El vendedor que recorre Barrancos desde hace 14 años bautizó así a sus populares donas. Detrás del nombre hay una historia de familia, esfuerzo y una receta heredada
Cuando el aroma a dona recién hecha comienza a sentirse a la puerta de Coppel Barrancos, hay quienes ya saben que Juan Pedro Quiñones Chávez llegó a su lugar de siempre.
Muchos se acercan sin preguntar el precio. Otros simplemente levantan la mano para saludarlo.
Después de 14 años recorriendo distintos puntos de Culiacán, especialmente el sector Barrancos, ya no necesita presentarse. Sus clientes lo reconocen por el sabor de unas donas que se han ganado un lugar en la rutina de muchas familias.
La historia detrás de las donas light de Juan Pedro Quiñones
Pero detrás de cada pieza hay una historia que comenzó de una forma inesperada.
Hace varios años, don Joel García, su suegro, llegó desde Tepic para visitar a la familia. Ya se encontraba enfermo, pero durante tres días compartió con Juan Pedro algo que cambiaría su vida: la receta y la forma de preparar las donas que él conocía desde hacía años.
Aquella enseñanza fue breve, pero suficiente. Poco tiempo después, don Joel falleció. "Nomás vino y me enseñó el camino", recuerda Juan Pedro con gratitud.
Desde entonces, cada dona que prepara también lleva un poco del legado de aquel hombre que, sin imaginarlo, dejó en sus manos mucho más que una receta.
Con la ayuda de su esposa comenzaron el negocio y poco a poco fueron construyendo una clientela fiel. Ella atiende otro punto de venta debajo del puente Obregón en el Parque 87, mientras él recibe a quienes llegan diariamente a Barrancos.
Entre los dos elaboran las donas desde temprano; la jornada comienza alrededor de las siete de la mañana para que por la tarde todo esté listo.
Un legado familiar que endulza la vida de Barrancos
Cada día preparan entre 60 y 70 donas, que venden a $15 pesos, un precio accesible para que más personas puedan disfrutarlas.
En su pregón, Juan anima a sus clientes a comprar, pues son "donas light", asegura que sus donas no engordan, el que engorda es el que se las come si es en exceso.
Antes de dedicarse a este oficio, Juan Pedro trabajaba como vigilante. Sin embargo, decidió apostar por el negocio familiar, una decisión que le permitió ganar independencia y sacar adelante a su esposa y a sus cuatro hijos. "De aquí ha salido para los estudios, para todo", dice con orgullo.
Aunque reconoce que hay días buenos y otros más complicados, nunca ha pensado en abandonar este trabajo. Al contrario, agradece que las personas sigan buscándolo y que muchos clientes regresen una y otra vez por el sabor que ya conocen.
Para Juan Pedro, el secreto no está solamente en la receta heredada por su suegro, sino en el cariño con el que él y su esposa preparan cada dona.
El esfuerzo de una familia que ha construido un negocio exitoso
Porque algunas herencias no se reciben en una escritura ni se guardan en una caja fuerte. A veces llegan en una receta compartida durante tres días, en unas manos dispuestas a aprender y en el deseo de sacar adelante a la familia.
Catorce años después, Juan Pedro sigue honrando aquella enseñanza, convencido de que el mejor agradecimiento para don Joel es ver que el legado que dejó continúa endulzando la vida de cientos de familias de Barrancos.