Durante 25 años, el Comandante Niño arriesgó su vida por la seguridad de Navolato. Hoy, su historia conmueve por su honestidad, humanidad y entrega total a la sociedad.
En Navolato, hablar del Comandante Niño es hablar de un hombre que dedicó prácticamente toda su vida adulta a proteger a los demás.
Un policía que sobrevivió a los años más difíciles de violencia, que nunca abandonó a sus compañeros y que, después de 25 años de servicio, logró algo que pocos consiguen: retirarse con el respeto de la gente.
Su nombre es José Isidro Gutiérrez Rocha, aunque para la mayoría simplemente siempre será "el Comandante Niño".
Un comandante humilde y hombre de respeto
A sus 51 años, recuerda su historia con humildad. Dice que antes de entrar a la policía apenas tenía la secundaria terminada y muchas ganas de salir adelante. Había sido misionero de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y soñaba con formar una familia y tener una vida tranquila.
"Yo quería hacer algo que me ayudara a mantener una familia", cuenta.
La vida no era sencilla. Eran años complicados económicamente y las oportunidades escaseaban. Después de realizar su servicio militar en Durango, regresó buscando trabajo, tocando puertas y tratando de construir un futuro. Trabajó incluso en la albañilería mientras intentaba encontrar estabilidad.
Fue entonces cuando antiguos compañeros lo invitaron a ingresar a la Policía Municipal de Culiacán.
Al principio dudó.
"Yo quería una vida tranquila, algo bien… porque iba a ser muy diferente después de haber sido misionero", recuerda.
Pero la necesidad terminó empujándolo a aceptar.
Se casó prácticamente sin nada, solamente con la esperanza de salir adelante junto a su esposa. Incluso, durante los primeros meses, ocultó que trabajaba en la corporación porque temía preocuparla.
"Casi me deja cuando supo que era policía", dice entre risas y nostalgia.
Después llegaría su traslado a Navolato, el municipio donde construiría toda una carrera dentro de la corporación y donde terminaría convirtiéndose en uno de los comandantes más reconocidos y respetados.
Un recorrido por la trayectoria del Comandante Niño en la policía
Fue comandante en Altata durante tres ocasiones, una zona que describe como una de las más difíciles y peligrosas que le tocó enfrentar. Ahí vivió algunos de los momentos más duros de su trayectoria.
Desde 2008 le tocó enfrentar los años más violentos para la corporación policiaca en Navolato. Eran tiempos en los que, recuerda, muchos agentes eran atacados y asesinados.
"Escuchaba a mis compañeros pedir auxilio… y yo iba. Aunque supiera que podía perder la vida", relata.
Mientras otros dudaban en entrar a zonas de riesgo, él acudía a rescatar compañeros emboscados o heridos. Muchas veces tuvo que mostrarse fuerte frente al miedo y el dolor de ver caer a quienes trabajaban a su lado.
"Aunque estuvieran llorando yo les decía: agarren las armas y manténganse firmes".
Dice que hubo momentos donde tuvo que endurecerse para no derrumbarse, pero jamás permitió que la violencia le arrebatara la razón por la que había entrado a la policía.
"Yo nunca olvidé que me metí para servir y proteger".
Y esa idea lo acompañó toda su carrera.
Asegura que nunca trabajó para beneficiar intereses ajenos, sino pensando en la tranquilidad de la sociedad. Incluso recuerda que muchas personas que llegó a detener años atrás hoy lo saludan con respeto en las calles.
"Hay gente que yo detuve y todavía se paran a saludarme", cuenta.
Impacto del Comandante Niño en la comunidad de Navolato
En medio de amenazas, levantones y situaciones límite, sobrevivió aferrado a su fe y a la convicción de que estaba haciendo lo correcto.
"Todo el tiempo viví con amenazas… pero yo solamente hacía mi trabajo", comparte para Tus Buenas Noticias.
Durante su trayectoria recibió el Mérito Policial, un reconocimiento que guarda con orgullo porque representó el esfuerzo realizado en una de las etapas más complicadas para Navolato.
Pero más allá de cualquier medalla, hay algo que parece valorar todavía más: el cariño de la gente.
Porque después de 25 años en la corporación, el Comandante Niño se retiró dejando una imagen distinta a la que muchas veces pesa sobre un uniforme. La de un policía cercano, humano, valiente y honesto.
Un hombre que todavía conserva intacta la idea que tenía desde niño, cuando jugaba a ser superhéroe junto a sus amigos.
"Hasta la fecha no se me quita esa ideología de proteger a alguien y actuar en beneficio de la gente".
Y quizá por eso, en Navolato, muchos todavía lo recuerdan no solo como comandante… sino como alguien que siempre estuvo dispuesto a ayudar.