De agente de ventas a producir tonelada y media de tortillas cada día en Mazatlán, la historia de Mauricio Villalpando Quiroz
La Tortillería Marco Polo en Urías es un referente con 62 años de historia en el sector, Mauricio y su esposa la compraron hace 32 años y lograron cimentar con mucho esfuerzo un negocio familiar que hoy por hoy los une a la comunidad


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Mauricio Villalpando Quiroz es el propietario de la tortillería Marco Polo, ubicada en la confluencia de la avenida Rastro y la calle Tráfico en la colonia Urías de Mazatlán.
Hace más de 60 años se fundó este negocio como tortillería “La Maya”,
propiedad de un empresario que poseía varios negocios de ese giro principalmente en el sector centro de la ciudad.
Con el paso de los años la tortillería dejó de ser un buen negocio para su dueño que decidió cerrarla y venderla.
Hace 32 años, un 2 de febrero de 1994, levantó de nuevo sus cortinas con un nuevo nombre y un nuevo propietario, un joven que después de ser agente de ventas de una empresa de Maseca decidió aventurarse y comprar su propia tortillería. 
Mauricio cuenta en entrevista con Tus Buenas Noticias cómo se decidió a invertir en este negocio y apostarle a crecer en la industria de la masa y la tortilla, que a pesar de ser un giro noble, no ha sido fácil para él y su familia.
“Yo trabajaba en una empresa que es de Maseca, era agente de ventas en Mazatlán, me tocó conocer varias tortillerías y opté por hacerme de una, opté por quedarme con esta tortillería, comprarla, esta tortillería tiene aquí como 62 años, la mitad de la vida de la tortillería ha sido mía”, explica.
Con orgullo platica que, conociendo la historia de casi tres décadas de la tortillería en Urías, le parecía triste que teniendo una buena ubicación la hubieran cerrado así que se acercó al antiguo dueño y le ofreció un trato.
“Hice el trato en aquel entonces el dueño me vendió hasta en abonos porque yo tenía la idea de emprender mi propio negocio, no ser trabajador de una empresa, emprendí al lado de mi esposa y mis padres que en aquel entonces me apoyaron”.
Su esposa, la maestra Isidora Guadalupe Osuna Lamarque, originaria de Coyotitán San Ignacio, ha sido durante todos estos años su gran apoyo, a pesar de ejercer su carrera como profesora se mantuvo siempre a su lado en la tortillería ayudando en el área administrativa, que hoy, ya jubilada, está a su cargo al cien por ciento.
Innovar para competir
Al principio la pareja enfrentó una situación complicada para levantar el negocio, otra tortillería estaba a unos cuantos locales de la suya y aunque en la colonia había suficientes clientes para ambos negocios, la ubicación tan cercana era un punto en contra.
Entonces Mauricio, que llamó a su tortillería “Marco Polo” en alusión al explorador y comerciante italiano, tuvo la idea de innovar en la veta de las tortillas, un producto básico en la dieta de los mexicanos.
Y aunque su manera de innovar tuvo reacciones en contra en un principio, después una gran parte del gremio tortillero en Mazatlán empezó a seguir sus prácticas para mejorar las ventas. 
“Fui pionero en el reparto a tiendas, como se puede imaginar anteriormente no se hacía reparto a las tiendas y yo empecé a hacerlo, muchos industriales se pusieron en contra tuve muchos problemas, aunque no era competencia desleal porque desde 1973 quedó libre la oferta y la demanda de la tortilla, era completamente legal”, asegura.
Desde 1994 la Tortillería Marco Polo empezó el reparto a tiendas y Mauricio no quitó el dedo el renglón, empezó llevando producto al Fraccionamiento Santa Fe que estaba apenas en construcción y a La Sirena, donde había tortillerías, pero le quedaban lejos a las personas.
“Nosotros empezamos a abrir ese mercado, ese fue el detonante del éxito que ahorita tenemos en la tortillería”, dice emocionado.
En el transcurso de estos 32 años, la familia ha tenido otras tortillerías en los sectores Flores Magón y Hacienda de Urías, donde los locales eran rentados y con el tiempo Mauricio determinó que tendría mejor rendimiento si se enfocaba en un solo negocio y ahí enfocaba la producción.
Crecimiento, producción y variedad
Así, la Tortillería Marco Polo fue creciendo. De ser un local pequeño a uno más espacioso y luego un segundo piso. De una máquina tortilladora a cuatro. De 4 sacos de harina a 41 sacos que se traducen en casi tonelada y media de tortillas todos los días. Y de una pareja trabajando para levantar el negocio a generar 9 empleos y sostenerlos incluso en temporadas difíciles como la pandemia.
Además de crecer, el negocio familiar se ha diversificado, además de las tortillas tradicionales, la familia también produce tortillas para tacos, para freir y totopos, que reparten en tres rutas que abarcan diferentes sectores de Mazatlán y que llegan a tiendas, taquerías y comedores industriales. 
“Repartimos todo lo que es alrededor de Urías, El Castillo, Santa Fe y tenemos muchos comedores industriales como Maz Industial, Café El Marino, Envases Zapata, también le repartimos a restaurantes y taqueros”.
Para Mauricio la clave ha sido la innovación, el trabajo en equipo y la calidad de su producto, pues asegura que, a pesar de tener nuevos métodos para hacer llegar las tortillas a los clientes, si al consumidor no le gusta el producto simplemente no lo compra.
“Ahorita lo que define dónde compran los clientes, porque todas las personas prácticamente tienen a la puerta de su casa las tortillas, es la calidad y el servicio”, asegura.
Aunque en tiempos de pandemia y en los últimos meses, en los que la crisis de seguridad ha golpeado la actividad comercial, el negocio ha enfrentado dificultades, Mauricio revela que su principal objetivo, además de mantener a su familia, ha sido conservar los empleos que genera, pues son familias que dependen de ese ingreso para salir adelante.
“Lo que hacemos es sacrificar algo de nuestras utilidades que nos da el negocio para no despedir empleados y así es como nos podemos mantener, ha sido difícil y desgastante, pero ya hemos pasado por situaciones en las que empezamos de nuevo y nos recuperamos”, dice con voz firme.

El agradecimiento de Mauricio y su familia con una comunidad que les abrió las puertas desde que iniciaron su negocio en Urías y que les ha comprado tortillas durante 30 años, es notorio.
“Yo estoy muy agradecido con todas las personas de aquí de los alrededores, nos aceptaron desde el primer momento que llegamos y aquí estamos, con lo que yo correspondo a mis clientes es con buena calidad y si ellos pagan un peso eso se llevan de tortillas, ellos son los jueces, ellos están pagando y exigen lo que quieren comer”, expresa.
En el sector Urías de Mazatlán Mauricio Villalpando no solo rescató un local: reinventó una forma de servir a su comunidad.
Con esfuerzo, innovación y la decisión de priorizar empleo y calidad sobre ganancias rápidas, convirtió la Tortillería Marco Polo en un punto de apoyo para familias y comercios de Urías y alrededores.
Su historia muestra cómo pequeñas decisiones pueden transformar un negocio local en motor de bienestar comunitario, con trabajo en equipo y compromiso con la calidad, una empresa familiar puede alimentar la economía y el tejido social de su barrio.














