A los 20 años apostó por lo que sabía hacer: hoy Ever Rangel da trabajo a toda su familia en las “Carnitas El Chavo” en Culiacancito

Con el dinero de dos semanas de sueldo ahorrado, que fue alrededor de 2,800 pesos en el año 2000 Ever compró la carne que vendería en su casa; hoy “Carnitas El Chavo” es referencia en la sindicatura de Culiacancito

Por: Erick Valenzuela

Sobre la carretera principal de Culiacancito, entre el ir y venir de quienes se dirigen a El Tamarindo o la ciudad de Culiacán, hay un negocio que desde muy temprano huele a carnitas recién doradas.

Ahi, Ever Rangel Espinoza Sauceda, de 26 años, construyó algo que empezó como una apuesta y hoy es parte de la identidad del lugar: “Carnitas El Chavo”.

Los inicios de lo que hoy es una realidad

Su historia es la de un joven que a los 14 años ya trabajaba, que aprendió el oficio sirviendo a otros, y que, tras pasar por el campo, "muy pesado", recuerda, entendió que ya sabía hacer algo con sus propias manos.

Dije: bueno, ¿qué estoy haciendo aquí? Sabiendo hacer lo que sé hacer, pues", cuenta Ever, y en esa frase cabe el momento exacto en que decidió cambiar el rumbo de su vida.

Con el dinero que había ganado en dos semanas de trabajo en el campo, compró carne. No fue una inversión calculada: fue un acto de fe.

Era el 9 de mayo de 2020, un sábado, y Ever llevaba dos semanas anunciando entre sus conocidos que ese día vendería carnitas en su casa. La gente ya lo ubicaba, porque antes había trabajado en un negocio del ramo muy popular en la zona.

El trabajo de años está rindiendo frutos

El primer día que vendí sí fue algo normal. Ni modo, si se vende, que bueno, y si no, pues está bien, vamos a intentarlo", relata.

Aquel primer sábado la respuesta fue buena. Pero fue al día siguiente, un domingo que además era Día de las Madres, cuando Ever entendió que algo importante estaba naciendo: la gente ya lo esperaba, y lo que normalmente le tomaba dos horas preparar esa vez se terminó en media hora.

Empezó solo, pero la demanda lo rebasó casi de inmediato y tuvo que pedir ayuda a sus tías y vecinas, quienes habían sido sus compañeras en el trabajo anterior y ya sabían hacer la salsa y conocían todo el proceso.

Ellas se quedaron con él desde entonces, y poco a poco aquel primer fin de semana se transformó en jueves, viernes, sábado y domingo, hasta llegar al esquema actual: de miércoles a domingo.

Constancia, dedicación y amor por lo que uno hace

Que abriera, que ahí en la empresa... que tenemos hambre", recuerda que le decían, y esa exigencia terminó por convencerlo.

Hoy, seis años después de aquel primer sábado, “Carnitas El Chavo” lleva poco más de dos años en su ubicación actual, tras pasar antes por la cochera de su casa y otros dos locales rentados. 

El negocio ya no es solo de Ever: su papá, su mamá encargada de la limpieza de artículos de la cocina y también en la nómina semanal, y sus dos hermanos forman parte del equipo. Entre semana trabajan cinco personas; los fines de semana, entre repartidores, meseros y cocineros, llegan a ser hasta 13.

Tiempos de resiliencia 

El negocio también ha resistido momentos difíciles. Ever no oculta a Tus Buenas Noticias que hubo temporadas de inseguridad en las que el miedo se sentía en el ambiente, pero la necesidad, y el respaldo de una empresa cercana cuyos trabajadores son clientes frecuentes, lo mantuvieron firme.

Combina su emprendimiento con el estudio

Pero la historia de Ever tiene una segunda capa que sorprende: mientras atiende su negocio por las mañanas, por las tardes estudia derecho en Navolato, donde cursa el cuarto año y espera titularse pronto. 

Sueña con especializarse en casos familiares, aunque reconoce que todavía no sabe cómo compaginar el ejercicio de la abogacía con un negocio que, en sus palabras, "me ha dado para hacer muchas cosas".

¿Qué viene para Ever?

Su plan a futuro incluye una segunda sucursal y ya puso en marcha, en el mismo espacio de “Carnitas El Chavo”, una taquería nocturna de carne de res que aprovecha el local durante todo el día.

De vender carnitas en la cochera de su casa a sostener económicamente a toda su familia, la historia de Ever Rangel Espinoza Sauceda es, sobre todo, la de alguien que decidió apostar por lo que sabía hacer y no se detuvo.