En la colonia San Luis, una joven emprendedora encontró en la venta de raspados y antojitos una forma de salir adelante mientras cuida a su bebé de siete meses
Por: Victoria Herrera
Culiacán, Sinaloa.- En la colonia San Luis, por la avenida Ramón López Velarde a lado de los abarrotes Gabriela, Paulina Chávez encontró en los raspados y antojitos una forma de salir adelante mientras cuida a su bebé de apenas siete meses.
Entre sabores dulces, jornadas largas y un carrito que ha ido ganando clientela, ha logrado construir un pequeño emprendimiento que ya forma parte del día a día de vecinos que pasan desde temprano a refrescarse.
Pues tuve a mi bebé y no tenía quién me lo cuidara. Me lo llevaba todos los días al negocio y dije: ‘no, voy a poner algo, mínimo en lo que estoy aquí sacar dinerito’”, comparte la emprendedora.
Paulina, quien organiza su jornada para poder atender su puesto sin descuidar a su hijo, menciona que es algo que se vio en la necesidad de hacer, pues no solo tiene a su bebé, sino a dos niños más grandes.
Su negocio ofrece una variedad de raspados con sabores como manzana, durazno, fresa, piña, tamarindo, vainilla, guayaba y ciruela, además de combinaciones especiales como leche quemada con coco, que se han convertido en las más solicitadas.
Los precios van desde los 35 hasta los 65 pesos, dependiendo del tamaño y la preparación. También incluye antojitos como cevichurros y callos, que han ampliado la oferta del puesto y atraído más clientes.
Con sabores variados, buenos precios y mucha constancia, su puesto ya se ha ganado la preferencia de vecinos y clientes que regresan a diario, especialmente en las tardes, cuando el calor hace que los raspados se vuelvan una opción muy buscada, donde siempre recibe con una sonrisa a sus clientes.
Pues les gusta mucho, gracias a Dios si tengo mis clientes”, comenta con orgullo.
Un negocio con sabor a orgullo
Entre las anécdotas, Paulina recuerda feliz que incluso desde sus primeros días de venta notó buena respuesta, algo que no siempre es común en este tipo de negocios.
Su experiencia en este giro no es nueva. Recuerda que desde los 24 o 25 años ya había trabajado vendiendo raspados y preparaciones similares, aunque ahora lo hace con una perspectiva distinta: la de ser madre y buscar independencia económica.
La comedera siempre deja… uno es bien antojado”, dice entre risas al explicar por qué eligió este tipo de productos.
Originaria de Guasave, pero con más de dos décadas viviendo en Culiacán, ha encontrado en la ciudad un lugar de movimiento y oportunidades.
Y es así, como entre el calor de la colonia San Luis, el sabor de los raspados y la compañía constante de su bebé y sus hijos mayores, la historia de Paulina refleja el esfuerzo de muchas madres que combinan trabajo, familia e independencia desde lo cotidiano.