Tres hermanos y un emprendimiento: la historia de los Saucedo Castro y sus tacos en Mazatlán
Jonathan, Carlos y Javier continúan con la herencia de su papá trabajando en familia, con sus tacos de birria y carne asada que son una tradición familiar de 23 años en los tianguis del puerto y siguen conquistando paladares con su inigualable sabor


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A sus 19 años de edad Jonathan Saucedo Castro lleva sobre sus hombros una gran responsabilidad familiar, que lejos de disgustarle, lo ha hecho ver una realidad que había ignorado y agradecer la oportunidad de continuar con un emprendimiento que iniciaron sus padres hace 23 años en Mazatlán.
El joven de carácter agradable y abierto, platica en entrevista con Tus Buenas Noticias un poco de su historia en dos de los tianguis más concurridos del puerto, acompañando desde niño a sus papás.
Los papás de Jonathan formaron una familia y se dedicaron al comercio, tuvieron muchos años una pescadería llamada “La Marinera” en el Mercado Pino Suárez, en el centro de la ciudad.
Hace 23 años, cuando nació el primero de sus cuatro hijos, empezaron a vender ceviches y aguas frescas en el Tianguis de la colonia Juárez, donde tuvieron buenas ventas y pronto ampliaron su menú para vender gorditas, café y avena a los tianguistas y sus clientes.
“Mis papás empezaron hace 23 años, cuando recién nació el Carlitos, mi hermano mayor, en el Tianguis de la Juárez, allá empezaron vendiendo ceviches y aguas frescas porque antes teníamos la pescadería”, explica Jonathan.
La pareja alternaba el trabajo en la pescadería y el tianguis, mientras la familia fue creciendo, luego vinieron sus hijos Julio, Jonathan y Javier, al nacer este último, la familia cambio de giro y empezó a vender también en el Tianguis de la colonia Flores Magón tacos de birria y de carne asada. 
“Acá en la Flores Magón tenemos 16 años, desde que nació Javiercito, vendiendo tacos de birria, carne asada y también vendían de tripa, aquí vendíamos martes y jueves y en la Juárez los domingos”.
Aprendiendo del negocio familiar
Los recuerdos de Jonathan son acompañando a sus papás desde pequeño, él y sus hermanos mayores estudiaban por las tardes en la primaria para poder ir al tianguis muy de mañana y ayudar en el puesto de tacos.
“Somos cuatro hermanos yo empecé a acompañar a mis papás desde que salí del kínder y entré a la primaria, estudiábamos en la tarde y mi papá nos traía al tianguis y a las 12 nos llevaba a la escuela, yo desde los 6 años empecé a trabajar con ellos”, dice con orgullo.
Así los cuatro hijos aprendieron sobre el negocio, aunque era su papá el que se hacía cargo de administrar los emprendimientos y proveer en casa, toda la familia estaba involucrada de alguna manera en generar los ingresos para el sostén del hogar.
Pero llegó un momento complicado para Jonathan y toda su familia cuando la salud de su papá, que tenía diabetes desde joven, empezó a deteriorarse. Luego de un año complicado, finalmente su papá falleció, cuando Jonathan tenía 16 años de edad.
“Mi papá tenía diabetes y su cuerpo se fue desgastando, tenía 54 años, pero tenía diabetes desde que yo nací, es una enfermedad que te desgasta todo, hasta que cayó al hospital y ya no salió, ya le había dado un infarto y también empezó a tener problemas en el corazón”, dice con pesar.

A pesar de los problemas de salud, Jonathan relata que su papá nunca dejó de trabajar, aunque dejaron de ir al Tianguis de la Flores Magón un tiempo, continuaban con la pescadería, los domingos en el Tianguis de la Juárez y también vendían entre semana aguas embotelladas.
La mejor herencia: trabajo y responsabilidad
A la distancia, el joven valora todo el esfuerzo que su papá hizo por mantenerse de pie, trabajando por su familia y ahora comprende la gran responsabilidad que conlleva ser la cabeza de los negocios y responsable de sus hermanos.
“Mi papá se hacía cargo de todo y uno no sabía cuándo a él le iba mal, solo pedíamos, y ahora me doy cuenta que no estaba fácil, yo no valoraba todo lo que me daba”.
Al faltar su papá, Jonathan, a pesar de no ser el mayor, se quedó como responsable de los puestos de tacos y de sus hermanos Carlos y Javier, el mayor y el menor de la familia, pues su hermano Julio es casado y se encarga de su familia.
Carlos, de casi 24 años, tiene una inmadurez neurológica que lo hace tener una edad mental de alrededor de 13 años, aunque eso no le impide trabajar en el puesto de tacos, además de hacerlo con gusto y mucha responsabilidad.
“Es bien chambeador no se le olvida nada, sabe hacer todo literalmente, pero si te pones a hablar con él te das cuenta de su condición, pero le gusta trabajar él llega primero para hacer todo, no le gusta que le ayuden, él prepara la birria y las aguas, atiende, cobra y sabe despachar los tacos”, explica.

Por su parte Javier, el menor de los hermanos, tiene 16 años y estudia la preparatoria, pero también ayuda en el emprendimiento.
Jonathan se hizo cargo de todo cuando su papá falleció, hoy, casi cuatro años después, vive con sus dos hermanos y se hace responsable de la casa en la que viven, de cuidar a sus hermanos y administrar el negocio.
“Mi papá falleció y me dejó el negocio que es para mí y para mis hermanos, nos ayudamos entre todos, trabajamos para nosotros, tenemos que salir adelante por nosotros mismos, no esperamos a que alguien nos de las cosas”, dice decidido.
Aunque las ventas algunas veces no son las mejores, los domingos en el Tianguis de la Juárez los jóvenes venden hasta 20 kilos de birria y 15 de carne asada. Sus tacos, quesadillas y chorreadas son muy gustadas por los clientes.
Cada martes y jueves en el Tianguis de la Flores Magón los hermanos empiezan la venta de tacos a las 7:00 am, entre la preparación de los alimentos y la plática con los clientes, ponen en práctica todo lo que aprendieron de su papá.
“La herencia de mi papá fue el conocimiento de cómo se trabaja para salir adelante a mí en lo personal sí me gusta, aunque es mucha responsabilidad”, asegura.

A su corta edad, Jonathan Saucedo Castro no solo cuenta la historia de un puesto de tacos: muestra cómo el trabajo familiar, el aprendizaje cotidiano y la perseverancia pueden sostener a una familia incluso cuando llega la pérdida.
Su testimonio deja una lección clara: cuando las personas reciben oportunidades para emprender, capacitarse y continuar, el esfuerzo no se queda en el pasado, se convierte en futuro.
El joven pudo mirar más allá del “problema” y voltear a lo que sí funciona: la continuidad de un negocio construido con cariño, disciplina y solidaridad entre hermanos.










