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Nunca hemos vivido tan bien… y nunca nos hemos quejado tanto

Vivimos en la era de mayor comodidad y acceso tecnológico de la historia, pero también en la de mayor insatisfacción. Nunca tuvimos tanto y, sin embargo, nunca nos quejamos tanto. La felicidad, parece, ya no depende de lo que tenemos, sino de con quién nos comparamos.

15 enero, 2026
VA
Por VA
La humanidad logró lo que antes parecía imposible: comunicación global, vuelos intercontinentales y tecnología al alcance de la mano.
La humanidad logró lo que antes parecía imposible: comunicación global, vuelos intercontinentales y tecnología al alcance de la mano.

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Nunca hemos vivido tan bien… y nunca nos hemos quejado tanto
 Los tres milagros que ya no vemos. 
Tres cosas que, objetivamente, son milagros históricos y que hoy solo generan quejas:

  1. Smartphones: pantallas más grandes, más potencia, más capacidades… y enfado porque la batería dura “solo” un día.
  2. Internet en los aviones: estás a 10,000 metros, cruzando continentes… y protestas porque el WiFi va lento.
  3. Volar por el mundo: recorrer el planeta en horas mientras trabajas, lees o ves una serie… convertido en rutina.

El problema no es la tecnología. 
Todo lo extraordinario se vuelve invisible en cuanto se normaliza. 
Tenemos: Acceso total, Movilidad total y Capacidad total. Y, aun así, sensación creciente de insatisfacción.

Me recuerda a los estudios que demuestran esto:

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El dinero, las comparaciones y la felicidad. 
Cuando todo el mundo cobra más o menos lo mismo, las diferencias son pequeñas y la satisfacción media es más alta.

Cuando empiezas a cobrar mucho, ocurre lo contrario. Las diferencias entre los que “ganan mucho” se disparan. 
Siempre hay alguien ganando 2x, 5x o 10x más que tú, y la sensación de ir bien se diluye… y aparece la insatisfacción.

El dinero se convierte en una carrera infinita sin línea de meta.

Y por eso Zygmunt Bauman afirmaba: “La estrategia de hacer feliz a la gente elevando sus ingresos no parece que funcione”.

La perspectiva de Zygmunt Bauman. Según el filósofo polaco, premio Princesa de Asturias, y que ideó el concepto “modernidad líquida”, si construimos nuestra identidad a través de decisiones de consumo (decisiones líquidas), el fracaso está asegurado. 

Me quedo con estas dos frases suyas:

“Hay muchas formas de ser feliz, pero en la sociedad actual todas pasan por una tienda”.

"La mitad de los bienes cruciales para la felicidad humana no tienen precio de mercado y no se venden en las tiendas".

La felicidad no es absoluta, es relativa. 
Aquí está el núcleo del problema. La felicidad humana no se mide en términos absolutos, sino comparativos.

No importa cuánto tienes. Importa con quién te comparas.

La tecnología ha hecho dos cosas a la vez:

Ha disparado el bienestar absoluto como nunca antes en la historia.

Ha ampliado de forma brutal el marco de comparación.

Antes te comparabas con tu entorno cercano. 
Hoy te comparas con todo el planeta, en tiempo real, filtrado y muchas veces optimizado para generar envidia.

¿Hay salida? Para mí, solo hay una. 
Formarte transversalmente para no dejarte llevar.
Dedicar esfuerzo y tiempo en humanidades puras para redondear mi formación. 
Si a ti te falta la parte de entender los negocios esto te ayuda.


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