. Zoológico de Culiacán: el trabajo de Jorge Luis Flores
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Don Jorge Flores es el hombre que durante 15 años ha mantenido vivo el Zoológico de Culiacán desde el mantenimiento

Llegó al Zoológico de Culiacán pensando que sería un trabajo tranquilo. Sin saber de herrería, plomería o electricidad, aprendió cada oficio sobre la marcha. Hoy, a sus 62 años, es considerado una pieza fundamental para que este espacio siga funcionando.

13 julio, 2026
Jorge Luis Flores es el hombre que repara el zoológico y nunca ha dejado de aprender.
Jorge Luis Flores es el hombre que repara el zoológico y nunca ha dejado de aprender.

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Quienes visitan el Zoológico de Culiacán suelen fijarse en los animales, en los árboles o en los senderos.

Pocos imaginan que, detrás de cada recinto en buen estado, de una llave de agua que funciona o de una cerca segura, hay una persona que desde hace casi 16 años se ha encargado de resolver los problemas antes de que alguien los note.

Ese hombre es Jorge Luis Flores.

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No alimenta jirafas, no atiende leones ni entra a los hábitats de los animales. Su trabajo ocurre detrás de escena, donde casi nadie lo ve, pero donde todo debe funcionar.

"Yo no tengo interacción directa con los animales. Mi trabajo es reparar los habitáculos, atender cuestiones de agua potable, drenaje, electricidad, plomería, herrería... todo lo que se necesite", dice para Tus Buenas Noticias.

A sus 62 años recorre el zoológico como quien conoce su propia casa. Sabe dónde puede aparecer una fuga, qué puerta necesita un ajuste o cuál instalación requiere atención antes de convertirse en un problema.

¿Cómo Jorge Luis Flores se convirtió en el pilar del zoológico?

Cuando Jorge Luis llegó a trabajar al zoológico pensó que sería un trabajo relajado, para luego encontrar que su presencia en el lugar es fundamental.
Cuando Jorge Luis llegó a trabajar al zoológico pensó que sería un trabajo relajado, para luego encontrar que su presencia en el lugar es fundamental.

No siempre fue así. Cuando llegó, en enero de 2011, prácticamente no sabía de ninguno de esos oficios.

"Yo venía de trabajar veinte años en oficina, en una empresa de traslado de valores. De mantenimiento sabía lo que sabe cualquiera en su casa: cambiar una chapa o arreglar un apagador", dice con sinceridad.


El cambio fue radical. Después de dos décadas en un trabajo con un ritmo completamente distinto, pensó que había llegado el momento de descansar un poco. Sin embargo, una invitación lo llevó al Zoológico de Culiacán, un lugar que conocía desde niño.

"¿Quién no venía aquí cuando era pequeño? Yo crecí visitando este lugar", comenta.


Aceptó el reto sin imaginar que terminaría encontrando una nueva vocación. Con disposición para aprender, comenzó haciendo trabajos sencillos, observando a quienes tenían más experiencia y preguntando cada vez que era necesario.

"Aquí me hice. Aquí aprendí este trabajo", reconoce con humildad.


Con los años fue dominando poco a poco la herrería, la carpintería, la albañilería, la electricidad y la plomería. No se considera especialista en ninguna de ellas, pero sí alguien capaz de encontrar soluciones.

"No soy un herrero profesional ni un plomero profesional, pero la experiencia ya me da para resolver los problemas que surgen aquí", dice.

Detalles sobre el trabajo de mantenimiento en el Zoológico de Culiacán

Con el paso del tiempo Jorge Luis ha aprendido a desarrollar distintos oficios, según la necesidad que se presente en el zoológico de Culiacán.
Con el paso del tiempo Jorge Luis ha aprendido a desarrollar distintos oficios, según la necesidad que se presente en el zoológico de Culiacán.

Esa capacidad es justamente la que reconocen quienes trabajan a su lado. Para la dirección del zoológico, Jorge se ha convertido en una verdadera institución. Su trabajo mantiene en funcionamiento buena parte de la infraestructura del parque y contribuye a garantizar las condiciones de seguridad y bienestar tanto para los animales como para los visitantes.

Cuando escucha ese reconocimiento, baja la mirada con humildad. "Se siente muy bien que hablen bien de uno. Desde que llegué he tratado de que sea mi trabajo el que hable por mí."

Aunque ya tiene la edad para pensionarse, no piensa dejar el zoológico. "¿A qué me voy a retirar? Prefiero trabajar mientras pueda."

Hoy ya no carga tanto peso como hace quince años. Poco a poco ha comenzado a delegar algunas tareas a los trabajadores más jóvenes, pero sigue siendo la primera persona a la que llaman cuando surge un problema.

"A veces hasta estando en mi descanso me hablan. Les digo por teléfono qué revisen y muchas veces así logramos solucionarlo", dice entre risas.


Más que enseñar un oficio, procura transmitir una forma de trabajar basada en la responsabilidad y el compañerismo. "Sé que la experiencia que tengo puede servirles a los muchachos."

Cuando mira hacia atrás, reconoce que nunca imaginó terminar dedicando tantos años a este lugar. Lo que empezó como un cambio de trabajo terminó convirtiéndose en un espacio al que aprendió a querer profundamente.

"Lo adoro."

Y basta escucharlo decir esas dos palabras para entender que no habla solamente de un empleo. Habla del sitio donde descubrió que nunca es tarde para aprender un nuevo oficio, donde encontró otra manera de servir a su ciudad y donde comprendió que, muchas veces, quienes sostienen un lugar no son quienes aparecen frente al público, sino quienes, con discreción y constancia, hacen posible que todo funcione.

Mientras miles de familias recorren el Zoológico de Culiacán para admirar a sus animales, don Jorge sigue haciendo lo que mejor sabe: cuidar, reparar y mantener vivo ese espacio que un día visitó como niño y que hoy siente como parte de su propia historia.

Preguntas y respuestas
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