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Vivir de hacer reir a los demás, de entretener a niños y adultos, de buscar el aplauso y mantener la ilusión de los más pequeños en festejos y cumpleaños es la pasión de Fernando de Jesús Tostado Lizárraga.
Aunque ser payaso no era una idea que cruzara por su mente, cuando niño ver a los payasos en las fiestas le fascinaba. En entrevista con Tus Buenas Noticias, platica que de pequeño se auto invitaba a las piñatas de los niños de su colonia en Mazatlán, sobre todo cuando sabía que un payaso presentaría su show.
“Yo iba a las piñatas y cuando veía a un payaso me sentaba toda la piñata, aunque no me hubieran invitado, mi mamá preguntaba por mí y mi hermano gemelo me iba a buscar a las fiestas, regressaba con pedazos de las piñatas y las colgaba en el patio de la casa, ahí rompíamos la piñatita nosotros”, recuerda.
Ese gusto por las fiestas y la inquietud de ser quien entretiene a los demás en una reunión fue creciendo y durante la adolescencia por primera vez pensó en ser payaso, aunque lo dijo como un simple comentario una Navidad y su familia no lo creyó, ese camino estaba marcado para él. 
“De mi familia nadie es payaso, mi papá sí es una persona graciosa, le gusta entretener a la gente pero nunca le pasó por la mente ser payaso”, dice al describir a su padre que es parte de su inspiración para hacer su trabajo.
A los 17 años Fernando declaró ante su familia que sería payaso, pero fue hasta los 20 años cuando se presentó la oportunidad de probar suerte y vestirse con el atuendo de un payaso, cuando un primo que trabajaba para una estación de radio lo invitó a una manifestación carnavalera, la condición era que se vistiera de payaso para el evento.
“Pedí pedidos unos zapatos y un vestuario a un conocido, me pinté parecido a él y dije sí me queda, me veo bien pintado, porque no es nada más pintarte, te tiene que quedar, tienes que verte bien: que no te veas triste, que no des miedo, realmente creo que me gustó como me veía”, dice con entusiasmo.
En esos años Fernando vivía con sus papás y ya trabajaba como valet parking en el mismo restaurante que su papá, donde tenía un ingreso con el que podía contribuir para solventar los gastos del hogar.
Así, después de participar en su primera manifestación de Carnaval, continuó trabajando como payaso en otros eventos similares, activaciones y festejos en escuelas durante dos años. 
Una de las personas que más lo apoyó fue su abuelita Juana, una mujer de buen carácter, que lo animaba a seguir con su trabajo y a quien Fernando recuerda en todos sus eventos con una frase cuando los aplausos son pocos: “Ese aplauso esta más aguado que la sopa de mi abuela Juana”, dice con una sonrisa.
Sus primeros clientes: sus vecinos
Sus primeros eventos como animador en piñatas fueron en su propia colonia, los vecinos al saber de su oficio como payaso lo contrataban y esperaban con emoción para verlo en su show.
“La primera piñata donde trabajé solo fue en la colonia Juárez en frente de mi casa, fue una fiesta con muchos nervios, toda la gente estaba esperando a que saliera, me terminé de maquillar, me asomé a la ventana y había mucha gente, me persigné y dije si no es hoy no será nunca y salí a dar el show”.
Fue así como nació el Payaso Chokorroll, poco apoco Fernando fue construyendo su personaje, le puso una peluca roja que es su característica principal, compró vestuarios, zapatos y se preparó para todo tipo de públicos, pues sabía que tenía que ofrecer shows para niños y adultos si quería vivir de esta actividad.
“Empecé con show infantil, pero sabía que podía sacar un evento para adultos, por mi forma de ser. El chiste es tener repertorio para todo tipo de eventos, le metí muchas ganas porque me gusta mucho este arte, yo amo al payaso con todo mi corazón”, asegura.
Fernando se esmeró en cada show para conseguir más clientes, consciente de que hay temporadas muy buenas y otras en los que pueden pasar semanas en las que no se presente una oportunidad de trabajo. 
Su familia, su principal motor
Hace seis años, ya con una carrera como payaso en Mazatlán, Fernando conoció a Perla, una joven que era vecina de uno de sus primos y la cortejó hasta lograr que fuera su novia, hoy tienen seis años casados y dos hijas.
Su familia ha sido un detonante para que el Payaso Chokorroll crezca. Hace unos meses, a sugerencia de Perla, renovó su show por completo, mejoró la producción de sus shows y empezó a diversificar su pequeña empresa con barras de snacks.
Después de 24 años decidió dejar el empleo como valet parking para dedicarse al cien por ciento a su emprendimiento, en el que su esposa lo apoya y lo motiva.
“Tengo poquito que renové mi show, le metí muchas cosas nuevas desde el sonido, una plataforma, el show de burbujas, una bazooka de confeti, juegos nuevos, todo nuevo, vestuario nuevo, uno tiene que renovarse”, explica.
Las hijas de Fernando disfrutan ver a su papá trabajando, aunque al principio llegaron a tener miedo al verlo caracterizado como payaso, él les mostró como se maquillaba y se desmaquillaba para que lo reconocieran. 
Hoy, la mayor de sus hijas se pone sus zapatos, le pide que la maquille y juega a hacer shows en su casa, dice que quiere ser payasita, pero él la anima a continuar estudiando y asegura que la apoyará si de grande quiere ser animadora de eventos.
Con una carrera de 15 años como payaso, Fernando se siente satisfecho de lo que ha logrado con su trabajo, pero es consciente de que la competencia es mucha y el trabajo en estos meses puede ser escaso por la situación de violencia que frena los eventos en el puerto.
“Me da orgullo que a la gente le guste mi trabajo, tener 15 años en este arte y permanecer porque a la gente le gusta mi trabajo, no ha sido fácil hay altas y hay bajas, pero cuando ha habido temperadas malas yo me digo no te vas a rendir, no voy a quitar el dedo del renglón, voy a ser alguien aquí en Mazatlán y pues le voy a echar muchas ganas”, dice convencido.
El Payaso Chokorroll “El de la peluca roja”, disfruta cada evento, trata de dar lo mejor en cada show para que la gente quede satisfecha “para mí la mejor recompensa es cuando la gente se acerca después del show a pedirme una tarjeta o que me recomiendan”, señala. 
Fernando, el Payaso Chokorroll, demuestra que la risa puede ser también trabajo, proyecto y esperanza: ante las dificultades no se quedó quieto, reinventó su espectáculo, añadió productos y elevó la producción para convertir su pasión en sustento familiar.
Su peluca roja no solo anuncia un show, sino la voluntad de alguien que aprende, innova y apuesta por nuevas formas de ganarse la vida sin dejar de hacer sonreír.
Esa energía de quien transforma un talento en empresa inspira a la comunidad a valorar a quienes entretienen y sostienen con su trabajo parte de la cultura popular.











