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Martha borda lindas servilletas que ella misma vende en los tianguis de Los Laureles Pinos y 5 de Febrero de Culiacán

Valdez Beltrán, desde hace 13 años decidió emprender un negocio de ventas de artículos como: servilletas, hilazas y golosinas que ofrece en el comercio rodante que se instala al sur de la capital sinaloense

27 septiembre, 2022
Martha borda lindas servilletas que ella misma vende en los tianguis de Los Laureles Pinos y 5 de Febrero de Culiacán
Martha Lilia disfruta acudir a vender sus servilletas, hilazas y dulces. Foto: Juan Madrigal
Martha Lilia disfruta acudir a vender sus servilletas, hilazas y dulces. Foto: Juan Madrigal

Culiacán, Sinaloa. Desde niña una de las grandes pasiones de la señora Martha Lilia Valdez Beltrán son las ventas. Por eso desde hace 13 años decidió emprender un negocio de ventas de artículos como: servilletas, hilazas y golosinas. Sus días de venta son los jueves en Tianguis Laureles Pinos y los domingos en la 5 de Febrero.

“Empecé con poco, traía las cosas en una carrucha, pero gracias a Dios, poco a poco crece el negocio y ahora transporto el producto en un triciclo, que además me sirve para exponer lo que vendo”, expresa con un semblante carismático. A sus 65 años de edad, dar un buen gesto es su aliado en su lucha de día a día para salir adelante.

Valdez Beltrán comenta que la situación a veces se torna dura, pues no hay circulante. Ella cree que seguirá dedicándose a este negocio por mucho tiempo, ya que no hay tantas oportunidades para escoger. Agradece a Dios en tener su pequeño negocio que le ayuda a salir adelante y no esperar que le caiga dinero del cielo al quedarse sentada en su casa.

“Me gusta mucho el trabajo, porque me distraigo y me agrada tener trato con la gente, quienes amablemente compran mis productos”, argumenta.

Martha Lilia es una persona muy conocida y estimada en los tianguis que se instalan al sur de Culiacán; sus servilletas bordadas con sus manos son de las preferidas de sus clientes, dice que sus prendas tejidas viajan a todo el país y a veces las adquieren para enviarlas a Estados Unidos. Es un oficio que aprendió con solo ver a su mamá bordar y ahora ella heredó a sus hijas. Ese es su pasatiempo en los días que no acude a trabajar a los tianguis.

“Bordar servilletas, parece que es una cosa del pasado, pero son una joya, porque una parte importante de su valor es que están hechas a mano”, comenta con voz de orgullo Martha Lilia.

Las ventas que un día inició con gran necesidad y temores naturales hoy son su modo de vida. Los tianguis traen economía y alegría.

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