A lo largo de los años este espacio ha sido un refugio en el centro de la ciudad donde el tiempo parece detenerse para que las personas puedan reencontrase y descansar bajo la sombra de los árboles en medio del ajetreo del primer cuadro del puerto
Por: Eunice Arredondo
La Plazuela República, es la principal plaza pública de Mazatlán, situada en el corazón del Centro Histórico y rodeada por edificios de gran relevancia social, cultural y religiosa como el Palacio Municipal y la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción.
Antes de ser la plazuela que conocemos, este espacio fue propiedad privada. Perteneció a Don Juan de Cima hasta la época del Ayuntamiento Imperial de Mazatlán (1864-1866).
Durante muchos años este espacio albergó al Mercado Municipal, en el año 1900 el centro de abastos se mudó al inmueble de hierro del Mercado Pino Suárez, fue entonces que el lugar se pudo transformar en una plaza pública para la ciudad.
La Plazuela República fue construida alrededor de 1870, uno de sus elementos más distintivos es su quiosco central, fue donado por la Casa Melchers, una familia alemana muy influyente en el desarrollo del puerto, construido alrededor de 1896 y colocado en 1909.
Al pie del quisco se conservan dos placas, una que recuerda su construcción en conmemoración del 50 aniversario de la Casa Melchers y otra que señala la reconstrucción del espacio entre 1945 y 1947, periodo en el que se le nombró como “Plaza Revolución”.
La plazuela en la vida social de Mazatlán
Esta plaza pública es escenario del encuentro diario de mazatlecos y turistas, pero también de eventos importantes como verbenas populares durante las fiestas patrias, cómputos carnavaleros y manifestaciones ciudadanas.
La plazuela también alberga movimiento comercial y es un espacio de trabajo para boleros que a diario atienden a quienes circulan por el centro y trabajan en los alrededores.
Hoy en día la Plazuela República es un lugar emblemático donde la gente puede descansar en una banca bajo la sombra de los árboles, un refugio en medio del ajetreo de la ciudad.
Es un sitio que se resiste a ser solo una postal histórica, es el “corazón compartido” de los mazatlecos y un punto de referencia para los turistas, donde los encuentros de cada día tejen comunidad.