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El Arquitecto de la Ciudad ¿Quién fue Luis Felipe Molina?

Por Jaime Félix Pico
7 julio, 2022

En mis entregas relacionadas con la historiografía de los principales edificios y monumentos históricos de Culiacán, aparece con regularidad la brillante figura del Ingeniero Luis F. Molina.

Como protagonista impulsor de la primera modernidad urbana y arquitectónica de Culiacán, considero importante conocerlo más, acercarnos a su persona, su personalidad, para explicarnos cómo logró construir los espacios y edificios que demandaba un gobierno que proclamaba la modernización en base a la paz y el progreso de Porfirio Díaz; darle carácter de ciudad moderna a una pequeña ciudad aletargada y aislada que tenía ya la categoría de capital del estado.

Hasta antes de la publicación del libro “El Mundo de Molina” (2003) de la autoría del entonces cronista de la Ciudad don Adrián García Cortés, poco se conocía acerca de la vida, la personalidad y el carácter de quien se ganó el nombre de Arquitecto de la Ciudad, por su genio transformador del urbanismo y la arquitectura de Culiacán.

Lee también: Patrimonio perdido en el centro histórico de Culiacán

Fue hasta principios del nuevo milenio, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, los arquitectos, René Llanes y Martín Sandoval, visibilizaron la figura del Ingeniero Molina, al dedicar sus tesis profesionales al estudio de las obras realizadas por Molina entre 1890 y 1911, revisando académicamente su estilo arquitectónico de corte neoclásico y la acción transformadora urbanística y arquitectónica  del área central de la ciudad hoy conocida como el Centro Histórico de Culiacán.

Tiempo después, el Arquitecto Daniel Chiquete, publicó su obra: “Espacio, Sociedad e Historia en el Culiacán Porfirista (1877-1911)” donde hace un análisis multifactorial -enfoque innovador- de las principales transformaciones, los cambios sociales  vinculados con la ideología porfirista que el Ingeniero Molina impulsó imprimiéndole a la ciudad, en distintos sectores , un aire de modernidad; para ilustrar este fenómeno cito a Daniel Chiquete:

“Los temas centrales de la ideología porfirista no fueron desatendidos en Culiacán ya que para todos ellos hubo edificios o lugares representativos: la cultura con el Teatro Apolo; la higiene con el Lazareto y el Hospital del Carmen; el progreso con el ferrocarril, los puentes y las obras de infraestructura urbana; la diversión y el esparcimiento  con las plazas, los hoteles y algunas avenidas; la provisión de alimentos con el mercado; el control socias con la cárcel; la educación con las escuelas como la Correccional y la Benito Juárez; el poder político con las adaptaciones al Palacio Municipal y la Casa de Gobierno….”

Indiscutiblemente que estos trabajos de investigación sobre las obras de Luis F. Molina han contribuido a conocer sobre sus aportes constructivos a la ciudad, no aportan mucho para conocer sobre su personalidad, su carácter, sus motivaciones que guiaron su vida y trabajo, a través de los cuales se puede entender mejor la grandiosidad de su obra material.

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Como protagonista impulsor de la primera modernidad urbana y arquitectónica de Culiacán, considero importante conocerlo más, acercarnos a su persona, su personalidad, para explicarnos cómo logró construir los espacios y edificios que demandaba un gobierno que proclamaba la modernización en base a la paz y el progreso de Porfirio Díaz; darle carácter de ciudad moderna a una pequeña ciudad aletargada y aislada que tenía ya la categoría de capital del estado.

Hasta antes de la publicación del libro “El Mundo de Molina” (2003) de la autoría del entonces cronista de la Ciudad don Adrián García Cortés, poco se conocía acerca de la vida, la personalidad y el carácter de quien se ganó el nombre de Arquitecto de la Ciudad, por su genio transformador del urbanismo y la arquitectura de Culiacán.

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Fue hasta principios del nuevo milenio, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, los arquitectos, René Llanes y Martín Sandoval, visibilizaron la figura del Ingeniero Molina, al dedicar sus tesis profesionales al estudio de las obras realizadas por Molina entre 1890 y 1911, revisando académicamente su estilo arquitectónico de corte neoclásico y la acción transformadora urbanística y arquitectónica  del área central de la ciudad hoy conocida como el Centro Histórico de Culiacán.

Tiempo después, el Arquitecto Daniel Chiquete, publicó su obra: “Espacio, Sociedad e Historia en el Culiacán Porfirista (1877-1911)” donde hace un análisis multifactorial -enfoque innovador- de las principales transformaciones, los cambios sociales  vinculados con la ideología porfirista que el Ingeniero Molina impulsó imprimiéndole a la ciudad, en distintos sectores , un aire de modernidad; para ilustrar este fenómeno cito a Daniel Chiquete:

“Los temas centrales de la ideología porfirista no fueron desatendidos en Culiacán ya que para todos ellos hubo edificios o lugares representativos: la cultura con el Teatro Apolo; la higiene con el Lazareto y el Hospital del Carmen; el progreso con el ferrocarril, los puentes y las obras de infraestructura urbana; la diversión y el esparcimiento  con las plazas, los hoteles y algunas avenidas; la provisión de alimentos con el mercado; el control socias con la cárcel; la educación con las escuelas como la Correccional y la Benito Juárez; el poder político con las adaptaciones al Palacio Municipal y la Casa de Gobierno….”

Indiscutiblemente que estos trabajos de investigación sobre las obras de Luis F. Molina han contribuido a conocer sobre sus aportes constructivos a la ciudad, no aportan mucho para conocer sobre su personalidad, su carácter, sus motivaciones que guiaron su vida y trabajo, a través de los cuales se puede entender mejor la grandiosidad de su obra material.

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Hasta antes de la publicación del libro “El Mundo de Molina” (2003) de la autoría del entonces cronista de la Ciudad don Adrián García Cortés, poco se conocía acerca de la vida, la personalidad y el carácter de quien se ganó el nombre de Arquitecto de la Ciudad, por su genio transformador del urbanismo y la arquitectura de Culiacán.

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Fue hasta principios del nuevo milenio, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa, los arquitectos, René Llanes y Martín Sandoval, visibilizaron la figura del Ingeniero Molina, al dedicar sus tesis profesionales al estudio de las obras realizadas por Molina entre 1890 y 1911, revisando académicamente su estilo arquitectónico de corte neoclásico y la acción transformadora urbanística y arquitectónica  del área central de la ciudad hoy conocida como el Centro Histórico de Culiacán.

Tiempo después, el Arquitecto Daniel Chiquete, publicó su obra: “Espacio, Sociedad e Historia en el Culiacán Porfirista (1877-1911)” donde hace un análisis multifactorial -enfoque innovador- de las principales transformaciones, los cambios sociales  vinculados con la ideología porfirista que el Ingeniero Molina impulsó imprimiéndole a la ciudad, en distintos sectores , un aire de modernidad; para ilustrar este fenómeno cito a Daniel Chiquete:

“Los temas centrales de la ideología porfirista no fueron desatendidos en Culiacán ya que para todos ellos hubo edificios o lugares representativos: la cultura con el Teatro Apolo; la higiene con el Lazareto y el Hospital del Carmen; el progreso con el ferrocarril, los puentes y las obras de infraestructura urbana; la diversión y el esparcimiento  con las plazas, los hoteles y algunas avenidas; la provisión de alimentos con el mercado; el control socias con la cárcel; la educación con las escuelas como la Correccional y la Benito Juárez; el poder político con las adaptaciones al Palacio Municipal y la Casa de Gobierno….”

Indiscutiblemente que estos trabajos de investigación sobre las obras de Luis F. Molina han contribuido a conocer sobre sus aportes constructivos a la ciudad, no aportan mucho para conocer sobre su personalidad, su carácter, sus motivaciones que guiaron su vida y trabajo, a través de los cuales se puede entender mejor la grandiosidad de su obra material.

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Hasta antes de la publicación del libro “El Mundo de Molina” (2003) de la autoría del entonces cronista de la Ciudad don Adrián García Cortés, poco se conocía acerca de la vida, la personalidad y el carácter de quien se ganó el nombre de Arquitecto de la Ciudad, por su genio transformador del urbanismo y la arquitectura de Culiacán.

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