El homenaje de Indra y su taquería a la perrita La Güera que se ganó el cariño de todos en “la Internacional”, en Limón de los Ramos

Desde hace cuatro años, Indra Corvera Ramos vende tacos en la carretera Internacional México 15, en el Limón de los Ramos y el nombre de su taquería es en honor a una perrita que toda la comunidad alimentaba.

Por: Erick Valenzuela

En la orilla de la carretera Internacional México 15, a la altura de El Limón de los Ramos, al norte de Culiacán, hay un emprendimiento que lleva el nombre de una perrita que se adelantó de este plano terrenal. 

Se llama “Taquería La Güera”, y detrás del comal está su propietaria, Indra Corvera Ramos, quien tiene como rutina de todos los días levantarse a las 3:30 de la mañana para iniciar con la producción de su negocio.

La mascota llamada “Güera” y su legado

La Güera era una perrita noble que vivía en la cuneta de la carretera, y los puestos de la zona la alimentaban por turnos.

Aquí le dábamos comida. Todos los de los puestos le dábamos comida a la güera y así se le quedó", cuenta Indra a Tus Buenas Noticias.

Murió en diciembre, ya grande, de un infarto. El nombre del negocio quedó como homenaje a esa costumbre compartida de cuidar a quien nadie más cuida.

Historia de superación

Indra no siempre ha vivido del comal. Vendió naranjas y trabajó en un restaurante, pero se mantuvo al margen del trabajo formal hasta que falleció su esposo.

Ella todo quiere ser ahorita", cuenta Indra entre risas, y agrega: "Ojalá."

La taquería era de un amigo que se la traspasó, y como ya había aprendido el oficio con el hermano de una comadre, se quedó al frente. "Siempre me ha gustado a mí la comida", explica.

Hoy, cuatro años después, su taquería tiene clientela que cruza fronteras: gente de Guasave, Guamúchil y Badiraguato, y familias de Estados Unidos que regresan cada vacación, o que visitan en el Día de las Madres a quienes ya no están.

Este año algunos no vinieron, por temas de seguridad. Aun así, Indra sigue ahí, preparando cada taco y cada torta con sus propias manos.

Dos motores que la impulsan a seguir adelante

Detrás del esfuerzo hay dos razones: sus hijos. El mayor sueña con estudiar ingeniería mecánica; la menor, todavía en la primaria, ya tiene planes de sobra.

Quiere ser veterinaria "para atender a los animalitos de la calle", quiere poner un restaurante, y también quiere ser enfermera.


Por ahora, Indra descansa los domingos, exclusivamente para sus hijos.

Entre semana la rutina no cambia: picar verduras a oscuras, tortillas calientitas de las tortillerías que abren temprano, y un negocio que sigue de pie con el nombre de una perrita que ya no está, pero que sigue recordando la generosidad de esa esquina de la carretera.