frescas frente al IMSS de Navolato para sostener a sus cinco hijos y cumplir el sueño de tener un negocio propio.

Por: Jacqueline Sánchez Osuna

 Antes de que los primeros pacientes lleguen al IMSS de Navolato, Reyna Viridiana Rodelo Astorga ya tiene lista una parte importante de su día: sus tamales están preparados, sus aguas frescas esperan a quienes buscan algo para refrescarse y su pequeño espacio de trabajo comienza a tomar forma sobre la calle Almada.

Quienes pasan por ahí ya saben dónde encontrarla. Reyna es la mujer que vende tamales y aguas con la intención de sacar adelante a su familia.

Un emprendimiento para salir adelante

Con su emprendimiento Reyna Viridiana ayuda al sustento de su hogar.

A sus 36 años, esta vecina de Navolato encontró en el emprendimiento una manera de enfrentar los momentos complicados y crear nuevas oportunidades.

Ella vive en la colonia La Tenería, donde también nació la idea de comenzar un negocio que poco a poco se convirtió en parte de su rutina diaria.

La historia comenzó cuando el trabajo para su esposo, quien se dedica a la construcción, empezó a escasear.

“Él decía que en dos o tres meses esto se iba a calmar, pero ya pasó más tiempo. Pasó un año y otro año, y pues no”, cuenta Reyna para Tus Buenas Noticias.

Fue entonces cuando decidieron buscar una alternativa.

“Dijimos: pues hay que hacer tamales para vender”. Así inició una nueva etapa para la familia.

La rutina diaria de Reyna para vender tamales

Reyna Viridiana vende tamales y agua de sabor en su negocio frente al IMSS de Navolato.

Reyna no tenía un negocio establecido ni una larga experiencia vendiendo comida. Lo que tenía era la necesidad de salir adelante y las ganas de aprender.

Su mamá también preparaba tamales, por lo que de ella recibió algunos consejos, pero Reyna buscó mejorar por su cuenta.

“Mi mamá hacía tamales, preguntándole unos tips que ella me dio y otras cosas que miré en YouTube fui aprendiendo”, explica entre risas.

Con práctica fue encontrando su propia manera de prepararlos y poco a poco comenzó a vender.

Primero recorrieron otros puntos de Navolato, hasta llegar al centro. Después encontraron un espacio frente al Seguro Social, donde decidieron quedarse.

Durante la temporada de frío también ofrecía avena caliente, pero con la llegada del calor buscaron otra opción.

Fue cuando su esposo propuso agregar aguas frescas al negocio.

Ahora Reyna vende tamales de puerco y de elote, además de aguas de jamaica, piña y cebada.

Una larga jornada que le brinda satisfacción

Los tamalitos y el agua fresca son los favoritos de la gente que viene a las consultas del IMSS en Navolato.

Su negocio requiere mucho más que llegar y vender. Su día comienza desde la madrugada.

A las tres de la mañana ya está trabajando para dejar todo listo.

Los tamales los organiza de una manera que le permita atender el negocio y también estar pendiente de su familia.

Es una rutina pesada, pero ella sabe que cada esfuerzo tiene un propósito.

Reyna es mamá de cinco hijos. Ellos son una de sus principales motivaciones.

Más allá de vender, Reyna quiere que sus hijos aprendan que siempre se pueden buscar caminos para salir adelante.

Uno de sus mayores deseos es que sus hijas tengan independencia y conozcan el valor de trabajar por sus propios sueños.

“Me gustaría que ellas aprendan a vender, que emprendan y que tengan su propio negocio”, expresa.

Aunque también mantiene la esperanza de que todos puedan estudiar y prepararse.

El puesto de Reyna frente al IMSS de Navolato representa mucho más que una venta de tamales y aguas frescas.

Es el resultado de una decisión familiar, de aprender algo nuevo y de no quedarse esperando a que las oportunidades lleguen.

Cada mañana, mientras atiende a sus clientes, Reyna también construye un ejemplo para sus hijos: el de una mujer que buscó una salida, aprendió un oficio y convirtió una dificultad en un camino para crecer.

Entre sabores, trabajo y constancia, su sueño sigue tomando forma en las calles de Navolato.