Desde hace más de dos décadas, María Jesús Quintana, mejor conocida como Doña Mari, ofrece raspados artesanales en el parque de Cosalá, donde su puesto ya es parte de la vida cotidiana del municipio.
Por: Yolanda Tenorio
Cosalá. En el pequeño parque infantil de Cosalá hay un puesto que forma parte de la vida cotidiana del municipio. Bajo la sombra de los árboles, rodeada de niños, familias y visitantes, se encuentra María Jesús Quintana Machado, mejor conocida por todos como Doña Mari de los raspados.
A sus 64 años, su nombre se ha convertido en una referencia obligada para quienes buscan refrescarse durante los días calurosos.
“Ya todos me conocen como Doña Mari”, dice con una sonrisa.
La historia de Doña Mari y su negocio de raspados
La historia de Doña Mari en el comercio comenzó hace 21 años.
Su primer negocio fue una sencilla mesa instalada en el parque principal de Cosalá, donde vendía raspados y fruta picada para ayudar con los gastos de su familia.
“Empecé porque a veces uno es de bajos recursos y tiene que buscar cómo salir adelante”, recuerda.
Madre de tres hijos y esposa de un trabajador, encontró en la venta de raspados una oportunidad para contribuir al sustento del hogar.
Lo que comenzó como una necesidad económica terminó convirtiéndose en una actividad que le permitió construir una clientela fiel y ganarse el cariño de toda una comunidad.
Los sabores artesanales que han marcado generaciones
En su pequeño puesto ofrece sabores elaborados por ella misma.
Leche , guayaba, piña, ciruela, tamarindo, vainilla y fresa forman parte de su menú habitual.
“La ciruela con piña es la que más me piden. También la vainilla con fresa”, señala.
Los raspados se venden en diferentes tamaños y tienen precios que van de los 25 a los 60 pesos.
Aunque para muchos un raspado parece algo sencillo, detrás de cada vaso existe un proceso artesanal que requiere tiempo y dedicación.
Doña Mari prepara personalmente los concentrados que utiliza.
“Es la ciruela la que más trabajo me da. Tengo que lavarla muy bien desde un día antes, ponerla a remojar y luego cocerla”, explica.
Después agrega azúcar y otros ingredientes hasta obtener el concentrado que da vida a uno de sus sabores más populares.
Cada preparación busca conservar el sabor natural de las frutas, algo que sus clientes reconocen y valoran.
El impacto de Doña Mari en la comunidad de Cosalá
Su jornada inicia desde temprano y suele terminar alrededor de las siete o siete y media de la tarde.
En temporadas de mayor movimiento permanece hasta las ocho de la noche atendiendo clientes.
Con el paso de los años, el parque infantil se ha convertido en una extensión de su hogar.
Todos los días observa a niños jugando, estudiantes haciendo tareas y familias enteras disfrutando una tarde al aire libre.
Más allá de las ventas, Doña Mari encuentra su mayor satisfacción en los logros alcanzados por sus hijos.
Gracias al trabajo realizado durante años detrás de su puesto de raspados logró apoyarlos en su formación profesional.
De Guadalupe de los Reyes a Cosalá
Aunque actualmente vive en la colonia El Llano, Doña Mari es originaria de las cercanías de Guadalupe de los Reyes.
Como muchas familias serranas, llegó a la cabecera municipal en busca de mejores oportunidades y mayor seguridad.
Con el paso de los años observó cómo muchas comunidades fueron quedando vacías debido a la inseguridad, aunque ahora mira con esperanza el regreso de algunas familias.
“Ya mucha gente está regresando a sus comunidades. Gracias a Dios”, comenta.
Doña Mari, un símbolo de esfuerzo y tradición en Cosalá
Después de 21 años vendiendo raspados, Doña Mari se ha convertido en mucho más que una comerciante.
Su puesto es un punto de encuentro, una referencia para visitantes y un símbolo del esfuerzo de muchas mujeres que todos los días trabajan para sacar adelante a sus familias.
Mientras continúa sirviendo raspados de ciruela, piña o leche quemada, sigue escribiendo una historia de perseverancia y orgullo.
Una historia que, al igual que sus raspados, ya forma parte del sabor y la memoria de Cosalá.