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Francisca encuentra a su hijo en Villa Juárez después de estar perdido por 3 años

Mi corazón estaba pequeño a punto de morir por no saber de él, dice Francisca. José viajó de Chiapas a Sonora por trabajo, pero lo abandonaron.

Francisca encuentra a su hijo en Villa Juárez después de estar perdido por 3 años

“Mi corazón era bien chico, pero cuando escuché que estaba vivo, sentí mi corazón grande. Empezó a trabajar mi corazón, porque ya no trabaja mi corazón, iba yo a morirme, por la tristeza, por la preocupación, porque ya tardó 3 años, y ni hablar, ni comunicación para mí”. Dice Francisca López entre sollozos y lágrimas por haber encontrado vivo a José en pleno Villa Juárez.

Cuando le avisaron que su hijo José Morales López estaba publicado en una página de Facebook buscando a sus familiares, no lo podía creer. “Ya encontraron a mi hermanito”, le dijo su hija, mostrándole una foto. Su madre ya no lo reconocía porque José tiene 3 años en condición de calle. Desde Villa Juárez subieron su foto a la red social y lo identificó por su mano, “porque cuando estaba chiquito, siempre cuando se tomaba foto enseñaba su manita así”.

Sin pensarlo más, Francisca López García salió desde Cojtomil, municipio de Chilón, Chiapas. Sin avisarle a nadie porque sabía que no la dejarían viajar a Sinaloa, porque nunca ha salido de su municipio. Salió equipada sólo de su más grande deseo: Volver a ver a su hijo al que creía muerto. Dice que lo único que alcanzó a preparar como alimento fueron 3 litros  de bebida de “pozol” (atole fermentado de maíz) que echó en una botella de refresco, para tener algo que comer en el trayecto de 2 mil 170 kilómetros de recorrido.

Su calvario empezó una mañana de marzo de 2019, cuando llegó hasta el municipio de Chilón, estado de Chiapas un “enganchador” de trabajadores para llevarlos a trabajar a un campo de Sonora. Recuerda Francisca que se anotó su esposo. Y su hijo José le rogó por salir también.

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“Cuando salió dijo: no tengo zapatitos. Cuando trabaje y gane dinerito lo voy a mandar a mi papá que te deposite y va a llegar a tu mano el dinero. Le dije no papi no te vayas porque no tienes credencial. Y él me contestó: me dijo el señor que me va a pasar con acta de nacimiento. Y yo le dije no te vayas, Pero qué tal si no te va a dar trabajo, me dijo que sí, dijo el chamaco”.

“Quedé llorando cuando se fue el chamaco. A los días me habló su papá, cuando llegamos aquí en el campo no le dieron el trabajo a “Josecito”, porque no tiene credencial. Pero le reclamé al señor, ¿cómo va a regresar mi hijo, le van a dar para su pasaje o no? Ya no me importa dijo el señor”, recuerda Francisca con voz entrecortada, derramando lágrimas.

Le dijo su esposo que en el campo sólo le permitirían estar con su papá por una semana, y los dos comían del mismo plato. Pero los dejaron fuera del campo y luego llegó otro “enganchador” que se llevó a los 5 jóvenes rechazados, a trabajar en otro campo, pero ya no volvieron a saber más de los muchachos.

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Así se perdió “Josesito” y así empezó el sufrimiento de Francisca López y su esposo. Desde esa semana Francisca no dejó de llorar un solo día, con el corazón ofuscado, allá en las montañas de Chiapas nunca recibió comunicación.

Su esposo ha viajado muchas veces a Sonora a buscar a su hijo, pero él no habla español, en su lengua Zental nadie le entiende lo que pregunta. Va y trabaja en los campos en cada temporada para buscarlo, pero nadie le ha dado razón de “Josesito”. Así pasaron 3 años.

Nadie sabe cuándo ni cómo llegó José Morales López a la Sindicatura Lic. Benito Juárez, de Navolato, pero ahí estuvo en condición de calle, en abandono, refugiado en los rincones de las calles donde suelen coexistir los alcohólicos y los adictos, mendigando alimento y comiendo desperdicios.

Así lo encontraron Paty Barraza y Ana María Cruz Carrasco, quienes le preguntaron su nombre y le tomaron fotografías, le preguntaron si le gustaría volver a casa y dijo que sí. Por eso Ana María publicó su foto en el Facebook, ella creó el programa: “Ayúdame a Regresar, estoy en Villa Juárez Navolato, Sinaloa”, con el que ayuda a vincular personas de calle con sus familias. También es jefa de Grupos vulnerables del municipio de Navolato. Y la magia se hizo, en Chiapas respondieron pronto. Y así fue como se vino la madre reventando de entusiasmo.

Llegó en el momento preciso. Mientras Francisca López García viajaba de Chiapas por su hijo. Alguien golpeó brutalmente a José. Ana María gestionó auxilio en la Cruz Roja y con ayuda de particulares le tomaron radiografías y lo hospitalizaron por lesiones en un pie. Ahí estaba internado cuando llegó Francisca con su vestido chiapaneco. Con pasos presurosos entró al hospital, recorrió el pasillo con angustia y a la vuelta, en la cama saltó José al ver a la mujer que identificó como su madre.

Ella con una explosión de llanto corrió y lo abrazó, lo besó y lo tuvo en sus brazos. En medio de los aplausos de enfermeras y médicos celebró el momento de ver vivo a su hijo.

Confiesa Francisca que su hijo ya no es igual, algo tiene, ya no habla como antes, siente que tiene algún trastorno mental.

“Ahorita le pido a Dios que sane a mi hijo. En la noche estuve orando, pidiendo a Dios que cambie su corazón. Vas a ser buen muchacho, le dije. Sí mamita, vamos a ir al templo, me dijo. Yo soy de una iglesia, siempre que nos reunimos en el templo me pongo a orar por mi hijo. Bendito sea Dios nos ayudó a encontrar a mi hijo… Le gusta mucho trabajar, rajar leña, limpiar milpa, donde quiera va a ir a trabajar ese chamaquito”, dice entre sollozos.

Con la ayuda de personas de bien, Ana María buscó dinero para que Francisca y José pudieran regresar a Chiapas. Se sumaron a este apoyo Margot Urrea, Presidenta Municipal de Navolato, mediante el programa de Grupos Vulnerables y en  Riesgo del municipio de Navolato.

En las montañas de Chilón, Chiapas, hay una mujer agradecida. Después de 3 años desaparecido, la vida le regresó a su hijo. Con un corazón grande y palpitante, ve con alegría cómo su hijo vuelve a convivir con la gente buena de su pueblo. En Villa Juárez la nobleza tiene cara de reencuentro.

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