Con vacunas, pasos firmes y una vocación incansable, Martina Alarcón Ramírez dedicó más de cinco décadas a la salud pública de Sinaloa, dejando un legado de servicio, empatía y compromiso en favor de miles de familias
Por: Francisco Castro
Culiacán, Sinaloa.- Hay personas que dejan huella no sólo por los años que trabajan, sino por las vidas que transforman. Martina Alarcón Ramírez es una de ellas. Durante más de cinco décadas dedicadas a la enfermería pública, convirtió su vocación en una misión: acercar la salud a quienes más la necesitaban.
Su historia forma parte de la memoria del Centro de Salud Urbano de Culiacán y de la evolución sanitaria de Sinaloa. Y hace unos días fue reconocida por su trayectoria en el auditorio del nuevo Hospital General de Culiacán IMSS-Bienestar "Dr. Bernardo J. Gastélum".
Nacida en Mexicali, Baja California, pero hija de padres sinaloenses, Martina encontró en Sinaloa el lugar donde construiría su legado.
Ingresó al sector salud el 16 de enero de 1970 como auxiliar de nutrición en el Centro de Salud de Guasave. Ahí descubrió que cuidar a otros era más que un trabajo: era una forma de vida.
Caminatas que llevaron esperanza
Sus primeros años estuvieron marcados por recorridos en El Fuerte y Choix, donde la atención médica muchas veces dependía de brigadas que enfrentaban largas distancias y caminos difíciles.
Martina caminó por brechas, cruzó ríos y llegó a comunidades alejadas para llevar vacunas, prevención y orientación a familias que esperaban la llegada del personal de salud.
En 1973 llegó al Centro de Salud Urbano de Culiacán y posteriormente obtuvo su título de enfermera general.
Desde entonces participó en algunas de las principales batallas sanitarias del estado, como los brotes de sarampión, tosferina, influenza y la pandemia de COVID-19. Pero una de las campañas que marcó su vida fue la lucha contra la poliomielitis.
Entre 1975 y 1990 formó parte de los equipos de vacunación que recorrieron Sinaloa para frenar una enfermedad que dejaba secuelas permanentes en niñas y niños. Subió montañas, atravesó ríos y llegó a lugares donde los vehículos no podían avanzar.
Una vida dedicada a transformar la salud pública
En 1982 concluyó la especialidad en Enfermería en Salud Pública en el Instituto Nacional de Salud Pública. A lo largo de su carrera ocupó distintos cargos, desde auxiliar hasta supervisora y jefa, pero nunca perdió la cercanía con los pacientes.
Su liderazgo también impulsó mejoras en el Centro de Salud Urbano de Culiacán, que participó en programas nacionales de calidad y obtuvo en 2008 el Premio Nacional de Calidad.
Años después enfrentó otro desafío: lograr que la institución donde había entregado gran parte de su vida tuviera instalaciones dignas. En 2018 gestionó personalmente la renovación del antiguo edificio, convencida de que la población merecía un espacio acorde con sus necesidades. El nuevo Centro de Salud Urbano de Culiacán abrió sus puertas en 2023.
El reconocimiento recibido por sus 55 años de servicio representa una cifra, pero su historia representa mucho más: miles de vacunas aplicadas, comunidades atendidas y generaciones inspiradas por su ejemplo.