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Cesáreo es el experto en “revivir” abanicos y bicicletas en la colonia 21 de marzo en Culiacán

Desde hace 28 años está devolviendo a las calles a miles de bicicletas, mientras pone a refrescar hogares con abanicos reconstruidos
15 septiembre, 2023
Cesáreo señala que es fundamental limpiar el ventilador para mantener el equipo en óptimas condiciones. Fotos:  Juan Madrigal
Cesáreo señala que es fundamental limpiar el ventilador para mantener el equipo en óptimas condiciones. Fotos: Juan Madrigal

Culiacán, Sinaloa.- El trabajo que se realiza con amor siempre será una producción original y única. Hace más de 28 años, Cesáreo Guadalupe Melgar Pérez, pierde su empleo, y en su desesperación encontró la pasión de reparar abanicos y bicicletas, oficio que desempeña hasta la fecha con mucho orgullo en su taller de la colonia 21 de Marzo de Culiacán.

Desarrolla su talento en la emergencia. “Después de laborar por más de 16 años, para una empresa que distribuía revistas en la ciudad, me quedé sin trabajo, y la misma necesidad me obligó a enseñarme a arreglar abanicos. Aprendí solo viendo a mis hermanos, quienes se dedicaban a este oficio. Luego aprendí a reparar bicicletas”, manifestó Melgar Pérez.

El que no arriesga no gana. El técnico empírico recuerda que inició desempeñando el oficio en su casa y revela que no fue nada fácil, pero fue muy perseverante en su proyecto de vida. Luego se arriesgó a una nueva aventura de rentar un local.

Pasión por su oficio. También señala que hace 11 años intentó desempeñar otras labores como bienes raíces, pero no le fue nada bien y decide regresar a realizar la ocupación que no lo ha hecho millonario, pero le ha ayudado a sacar adelante a la familia. Segmentando su mercado, renta un pequeño local cerca de su domicilio, donde hasta la fecha brinda a sus clientes un servicio rápido y eficiente, y con una capacidad notable.

Hombre de fe. “Cuando inicié aquí nadie me conocía, así me aventé cerca de medio año, en ese lapso me cayeron como seis abanicos, ya no hallaba la puerta. Comíamos con mi mamá o la suegra. Pero nunca perdí la fe y poco a poco fue teniendo mis fieles clientes, y gracias a Dios aquí seguimos”, expresó el vecino de la colonia 21 de Marzo

Consejo que no solo garantiza el buen funcionamiento del ventilador, sino también la seguridad de los usuarios. “Cuando el abanico esté trabajando muy forzado, lo mejor es ya no prenderlo, porque la bobina se recalienta y se puede quemar. Como todo aparato electrónico, es necesario llevarlo con un experto para que le dé limpieza a todas las partes que hacen girar su sistema y no esperar a que ya no tengan solución. También la bicicleta, como la mayoría de los medios de transporte, necesita recibir mantenimiento periódicamente para un buen funcionamiento”, recomendó.

Más obstáculos en su camino. Otro episodio que afectó el emprendimiento de Cesáreo fue en el 2020, cuando la humanidad se detuvo y el COVID-19 nos lanzó a una nueva realidad. “Antes vendía hasta refacciones, pero ya no me quisieron surtir desde que inicio la pandemia por las bajas ventas. Recogieron toda la mercancía, porque se calmó la chamba, y no había para pagar”, dijo.

No se queda de brazos cruzados. Melgar Pérez, ante la terrible situación, buscó otras opciones de generar ingresos. “Durante el tiempo que duró pandemia, con todas las medidas de salud necesarias y ante el temor de infectarme, nunca deje de trabajar, porque tenía que sacar para comer. Me puse a vender cubrebocas en el local y con la poca chamba que llegaba de reparación, con eso logré librarla”, reveló.

No se deja vencer. A pesar de las altas y bajas, Cesáreo he salido adelp>Culiacán, Sinaloa.- El trabajo que se realiza con amor siempre será una producción original y única. Hace más de 28 años, Cesáreo Guadalupe Melgar Pérez, pierde su empleo, y en su desesperación encontró la pasión de reparar abanicos y bicicletas, oficio que desempeña hasta la fecha con mucho orgullo en su taller de la colonia 21 de Marzo de Culiacán.

Desarrolla su talento en la emergencia. “Después de laborar por más de 16 años, para una empresa que distribuía revistas en la ciudad, me quedé sin trabajo, y la misma necesidad me obligó a enseñarme a arreglar abanicos. Aprendí solo viendo a mis hermanos, quienes se dedicaban a este oficio. Luego aprendí a reparar bicicletas”, manifestó Melgar Pérez.

El que no arriesga no gana. El técnico empírico recuerda que inició desempeñando el oficio en su casa y revela que no fue nada fácil, pero fue muy perseverante en su proyecto de vida. Luego se arriesgó a una nueva aventura de rentar un local.

Pasión por su oficio. También señala que hace 11 años intentó desempeñar otras labores como bienes raíces, pero no le fue nada bien y decide regresar a realizar la ocupación que no lo ha hecho millonario, pero le ha ayudado a sacar adelante a la familia. Segmentando su mercado, renta un pequeño local cerca de su domicilio, donde hasta la fecha brinda a sus clientes un servicio r&aa
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