Quejarse puede dar la sensación de actuar sin cambiar nada. El emprendedor Oso Trava plantea que el crecimiento personal y profesional comienza al asumir responsabilidad y decidir entre transformar una situación o aceptarla.
Por: VA
Mi cruzada infinita
Oso Trava
O lo cambias. O te callas. No hay tercera opción. Eso es algo en lo que creo profundamente y me ha costado decírselo a gente que quiero.
La queja tiene una función psicológica muy poderosa: te da la ilusión de que estás haciendo algo sin tener que hacer nada. Te da identidad sin esfuerzo. Te da razones para no moverte. Y, encima, es socialmente aceptada. Nadie te juzga por quejarte. Al contrario, a veces hasta te aplauden.
Pero cada queja es una decisión. No te pasan cosas. Eliges cómo responder a lo que te pasa.
El mercado está difícil… pivotea. Tu equipo no da resultados… lidera diferente. El gobierno te complica la vida… construye alrededor. Siempre hay dos caminos. Siempre.
Yo tengo una regla que me ha costado aplicar: si puedo cambiarlo, lo cambio. Si no puedo, lo acepto. Pero no me permito quejarme de lo que no estoy dispuesto a transformar.
Porque, a veces, la queja más honesta sería: “No quiero pagar el precio que requiere cambiar esto”. Y eso está bien. Pero entonces asúmelo. Y sigue.
El mundo es como es porque nosotros lo decidimos, por acción o por omisión.
¿De qué llevas meses quejándote que todavía no has decidido cambiar de verdad? No tienes que resolverlo hoy. Solo sé honesto contigo sobre si lo vas a cambiar o si simplemente lo vas a aceptar.
Cualquiera de las dos está bien. Ninguna de las dos incluye seguir quejándote.
Si quieres actuar para crecer tu negocio… únete a los que no nos quejamos.