No hubo amenazas directas, pero algo hizo que 22 familias abandonaran su hogar

En Cosalá, 22 familias abandonaron su comunidad en Potrerillo de los Torres por el clima de inseguridad. Sin amenazas directas, el miedo las obligó a dejar su hogar y empezar una nueva vida.

Por: Yolanda Tenorio

Cosalá, Sinaloa. La noche del 14 de octubre del 2024, María del Carmen cerró la puerta de su casa en Potrerillo de los Torres sin imaginar que pasarían meses antes de volver a verla.

Mientras la oscuridad cubría las calles de la comunidad, ella, su familia y otras 21 familias tomaron una decisión que cambiaría sus vidas: abandonar su hogar ante el clima de inseguridad que se vivía en la región de Cosalá, Sinaloa.

Nadie llegó a amenazarla directamente. Nadie le exigió marcharse. Pero el miedo, la incertidumbre y los constantes hechos de violencia en los alrededores fueron suficientes para que decenas de personas emprendieran un éxodo que transformaría para siempre su historia.

María del Carmen pudo rescatar unos borregos propiedad de una de sus hijas quien estaba muy apegada a ellos

La historia de María del Carmen y su familia tras el desplazamiento forzado

Antes del desplazamiento, María del Carmen llevaba una vida estable en su comunidad. Administraba una tienda Diconsa bien surtida y su esposo trabajaba en labores de herrería para los habitantes de la zona.

Durante años construyeron su patrimonio. Sin embargo, la salida fue tan apresurada que tuvieron que dejar mercancía, herramientas y gran parte de sus pertenencias.

Tiempo después regresaron con la esperanza de rescatar algo de lo que habían dejado, pero se encontraron con una realidad desoladora.

"La verdad no supimos quiénes se llevaron las cosas. Ahí quedó una que otra cosa regada que anduvimos recogiendo y me las traje", recuerda.

Las pérdidas fueron cuantiosas. María del Carmen calcula que perdió alrededor de 90 mil pesos entre productos de Diconsa y alimentos que comercializaba.

Impacto de la violencia en las comunidades de Sinaloa y el éxodo de familias

Tras abandonar Potrerillo de los Torres, la familia llegó a la cabecera municipal de Cosalá. Al principio rentaron una vivienda mientras enfrentaban las dificultades económicas propias de empezar de nuevo.

Contaban con un pequeño terreno en obra negra y, con materiales recuperados de su antigua vivienda y el apoyo de Diconsa para reinstalar la tienda, comenzaron una nueva etapa.

"Aquí estaba en obra negra, y como rentábamos, le dije a mi esposo que nos viniéramos. A como pudimos le pusimos el techo y nos venimos. Después nos volvieron a surtir la tienda y aquí estamos echándole ganas", relata.

Con el paso del tiempo, las paredes vacías se convirtieron en un hogar y la tienda volvió a ser el principal sustento de la familia.

Solidaridad entre familias desplazadas en Cosalá y su nueva vida

La historia de María del Carmen no fue un caso aislado. Junto con los habitantes de Potrerillo de los Torres, también se desplazaron familias de Guadalupe de los Reyes, Potrerillos, El Camichín de los Luna, El Saucito, Rosalía, El Capule y La Tasajera. La mayoría de ellos  se establecieron en Cosalá.

"Aquí decidimos quedarnos todos, con la esperanza de estar subiendo", comenta.

Algunos vendieron su ganado para sobrevivir. Otros encontraron empleo haciendo cercos, trabajando en la central de autobuses o realizando labores domésticas. Muchas mujeres comenzaron a preparar tortillas, tamales, pan, empanadas y coricos para sostener a sus familias.

Entre quienes tuvieron que abandonar sus comunidades surgió una red de apoyo mutuo.

"Hay una señora desplazada que hace pan, ella me surte. Yo lo hago porque hay que ayudarnos entre todos los que nos tuvimos que bajar", expresa María del Carmen.

Ella también elabora jamoncillos y queso para complementar los ingresos familiares.

Con las vacas que aún conservan en Potrerillo de los Torres y en Cosalá, aprovechan la leche para hacer quesos para le venta

Sembrando vida y el vínculo con la tierra que nunca abandonaron

Aunque se establecieron en Cosalá, nunca dejaron de pensar en su comunidad.

Gracias al programa Sembrando Vida, continuaron atendiendo una huerta con árboles de limón, mango y mandarina, además de papaya, piña y chile piquín.

"Teníamos que subir para regar, porque el limón ocupa más agua, y aprovechábamos para traer limones, piñas y naranjas", explica.

También conservaron parte de su ganado y participaron en labores de reforestación con especies como huanacaxtle, amapa y apomo.

En Cosalá, el miedo a la violencia provocó el desplazamiento de varias familias que hoy enfrentan el reto de reconstruir su vida lejos de su comunidad.

La esperanza de regresar a su hogar

A pesar de haber reconstruido su vida y recuperado cierta estabilidad económica, el anhelo de regresar sigue intacto.

"No perdemos la esperanza de regresar. "Estamos acostumbrados a vivir en el campo", afirma.

Sus hijas crecieron rodeadas de animales y naturaleza, por lo que adaptarse a la vida en la cabecera municipal no siempre fue sencillo.

Hoy, más de un año y medio después de abandonar su hogar, María del Carmen y su familia continúan trabajando para salir adelante, aferrándose a la esperanza de volver algún día al lugar donde construyeron sus recuerdos.

Su historia refleja la realidad de numerosas familias desplazadas en la sierra de Sinaloa. Es una historia de pérdidas materiales y proyectos interrumpidos, pero también de resiliencia y de la capacidad de comenzar nuevamente cuando parece haberse perdido todo.

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