En Cosalá, don Octavio García es uno de los últimos artesanos que fabrican huaraches tradicionales. Su trabajo de más de 20 años mantiene viva una tradición que hoy enfrenta el riesgo de desaparecer.
Por: Yolanda Tenorio
Cosalá, Sinaloa. Son 20 años de cuero, puntadas y trabajo artesanal. Octavio García no solo fabrica huaraches; con cada par mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad de Cosalá y que hoy enfrenta el riesgo de desaparecer.
Originario de El Rodeo, pero avecindado en la cabecera municipal, don Octavio ha dedicado dos décadas a elaborar los tradicionales huaraches cosaltecos, una herencia cultural que aprendió por su cuenta y que ahora busca preservar para las nuevas generaciones.
Los últimos artesanos de huaraches en Cosalá
Actualmente, Octavio García y Sergio García son los únicos que se dedican a este oficio en Cosalá. Sin embargo, Sergio sufrió un accidente que lo mantiene en reposo, por lo que hoy Octavio es quien continúa trabajando.
En su taller, impregnado con el aroma del cuero nuevo, recuerda que ninguno de los dos tuvo un maestro.
“Nosotros aprendimos solos. Nadie nos enseñó”, relata con tranquilidad.
Lo que más le preocupa es que no hay jóvenes interesados en aprender.
Los huaraches cosaltecos, parte de la cultura e identidad local
Don Octavio elabora el tradicional huarache cosalteco, utilizado para el trabajo en el campo y para el uso diario. También fabrica el llamado “de tres piquetes”, un modelo que incluso es solicitado desde Estados Unidos.
“Allá en Estados Unidos, a las personas de este lugar les gusta ese tipo de huarache. Les gusta que les pegue el aire en los pies, sentirlos libres y también es como para recordar sus raíces”, manifestó.
Su padre era talabartero y fabricaba sillas de montar. Aunque aprendió ese oficio, Octavio decidió seguir otro camino.
“Sí sé hacerlo, pero es más trabajo y ya casi no se venden”, comenta.
La historia detrás del huarache cosalteco
Don Octavio recuerda que Don Isidro Gómez, quien falleció hace alrededor de 15 años, fue el pionero de este tipo de calzado.
“Él todavía vivía cuando yo empecé, pero fue el que los inventó. Era el meramente, el que surtía a todo el pueblo y la sierra, por eso le decimos cosalteco. Otros le dicen huarachito y otros huarache de tacón”, expresó.
La situación económica ha afectado las ventas. Explica que muchas personas de la sierra ya no bajan a Cosalá, lo que ha impactado diversos oficios.
Actualmente, puede elaborar dos pares por día. Cada uno tiene un costo aproximado de 600 pesos y está hecho con piel de res.
Un huarache requiere suela, plantilla, hebillas, clavos, grapas y un hule especial conocido como “capote”, además del forro y las correas.
“En el centro lleva un hule que le decimos capote para que no quede tan duro el huarache. Lleva hebillas, clavos, grapas. Tiene mucho trabajo y mucha gente nos dice que están caros”, aseveró.
Además de fabricar huaraches, también cose y repara zapatos y tenis de manera manual.
De trabajar la pita a fabricar huaraches
Antes de dedicarse al calzado, Don Octavio trabajó durante años en el piteado junto con su hermano.
“Teníamos muchos clientes, sobre todo de la sierra. Yo llegué a tener hasta veinte trabajadores. Dejé eso hace mucho tiempo, pero no descartamos volver, porque para el sur se le está dando mucha promoción a este trabajo”, agregó.
Durante la pandemia tuvo una etapa de mucho trabajo gracias a los pedidos que enviaba a Estados Unidos.
Sin embargo, actualmente trabaja más despacio debido a que se quemó el motor de una máquina rebajadora y gran parte del proceso tiene que hacerlo manualmente.
“Qué más quisiera yo que este oficio no se pierda”
Con nostalgia, Don Octavio reconoce que cuando deje de trabajar probablemente la tradición no continuará en su familia.
Solo tiene una hija que vive en Culiacán y los hijos de su compañero son profesionistas que radican fuera de Cosalá.
“Los jóvenes no quieren aprender el oficio. Yo enseñé a sobrinos, pero ya tienen su trabajo. Qué más quisiera yo que este oficio no se pierda. Es un oficio bonito. A lo mejor podemos agarrar un joven que quiera aprender, porque ya estamos mayores y la vista se va acabando”, puntualizó.
Después de 20 años entre agujas, cuero y herramientas, Don Octavio continúa trabajando con paciencia y dedicación. En cada par de huaraches no solo hay un producto artesanal, sino una parte de la historia y la identidad de Cosalá que se niega a desaparecer.