Lo que comenzó como una invitación y una aventura con el apoyo de su esposo, ahora es una academia que, acompaña a cientos de personas en su camino hacia su bienestar físico y emocional desde Valle Alto
Por: Victoria Herrera
Culiacán, Sinaloa.- Hace más de 20 años, Isis de Cuén jamás imaginó que el baile se convertiría en el centro de su vida. De hecho, era de las personas que preferían permanecer sentadas en las fiestas y evitar la pista.
Sin embargo, una invitación insistente de una vecina la llevó a probar una clase de zumba y, aunque aquella primera experiencia estuvo llena de pasos equivocados, descubrió algo que no esperaba.
Me sentí libre, me sentí alegre, como que toda la carga que traía se me salió”, recuerda.
Esa sensación fue suficiente para que siguiera asistiendo a clases. Con el tiempo, junto a una comadre decidió abrir un pequeño espacio para bailar.
Gracias a que contaba con el apoyo de su esposo Sigifredo Cuén, se aventuró a emprender y entre su amiga y ella contrataron a un instructor y rentaron un local, pero apenas tres meses después él decidió retirarse. Lo que parecía el fin del proyecto se convirtió en el inicio de una nueva etapa.
Ya tenía el negocio y dije: ‘¿Cómo voy a cerrar?’ Entonces me aventé a dar las clases yo”, cuenta.
Sin experiencia como instructora, comenzó a capacitarse, tomar cursos y aprender sobre la marcha, hasta el punto de convertirse en una representante oficial de la marca.
Muchos no lo saben, pero para poder hacer uso de la marca necesitas capacitarte y tener la certificación, yo tengo la certificación y pago por el uso de la marca, la cual viene con cursos y mucho material que se puede usar en clases”, mencionó Isis.
Pero más allá de las coreografías, pronto descubrió que lo que realmente le apasionaba era convivir con las personas y ver el impacto positivo que las clases tenían en sus vidas.
Un espacio para sentirse bien
Con los años entendió que la mayoría de quienes llegan a sus clases no buscan únicamente bajar de peso o mejorar su condición física:
Al principio pensaba que la gente venía a hacer ejercicio, pero después entendí que muchos vienen porque necesitan sentirse bien emocionalmente”, explica.
Por eso, cada sesión se ha convertido en un espacio donde las preocupaciones quedan por un momento fuera del salón. Ahí se baila, se ríe, se convive y se libera el estrés acumulado durante la semana.
Actualmente su comunidad está integrada por más de 100 alumnas adultas y alrededor de 60 niñas y niños. Algunas de las personas que comenzaron con ella hace más de una década continúan asistiendo y han construido amistades que van mucho más allá de las clases.
Ya somos amigas, comadres, prácticamente una familia”, comenta.
Además de los grupos para adultos, también imparte clases infantiles, una actividad que inicialmente no estaba en sus planes. Aunque pensaba que no tenía paciencia para trabajar con niños, terminó descubriendo una faceta que hoy disfruta enormemente.
Los niños te enseñan muchísimo y te llenan de energía”, asegura.
Esa motivación fue lo que la llevó a crear un curso de verano en Isis De Cuén Dance Academy, donde niñas y niños pueden desarrollar su creatividad, mantenerse activos y disfrutar sus vacaciones a través de danza urbana, baby dance, actividades creativas, juegos y dinámicas recreativas, en un ambiente pensado para aprender mientras se divierten.
El curso de verano se realiza de lunes a viernes, de 9:30 de la mañana a 1:30 de la tarde. Las familias pueden elegir entre dos modalidades de inscripción: 700 pesos por semana o 200 pesos por día, lo que brinda flexibilidad para adaptarse a sus necesidades.
Un legado que sigue creciendo
Antes de dedicarse al baile, Isis trabajó durante diez años como arquitecta. Era una profesión que disfrutaba, pero las exigencias laborales le impedían compartir tiempo con sus hijos.
Conforme ellos crecían, comenzó a cuestionarse si realmente estaba viviendo la vida que quería.
Finalmente decidió renunciar y priorizar a su familia. Lo que parecía una pausa profesional terminó convirtiéndose en el inicio de una nueva etapa llena de satisfacciones.
Hoy, uno de sus mayores orgullos es ver cómo su trabajo ha inspirado a otras personas.
Varias de las niñas que crecieron tomando clases con ella han decidido estudiar danza o prepararse como instructoras. Incluso algunos de sus alumnos adultos han seguido el mismo camino.
Me dicen que me veían y que querían hacer lo mismo. Eso se siente muy bonito”, comparte.
Para Isis el apoyo y el equipo que ha hecho con su esposo ha sido fundamental y lo reconoce ampliamente, al decir que incluso la acompaña en ocasiones a las clases.
E incluso, su propia hija, es uno de esos ejemplos. Durante años acompañó a su mamá a las clases sin mucho entusiasmo, pero con el tiempo desarrolló su propia pasión por el baile. Ahora participa activamente en la academia y se prepara para desarrollar proyectos propios relacionados con la danza urbana y las coreografías.
Para Isis, ese es quizá el reflejo más claro de todo lo que ha construido, pues lo que comenzó como una invitación casual terminó convirtiéndose en un proyecto que ha permanecido durante 16 años, formando amistades, fortaleciendo familias e impulsando a nuevas generaciones.
Por eso, cuando alguien le pregunta cuál es la clave para emprender, responde sin rodeos:
Que no le tengan miedo a las oportunidades. Si algo te llama la atención, inténtalo. Si funciona, qué bueno; y si no, aprendes y sigues adelante. Pero hay que aventarse”.
Hoy, cuando mira las generaciones de alumnas y alumnos que han pasado por sus clases, las amistades que han surgido dentro de la academia y el interés de su propia hija por continuar este camino, entiende que el verdadero éxito de su proyecto va mucho más allá del baile.
Se trata de haber creado un espacio donde las personas encuentran confianza, compañía y bienestar.
Y quizá ahí está la mayor satisfacción de Isis: saber que aquella mujer que un día no quería levantarse a bailar terminó construyendo una comunidad donde el movimiento, la amistad y la alegría siguen ayudando a transformar vidas todos los días.
Clases y cursos que ofrece Isis
Zumba adultos: lunes a viernes, 8:00–9:00 a.m. y 7:00–8:00 p.m.; sábados, 8:00–9:00 a.m.
Danza infantil: lunes a jueves, 5:00–6:00 p.m. y 6:00–7:00 p.m.
Curso de verano infantil: lunes a viernes, 9:30 a.m.–1:30 p.m. ($700/semana o $200/día).
Coreografías y entrenamiento en baile.