El vendedor de cocos que se convirtió en parte del paisaje de Cosalá, Sinaloa
Durante 37 años, Don Roberto ha recibido a locales y turistas con un coco frío y una sonrisa. Su pequeño puesto, ubicado en el corazón de Cosalá, es mucho más que un negocio: forma parte de la historia del Pueblo Mágico.


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Cosalá, Sinaloa. Entre las calles del Pueblo Mágico de Cosalá, un puesto de cocos se ha convertido en parte del paisaje cotidiano. Detrás de él se encuentra Roberto Tamayo Alarcón, quien desde hace 37 años se dedica a la venta de esta refrescante fruta.
A sus 65 años, Roberto recuerda cómo comenzó esta actividad. La historia inició cuando uno de sus hermanos compró 150 cocos a un vendedor procedente de Mazatlán. Lo que parecía una oportunidad temporal terminó convirtiéndose en el trabajo de toda una vida.

La historia detrás de la venta de cocos en el Pueblo Mágico
Desde hace aproximadamente 20 años, Roberto ocupa uno de los puestos instalados por el gobierno municipal cuando Cosalá fue nombrado Pueblo Mágico.
Antes de ello, los comerciantes trabajaban de manera ambulante. En su caso, vendía desde una camioneta que estacionaba frente al lugar donde actualmente se encuentra su negocio. Con las nuevas disposiciones, la actividad comercial se organizó y pudo establecerse de manera permanente.
Ubicado sobre la calle Gabriel Leyva Solano, atiende diariamente de las 11:00 de la mañana a las 5:00 de la tarde.
Los cocos de Mazatlán y las bebidas que refrescan a visitantes y habitantes
Además de vender cocos naturales, Roberto ofrece preparaciones con clamato, limón, sal y chile, así como horchata de coco, bebida que incorporó a su negocio hace más de una década.
Los cocos que comercializa llegan desde Mazatlán, manteniendo una tradición que ha perdurado durante décadas.
Roberto asegura que el agua de coco es una bebida natural muy apreciada tanto por los visitantes como por los habitantes de la región, especialmente durante las temporadas de calor.

Impacto del turismo en la venta de cocos de Roberto
Aunque actualmente las ventas atraviesan un periodo tranquilo, recuerda que hubo años en los que lograba vender hasta 250 cocos en un solo día, principalmente durante festividades importantes como el desfile del 20 de noviembre.
Para Roberto, la disminución de visitantes ha impactado la actividad comercial. Sin embargo, mantiene la esperanza de que el turismo continúe creciendo y que más personas lleguen a Cosalá para disfrutar de sus tradiciones, su historia y, por supuesto, de un refrescante coco.
Además de ser una bebida refrescante, el agua de coco es rica en electrolitos, por lo que muchas personas la prefieren para mantenerse hidratadas.
También comenta que suele ser muy consumida por personas que han padecido dengue, debido a sus propiedades hidratantes.

Un ejemplo de perseverancia y parte de la identidad de Cosalá
Con casi cuatro décadas de trabajo, Roberto Tamayo Alarcón se ha convertido en un ejemplo de perseverancia y esfuerzo.
Su puesto, ubicado frente al Palacio Municipal, no solo ofrece cocos y bebidas tradicionales, sino que también forma parte de la identidad comercial y turística de Cosalá.
Después de 37 años detrás de su negocio, Don Roberto sigue recibiendo a locales y visitantes con la misma sencillez y amabilidad que lo han convertido en uno de los rostros más conocidos del Pueblo Mágico.





