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SUPERACIÓN PERSONAL

Elva Sandoval, 49 años de comerciante con los trabajadores del campo de Villa Juárez

Llegó de Obregón para dedicarse al comercio. Era una niña de 12 años cuando empezó a vender a orilla de parcela en los campos legumbreros de Villa Juárez.

Elva Sandoval, 49 años de comerciante con los trabajadores del campo de Villa Juárez

Villa Juárez, Navolato.- Elva Sandoval Durán lleva 49 años de comerciante con los trabajadores del campo. Sabe que la vida no es fácil, pero buscándole el lado bueno ha encontrado grandes satisfacciones. Llegó de Obregón, Sonora cuando tenía 12 años, en vez de ir a la escuela la necesidad la arrojó a las parcelas para vender productos a los trabajadores del campo. En los canales y guardarayas donde andaba el dinero. Ya cumplió 49 años de comerciante.

Eran nueve hermanos cuando llegaron traídos por un tío que ya era comerciante en los campos de Villa Juárez. Les dijo si aprenden a vender, de hambre no se van a morir. Y así empezaron con el tío a vender lo que los trabajadores compraban en ese tiempo: “Lo que era el guante, la bolsa para el lonche, la brillantina, la cremita y todas esas cosas que les gustaban”.

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En 1971 cuando Elva llegó a Villa Juárez “era muy pequeño, realmente no era masque del puente para allá, y aquí lo que eran Las Cupías, dos callecitas de casitas y la gente sí muy amigable, muy buenas gentes todos”, dice recordando cómo fueron recibidos en el pueblo.

De lo difícil del trabajo del campo era levantarse a las 4 de la mañana, porque “Aquí la gente a las 3 de la mañana ya estaba haciendo su lonche y a las 4 de la mañana ya iban al trabajo”. Y ella y sus hermanos iban tras los jornaleros: “íbamos a los campos, había varios campitos donde íbamos a vender. Y fue la forma que pudimos salir adelante. Ya de ahí yo fui teniendo ya lo mío, me aparté y ya fui haciendo yo con lo mío mi fortuna, y pues afortunadamente aquí estoy todavía a los 61 años”.

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Antes de 1978 Elva Sandoval anduvo en la gestión para la instalación del mercado de la Sindicatura, esperanzada en que le tocaría un local para vender. Pero no alcanzaron para ella porque estaba pequeña. Y siguió de comerciante con los trabajadores del campo en las parcelas, en los canales, y en los puntos de raya, por donde andaba el dinero de los trabajadores.

Ahora es dueña de 3 locales en el mercado municipal, los compró “derechos” con su propio esfuerzo dice con orgullo. Uno lo atiende ella y los otros dos los atienden sus hijos. “Trabajo para mí, tengo lo mío propio. Soy dueña de lo poquito que tengo, de otra manera quien sabe dónde estuviera. A lo mejor si hubiera estudiado, fuera empleada, por allá de secretaria de un escritorio tal vez, a lo mejor mi rumbo hubiera sido otro. Sin embargo, a como se dieron las cosas yo sigo aquí. Como estoy soy feliz, soy afortunada”, dice con satisfacción.

Para Elva la vida de comerciante tiene ciclos y eso le renueva el entusiasmo. “Y da gusto cuando viene la navidad, de: ¿qué tiene’, ¿qué trajo?, ¿qué va a traer?, queremos saber qué tiene. El 14 de febrero igual la fecha del día del amor y la amistad, los dulces, los chocolates, los aretitos, el peluchito. El 10 de mayo ahí viene. Ahorita pues estamos “jodidos” con la mochila que no ha repuntado la venta porque desgraciadamente por lo del Covid pues, se detuvo todo esto, pero sí son ventas buenas también para uno. Y ya viene el 10 de mayo que ya nos está picando los pies, que desde mucho antes hay que comprar”.

El local de Elva Sandoval es un establecimiento para la venta de bicicletas y accesorios, pero en los otros dos locales familiares vende de todo. Siente un gran aprecio por los trabajadores del campo, porque, así como ellos llegan buscando la vida, así llegó también ella.

De ellos dice: “Son mi vida, definitivamente. La gente de afuera es la que nos da de comer. Es lo que he admirado, siempre a mis hijos les digo: de esos venimos comiendo nosotros. Esa es la gente que nos da de comer. La gente que se va al campo a las 4 o 5 de la mañana y vienen a comprarse la lámpara, la pila, el comal, la tortillera. Cuando llegan me dicen, vamos llegando, yo les regalo algo, una cucharita y les digo aquí vendo, aquí tenemos, aquí les vamos a dar buen trato. Oiga que cuídeme mis cosas. Claro que sí, ¿cuánto es? Nada”.

“Les digo que los traten bien, porque todos somos iguales. Hace mal la gente que discrimina. Mi amá siempre así nos enseñó a darle el bocadito a la gente. Muy conocida Doña María Durán”, afirma recordando los tiempos buenos que estuvo a su lado.

Se le preguntó a Elva Sandoval Durán ¿qué significa para ella Villa Juárez?, hace una pausa, respira profundo y con la voz quebrantada dice: “Para mí villa Juárez es lo más bonito en mi persona, en mi presencia. Porque aquí nacieron mis hijos, aquí formé mi familia y soy feliz, imagínese 61 años ya cumplidos. Llegué a los 12 años chiquita, pues me abrigó, me cobijó y púes de aquí soy, ya tengo también mi pedacito en el panteón” dice entre sollozos.

La historia de Elva es la de muchos migrantes, llegó de Obregón Sonora, golpeada por la crisis y aquí se fue abriendo brecha para vivir mejor. En las guardarrayas y en los campos de paga fue haciendo sus ventas. Ya tiene 5 décadas de comerciante con los trabajadores del campo con esa actividad y así piensa seguir. Su vida es escuchar la algarabía y gritos de la gente en el mercado. En ese pequeño mundo es feliz. Las estaciones del año traen el renuevo de mercancías e ilusiones.

¿Qué va a traer ahora, qué trajo?, son las preguntas que le dan motivo para pasar el tiempo. Las bicis que vende ahora son la alegría de otros. Con la vivencia de Elva, son el empuje para llegar a mejores tiempos, en esas ruedas viaja el esfuerzo. Viaja la vida.

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