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Historia de Vida

Jesús Rojo le pone aire a la vida en Altata

Hace 10 años, emprendió su negocio y ahora con su llantera ayuda a todos en el puerto.

Jesús Rojo le pone aire a la vida en Altata

Hace algunos años Jesús optó por cambiar de oficio. Desde los 16 años tuvo que hacerse a la mar para salir adelante y ayudar a su familia.

Ahora, ha hecho realidad su sueño de sacar el sustento para su familia entre llantas y el aire de los compresores.

Durante su juventud, Jesús Rojo Gastélum viajó a Culiacán para estudiar en el Tecnológico de Culiacán. Se vislumbraba como ingeniero electricista, pero el destino tenía otros planes para él.

“Estudiaba una ingeniería en el Tec de Culiacán, yo me veía siendo ingeniero electricista, pero como mi papá se enfermó tuve que salirme de la carrera para venir a Altata a ayudar a la familia. Yo soy el hermano mayor y tenía que ayudar en casa”, dice con un recuerdo tan lúcido como si hubiera ocurrido ayer.

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Más por obligación y compromiso, que por el deseo de hacerlo, abandonó el sueño y se dedicó al 100% a la pesca. Conoció a María Luisa Delgado “Baby” y formaron un matrimonio. Para Jesús, los 38 años que llevan juntos han sido los mejores de su vida.

Casado, se vio obligado a permanecer trabajando como pescador “Aquellos eran días buenos, a los pescadores nos iba muy bien porque había abundancia, ahora los tiempos son difíciles para la pesca”, reconoce.

Jesús y “Baby” procrearon cuatro hermosos hijos y ya son abuelos y junto con sus hijos se esfuerzan diariamente por salir adelante.

Sin embargo, hace 10 años que le llegó una oportunidad para establecer su propio negocio. Una vulcanizadora.

Jesús recuerda su época de estudiante, cuando en Culiacán tenía a uno de sus amigos con quién convivía y quién sin saber le estaba dando herramientas para establecerse en un futuro.

“Cuando estudiaba en el Tec tenía un buen amigo con quien convivía mucho, era de la bolita y su papá tenía tres llanteras. Éramos tan buenos amigos que siempre andábamos todos juntos. Al salir a medio día de la escuela nos íbamos a chalinear y ayudar a los señores encargados de las llanteras, además de ayudar aprendíamos”, recuerda con entusiasmo.

Ante aquel oficio aprendido hace más de 40 años, Jesús siempre quiso ser emprendedor y al llegarse la oportunidad no lo dudó.

Tuvo el apoyo de su “Baby”, dejó las artes de pesca y estableció su propia llantera.

Es la única llantera en Altata.  En dónde no importa la hora a la que lleguen en busca de ayuda, siempre está don Jesús y sus hijos para ayudar.

“Aquí estamos para ayudar a la gente. Por ser turístico siempre hay gente de todas partes que sin esperar les ocurre algún incidente y llegan hasta la puerta de la casa para tocar en busca de ayuda”, dice.

Y así es como a sus 57 años de edad, Jesús recibe a todos con una sonrisa, sin importar que sean las 4 de la tarde o las 3 de la mañana.

Lo recuerda así, porque una de sus premisas como persona es no permitir que alguien esté en dificultades y no tenderle una mano de ayuda.

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Lo que demuestra su don de servicio, como dice, “Hacemos todo lo posible por servirles”

Aún recuerda cómo es que tomó la decisión de emprender; “Cuando agarré una feriecita le dije a mi esposa, hacemos unos dos cuartitos o ponemos un negocito. Sin dudarlo ella dijo, tú decide que es lo mejor y aquí estamos. Compré un compresor y todo el equipo que necesitábamos para empezar, y nos ha ido bien gracias a Dios”, reconoce Jesús.

Con señal de reflexión recuerda cómo es que en varias ocasiones le ha tocado ayudar a algunas personas. Como padre de dos jovencitos, Jesús ha buscado inculcarles el amor al trabajo, ahora ellos forman parte del negocio, y por si fuera poco es el promotor deportivo del Altata.

Motiva a los jóvenes a dejar las calles y adentrarse en el mundo del deporte. Asegura que esa fue la labor que le encomendó su hermano Gabriel antes de morir.

“Hermano, me dijo, ahí te encargo a mis hijos, no me los dejes solos, y ese legado aún lo continúo, mis sobrinos practican futbol y yo estoy para ayudarlos a ellos y a todos los jóvenes de Altata que quieran enderezar sus vidas”, asegura.

A pesar de que estos 10 años como llantero no han sido sencillos, para “Rojo” ha traído muchas satisfacciones. Le ha permitido tener un negocio para sustento familiar, le ha dado un oficio a sus hijos, y además tiene tiempo para servir a quienes lo necesiten en Altata.

Con su negocio Jesús le da aire a la vida, con su dedicación infla el entusiasmo y no se poncha con desilusiones. Es el llantero de Altata, su trabajo es la rueda que mueve al turismo.

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