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Dylan Olvera anduvo en camino de muerte por estar en la fiesta de las drogas

“Me empecé a imaginar qué pasaría si mi mamá ve ese video de mi; qué pasaría si mis hermanos y mi familia completa ven cómo me hacen pedazos”, expresó Dylan.

31 enero, 2024

Estar en primera fila mientras observas cómo tú amigo pierde la vida en manos de “otro amigo”, ¿te serviría para comprender el valor que tiene la vida humana? Este es el trago amargo que vivió Dylan Olvera que ahora le sirve para reflexionar cada día y entender que el mañana es una bendición que puede desvanecerse en un chasquido de dedos; más aún, si viajas en la vía rápida de las drogas. Este es su testimonio.

Con tan sólo 23 años, Dylan ya lleva un largo kilometraje recorrido; y ha vivido experiencias que, para muchos, sólo las perciben en películas de ciencia ficción. Pero cuando la realidad sobrepasa a la imaginación, es un panorama difícil de cambiar.

Todo comenzó cuando Dylan apenas daba sus primeros pasos. En su seno familiar, él ya sabía distinguir el sabor del agua natural y el de una cerveza. Su padre, como muchos otros, acostumbraba a darle ‘probaditas’ de este amargo licor para bromear y pasar un buen rato en compañía con los demás.

Si de faltas hablamos, quizá sea esta la que más personas adultas realicen por diversión, sin analizar las posibles consecuencias que pueden venir a futuro por probar el alcohol desde pequeños.

Así fue viviendo su niñez, para su suerte a Dylan no le gustaba la amargura de la cerveza y estaba consciente del daño que producía. A su vez, vivió en carne propia lo que era tener un padre con problemas de alcoholismo.

En entrevista para Malala Academia, no comentó cuántos años tenía cuando consumió por vez primera la marihuana. Su madre Erika, compartió que Dylan le había confesado que andaba con una persona mayor a él y que, en su compañía, había probado esta droga.

Captura de pantalla de la entrevista de Malala Academia

La sensación de relajación le gustó y le bastó para continuar como un “consumidor recreativo”. Dylan confesó que sabía en lo que se estaba metiendo y que su voluntad podía equilibrarse en el hilo de las drogas; pero, inocentemente, creyó que lo podría controlar y que sólo consumiría en actividades sociales para “pasarla mejor”.

En su deseo por despejar su mente de sus propios pensamientos y de escapar unos segundos de su realidad, perdió la noción de sí mismo y le dio rienda suelta al consumo.

La fiesta se convirtió en su motivación. La escuela y la familia ya no tenían lugar en su vida. Con ansias esperaba el fin de semana para consumir y alcoholizarse. Y el día en que probó cocaína y se dejó embrujar por sus efectos, llegó.

Es de saberse que las obras buenas y malas, tarde o temprano salen a la luz. Para Erika, enterarse que su hijo consumía cocaínp>Estar en primera fila mientras observas cómo tú amigo pierde la vida en manos de “otro amigo”, ¿te serviría para comprender el valor que tiene la vida humana? Este es el trago amargo que vivió Dylan Olvera que ahora le sirve para reflexionar cada día y entender que el mañana es una bendición que puede desvanecerse en un chasquido de dedos; más aún, si viajas en la vía rápida de las drogas. Este es su testimonio.

Con tan sólo 23 años, Dylan ya lleva un largo kilometraje recorrido; y ha vivido experiencias que, para muchos, sólo las perciben en películas de ciencia ficción. Pero cuando la realidad sobrepasa a la imaginación, es un panorama difícil de cambiar.

Todo comenzó cuando Dylan apenas daba sus primeros pasos. En su seno familiar, él ya sabía distinguir el sabor del agua natural y el de una cerveza. Su padre, como muchos otros, acostumbraba a darle ‘probaditas’ de este amargo licor para bromear y pasar un buen rato en compañía con los demás.

Si de faltas hablamos, quizá sea esta la que más personas adultas realicen por diversión, sin analizar las posibles consecuencias que pueden venir a futuro por probar el alcohol desde pequeños.

Así fue viviendo su niñez, para su suerte a Dylan no le gustaba la amargura de la cerveza y estaba consciente del daño que producía. A su vez, vivió en carne propia lo que era tener un padre con problemas de alcoholismo.

En entrevista para Malala Academia, no comentó cuántos años tenía cuando consumió por vez primera la marihuana. Su madre Erika, compartió que Dylan le había confesado que andaba con una persona mayor a él y que, en su compañía, había probado esta droga.

Captura de pantalla de la entrevista de Malala Academia

La sensación de relajación le gustó y le bastó para continuar como un “consumidor recreativo”. Dylan confesó que sabía en lo que se estaba metiendo y que su voluntad podía equilibrarse en el hilo de las drogas; pero, inocentemente, creyó que lo podría controlar y que sólo consumiría en actividades sociales para “pasarla mejor”.

En su deseo por despejar su mente de sus propios pensamientos y de escapar unos segundos de su realidad, perdió la noción de sí mismo y le dio rienda suelta al consumo.

La fiesta se convirtió en su motivación. La escuela y la familia ya no tenían lugar en su vida. Con ansias esperaba el fin de semana para consumir y a

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